Lección 6. El enemigo interno(4T 2025Lecciones de Josué acerca de la fe)
Textos bíblicos:1 Pedro 1:4, Josué 7, Salmos 139:1–16, Esdras 10:11, Lucas 12:15, Josué 8:1–29, Jeremías 17:10.
Citas
- Una nación puede sobrevivir a sus necios, e incluso a los ambiciosos. Pero no puede sobrevivir a la traición desde dentro. Un enemigo en las puertas es menos temible, porque es conocido y lleva su estandarte abiertamente. Pero el traidor se mueve libremente entre los que están dentro de la puerta, susurrando sigilosamente por todos los callejones, escuchado en los mismos salones del gobierno. — Marco Tulio Cicerón
- Cuando no hay enemigo interior, los enemigos exteriores no pueden hacerte daño. — Winston Churchill
- Guárdate de ningún hombre más que de ti mismo; llevamos a nuestros peores enemigos dentro de nosotros. — Charles Spurgeon
- Es fácil aplastar a un enemigo exterior, pero imposible derrotar a un enemigo interior. — Eiji Yoshikawa
- Nuestra estrategia es destruir al enemigo desde dentro, conquistarlo a través de sí mismo. — Adolf Hitler
Para debatir
¿Por qué fueron tratados con tanta severidad Acán y su familia? ¿Cómo entendemos la hostilidad de Dios hacia lo que él hizo? ¿De qué maneras cometemos pecados similares? ¿Damos por sentida la ayuda de Dios y pensamos que tiene que estar de acuerdo con todo lo que hacemos? ¿Cuáles son las formas de enfrentar a esos “enemigos internos”? ¿Cómo ilustra esta historia los asuntos de la gran controversia?
Resumen bíblico
Nuestra herencia es eterna (ver 1 Pedro 1:4). Josué 7 cuenta la historia de la codicia de Acán que lo llevó a la desobediencia. David reconoce que Dios lo conoce por completo (Salmo 139:1–16). A los israelitas en tiempos de Esdras se les ordena cortar sus vínculos con los pueblos de la región y con sus esposas extranjeras (ver Esdras 10:11). Nuestras posesiones no resumen quiénes somos (ver Lucas 12:15). Josué 8:1–29 detalla la destrucción de Hai. “Yo, el Señor, escudriño la mente y pongo a prueba el corazón, para dar a cada uno según su conducta y según el fruto de sus obras.” (Jeremías 17:10).
Comentario
Con tanta frecuencia nos preocupamos por las amenazas externas que no nos damos cuenta de que muchas veces los ataques más dañinos provienen de dentro. Por ejemplo, podemos decidir prepararnos contra los peligros de las bestias de Apocalipsis 13, pero descuidar los problemas de nuestro propio corazón pecaminoso: orgullo, avaricia, lujuria, y más.
¿Cuál fue el problema de Acán? ¿Materialismo? ¿Egoísmo? ¿Codicia? ¿O algo más profundo: ¿un rechazo de Dios, una indiferencia fría hacia sus mandatos? ¿Y cómo influyó en su familia? Sabemos poco de él aparte de lo que hizo en Jericó y sus resultados. Pero claramente no se sintió obligado a obedecer lo que Dios y Josué habían ordenado, y tomó para sí botín costoso. Sus acciones probablemente eran conocidas por su familia. Es evidente que deseaba cosas para sí mismo, posesiones que codiciaba.
En su confesión declara: “Los codicié y los tomé.” (Josué 7:21). Vemos en él una pasión por el materialismo, un deseo de saciar su necesidad de posesiones terrenales a pesar de saber lo que Dios había ordenado. Quizá había adoptado como lema “vive el momento.” “Comamos y bebamos, que mañana moriremos.” Tal vez pensó que nunca lo descubrirían. Tal vez creyó que podía actuar contra Dios sin sufrir consecuencias.
Esta actitud ciertamente ponía en entredicho la reputación de Dios, y más adelante en la historia de Israel, la falta de respeto hacia Dios y su ley condujo al exilio. Esto nos lleva a preguntas fundamentales sobre el sentido y propósito de la vida. ¿Hay acaso respuestas? ¿Quién puede decirlo con certeza? Para muchos, tras probar lo que el mundo ofrece y descubrir la insatisfacción de sus promesas sobre lo que es la vida, la conclusión es que en realidad no hay nada por lo cual vivir. Como Thomas Hardy, que “sin ninguna duda, espera sin esperanza.” ¿Esperar sin esperanza a que caiga el martillo? ¿A que la muerte nos libere de nuestro estado torturado? ¿Al fin último de la inutilidad de la vida? ¿Eso es todo? Aún hoy seguimos con las mismas preguntas.
¿O hay algo, alguien, que lo hace todo valioso? ¿Existe esperanza? ¿Hay un motivo para vivir? Podemos pensar que lo hallamos en el hogar y la familia, en la carrera y la ambición, en el amor y la amistad. Pero en última instancia, incluso estas cosas fallan. Porque al final, solo queda Dios. Solo Él. Como escribe C. S. Lewis: “Si encuentro en mí un deseo que ninguna experiencia de este mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que fui creado para otro mundo.” No fuimos hechos para este mundo en el que nos encontramos, el mundo que hemos creado. No fuimos destinados a vivir de la manera en que vivimos, con nuestras luchas egoístas, tomando, matando. No fuimos creados para hallar sentido en lo que es vacío, en lo muerto que está separado de Dios. Solo con Dios el mundo tiene sentido—que no es como debía ser, y que necesitamos ser salvados de nosotros mismos. Solo con Dios podemos encontrar respuestas, razones, propósitos.
Solo con Dios cesa el ruido inútil, se silencian las bocinas, se sana la locura de la vida. Solo con Dios descubrimos quiénes somos realmente, y lo que podemos llegar a ser. Ese camino fue el que Acán eligió no tomar. Aunque admitió lo que había hecho, nunca expresó remordimiento. Nunca mostró pesar ni pidió perdón. Fue a la muerte junto con su familia, y su memorial quedó en un montón de piedras sobre sus cuerpos.
Comentarios de Elena de White
Acán cometió su pecado en desafío de las advertencias más directas y solemnes y de las manifestaciones más poderosas de la omnipotencia de Dios. {PP p. 470} ¿Habéis pensado por qué fueron sometidos al castigo de Dios todos los que estaban relacionados con Acán? Fue porque no habían sido preparados y educados de acuerdo con las direcciones dadas en la gran norma de la ley de Dios. Los padres de Acán lo habían educado en tal forma, que se sentía libre para desobedecer la Palabra del Señor. Los principios inculcados en su vida lo indujeron a tratar a sus hijos en tal forma que ellos también se corrompieron. La mente actúa sobre otra mente y recibe su influencia, y el castigo que incluyó a los familiares de Acán revela el hecho de que todos estaban implicados en la transgresión. —Manuscrito 67, 1894. {Conducción del Niño, p. 218} El Señor nos envía luz para probar qué clase de espíritu tenemos. No debemos engañarnos a
nosotros mismos. {El otro Poder, p. 43} A fin de manifestar el carácter de Dios, a fin de que no nos engañemos a nosotros mismos, a la iglesia ni al mundo con un cristianismo falsificado, debemos llegar a relacionarnos personalmente con Dios.
Si tenemos comunión con Dios, seremos sus ministros, aunque nunca prediquemos ante una congregación. Colaboramos con Dios al presentar la perfección de su carácter ante la humanidad. {6TPI,p 22} No nos engañemos más a nosotros mismos. Andemos en mansedumbre y humildad, corrigiendo diariamente nuestras faltas, y no volvamos jamás a separar nuestras almas de Dios por suposiciones
egoístas y orgullo. No alberguemos un sentimiento de elevada supremacía, para que no nos consideremos mejores de lo que somos ni superiores a los que nos rodean. {RH, 2 de enero de 1894, párr. 2} El enemigo procurará entremeterse aun en medio de vuestros ejercicios religiosos. Toda avenida necesita ser fielmente guardada para que el egoísmo y el orgullo no se entreveren en vuestra obra. Si en
verdad el yo ha sido crucificado, con sus afectos y concupiscencias, el fruto aparecerá en la forma de buenas obras para la gloria de Dios. Os ruego, en el temor de Dios, que no permitáis que vuestras obras se degeneren. Sed cristianos constantes y simétricos. Cuando los afectos del corazón han sido entregados a Cristo, las cosas viejas pasaron, y todas las cosas son hechas nuevas. {5TPI, 611}
Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2025
Traducción: Shelly Barrios De Ávila




