EL SÁBADO ENSEÑARÉ…
RESEÑA
Texto clave: 1 Corintios 10:31.
Enfoque del estudio: 1 Corintios 10.
Introducción
Imagina un grupo de excursionistas que deciden recorrer una exigente ruta de montaña. El sendero es conocido por sus impresionantes paisajes, pero también por sus peligrosos acantilados. Al inicio del recorrido, ven una señal de advertencia:
«PRECAUCIÓN: Acantilados peligrosos más adelante. ¡Muchos han caído! Permanezcan en el camino indicado».
Algunos excursionistas toman la advertencia en serio, permanecen en el sendero marcado y evitan los acantilados. Otros deciden no prestar atención al aviso porque quieren sentir la emoción de estar al borde del precipicio y tomarse allí la mejor fotografía. Un tercer grupo de excursionistas insiste en que tienen derecho a ir donde quieran sin ceñirse a los senderos señalados. «Es nuestra excursión. ¡Nadie puede decirnos qué hacer!». Pero sus decisiones no solo pueden afectarlos individualmente, porque si uno de ellos se cae o se pierde, pondrá en peligro a quienes lo sigan.
La vida cristiana es, sin duda, mucho más que una excursión. Sin embargo, las tres actitudes de aquellos excursionistas pueden reflejar nuestra experiencia de fe. Pablo analiza estas actitudes en 1 Corintios 10.
Temas de la lección
Al igual que la mayoría de los escritores bíblicos, Pablo consideraba la idolatría como un pecado muy grave que se oponía a la verdadera adoración a Dios. La adoración es fundamental en la vida cotidiana, pues cualquier alianza con la idolatría es una negación de la soberanía divina y abre las puertas a la perversión moral y espiritual. En este contexto, Pablo desarrolla varios temas:
1. La necesidad de aprender del pasado.
Pablo recuerda a los corintios los fracasos de Israel en el desierto: idolatría, inmoralidad sexual, murmuración y el atrevimiento de poner a prueba a Dios. Su caída sirve de advertencia a los creyentes para que no repitan los mismos errores.
2. El peligro de la idolatría.
Pablo insta a los creyentes a huir de la idolatría y a no participar en prácticas paganas, recordándoles que la adoración de ídolos es incompatible con la de Dios.
3. Libertad y responsabilidad cristianas (1 Cor. 10:23-30).
Pablo aborda el tema de cómo los creyentes deben usar su libertad con sabiduría, especialmente en lo relativo al consumo de alimentos sacrificados a los ídolos. El hecho de que algo esté permitido no implica que sea beneficioso para todos.
4. Vivir para la gloria de Dios (1 Cor. 10:31-33).
Pablo resume su mensaje instando a los creyentes a tomar cada decisión con la mira puesta en la gloria de Dios. Los exhorta también a actuar de una manera que refleje a Cristo y dirija la atención de las personas hacia él.
COMENTARIO
Trasfondo: Formas de culto en Corinto en el siglo I d. C.
A diferencia de lo que ocurre en muchas sociedades occidentales modernas, la devoción religiosa en aquella época no era un asunto privado y personal, sino que la política, el comercio y la vida social estaban entrelazados con el culto. Las prácticas religiosas en la Corinto del siglo I incluían sacrificios, banquetes, festivales, procesiones y, en algunos cultos, rituales sexuales. Corinto era un importante y rico centro comercial grecorromano que contaba con numerosos templos y cultos donde se adoraban a diversas deidades.
Aunque una ciudad solía tener una deidad preferida, los individuos podían elegir a cuál de ellas rendir culto, según los beneficios que desearan obtener. La mayoría de la gente adoraba a varios dioses. En todo el Imperio Romano se esperaba que los buenos ciudadanos también rindieran culto al emperador. Aunque existía cierto grado de libertad para elegir a un dios en particular, negarse a adorar al emperador podía acarrear consecuencias sociales y políticas, ya que dicho culto se consideraba una demostración de lealtad a Roma.
En la mayoría de los templos se ofrecían sacrificios de toros, cabras o aves a los dioses, seguidos a veces de banquetes comunitarios, durante los cuales los fieles consumían los animales sacrificados. También había grandes celebraciones públicas, como los juegos ístmicos dedicados al dios Poseidón, que incluían ritos religiosos, procesiones, banquetes y espectáculos. Ciertos encuentros cúlticos integraban, además, prácticas sexuales, especialmente los de las deidades de la fertilidad. Algunos eruditos creen que el culto en el templo de Afrodita incluía la prostitución ritual. Aunque la devoción religiosa era generalmente pública, algunos cultos, como el de Deméter y Perséfone, tenían ritos de iniciación y prácticas secretas. Esta exclusividad, que prometía una iluminación espiritual inaccesible para el común de la gente, era sin duda atractiva para cierta clase social. Mientras que los principales templos celebraban rituales públicos, muchas personas practicaban también el culto privado, como lo demuestran los santuarios con pequeñas estatuas y ofrendas de incienso que los arqueólogos han descubierto en viviendas particulares.
Definición de idolatría
En un mundo en el que los ídolos estaban por doquier y se los trataba con respeto y devoción como sustitutos de los dioses a los que representaban, la afirmación de Pablo en 1 Corintios 8:4 de que «un ídolo no es nada (no tiene verdadera existencia) en el mundo» (NBLA) y que «no hay más que un solo Dios» debió resultar sorprendente por su radicalidad. Pablo no creía que las figurillas u objetos (por ejemplo, los ídolos) tuvieran algún poder mágico. Sin embargo, reconocía que algunos creyentes, especialmente los conversos recientes del paganismo, podían considerar su conversión como un simple reemplazo de dioses o de su lealtad a ellos. Esta actitud se podía observar especialmente en la cuestión acerca de los alimentos previamente ofrecidos a los ídolos.
En 1 Corintios 10, Pablo explica esta nueva cosmovisión («no hay más que un solo Dios») además de advertir enérgicamente contra la idolatría. Utiliza la historia de Israel como ejemplo para enfatizar que la idolatría no consiste solo en adorar estatuas, sino que incluye toda forma de deslealtad para con Dios y el peligro espiritual de no mostrar amor y responsabilidad hacia los demás creyentes.
Pablo comienza recordando a sus lectores que los israelitas, aun cuando habían sido liberados milagrosamente por Dios de Egipto, cayeron en la idolatría y fueron objeto del juicio divino. En 1 Corintios 10:1-4, Pablo relata las bendiciones de Israel: contaban con la conducción divina en forma de nube, habían experimentado una liberación milagrosa cuando el mar se dividió, y cada día eran sostenidos física y espiritualmente por medio del maná y el agua de la roca (que Pablo identifica con Cristo). A pesar de estas bendiciones, muchos israelitas fracasaron. Desagradaron a Dios al caer en la idolatría, lo que dio lugar a la inmoralidad sexual (1 Cor. 10:5-10). Además, pusieron a prueba a Dios. Sus quejas desembocaron en una rebelión abierta que terminó en su destrucción. Pablo aplica estos eventos a los creyentes de Corinto (1 Cor. 10:11-13). La historia de Israel sirve como advertencia contra el peligro de la idolatría. El apóstol exhorta a la vigilancia, pero no al temor y la ansiedad, pues Dios puede darnos la victoria sobre todo lo que nos acosa.
Pablo expresa entonces una orden directa: «Huyan de la idolatría» (1 Cor. 10:14) y explica que, aunque los ídolos no tienen poder, existen ángeles malvados y un diablo a los que una persona está prometiendo lealtad indirectamente cuando adora ídolos (vers. 20). Esta realidad hace que la participación en celebraciones idolátricas sea espiritualmente peligrosa. Pablo advierte que los creyentes no pueden «beber la copa del Señor y la copa de los demonios» (vers. 21), destacando así la incompatibilidad existente entre la idolatría y el cristianismo.
En 1 Corintios 10:15-18, Pablo señala que, así como participar de la mesa del Señor simboliza la unidad con Cristo, comer alimentos sacrificados a los ídolos en un contexto cúltico crea una conexión espiritual impía. Si bien los ídolos en sí mismos no son nada, participar en actos de adoración, como los sacrificios a los ídolos, implica tener comunión con los demonios. La idolatría no consiste solo en adorar a dioses falsos, sino en participar de cualquier tipo de relación espiritual con los poderes de las tinieblas. Los creyentes están llamados a la devoción exclusiva a Dios (1 Cor. 10:21- 22) y no pueden beber la copa del Señor y la de los demonios. Haciéndose eco de Deuteronomio 32:21, Pablo advierte que Dios no acepta la lealtad dividida. Pablo consideraba que la idolatría no solo era falsa adoración, sino algo espiritualmente peligroso e incompatible con la fe en Cristo.
Cómo desarrollar «anticuerpos» contra la idolatría
Aunque Pablo exhorta a los creyentes a apartarse completamente de la idolatría, en 1 Corintios 10:23-33 explica que esa separación no debe dar lugar a la crítica no constructiva y a una actitud de «vigilancia» sobre la iglesia con el presunto fin de mantenerla pura. Los cristianos individuales tienen tanto libertad como responsabilidad, dos temas abordados por Pablo como parte de las preocupaciones prácticas acerca de la carne disponible en el mercado y que había sido tal vez ofrecida previamente a los ídolos en los templos. En 1 Corintios 10:23-24 se establece el principio de que el amor debería tener preeminencia sobre la libertad. La generosidad y la abnegación, en lugar de la insistencia en los propios derechos o en las ideas personales acerca del estilo de vida cristiano, deben convertirse en la norma. Incluso lo que no es malo ni está prohibido en la Biblia puede no ser beneficioso para otras personas. Los creyentes deben priorizar el bienestar espiritual de los demás antes que la libertad personal. En los siguientes versículos (1 Cor. 10:25-30), Pablo dice que es lícito consumir carne adquirida en el mercado a pesar de que provenga de un templo pagano, pero aconseja no hacerlo si alguien objeta el origen idolátrico de ella, para evitar así un tropiezo para los creyentes más débiles.
En última instancia, los creyentes deben aspirar a glorificar a Dios en todos los aspectos de su vida y alentar a su prójimo en lugar de desanimarlo. La misión de su vida debe ser la salvación de los demás, no la insistencia en sus propios puntos de vista y derechos (1 Cor. 10:31-33).
APLICACIÓN A LA VIDA
En el siglo I d. C., Corinto era una ciudad profundamente religiosa en la que confluían numerosos y diversos cultos griegos, romanos y orientales. Los primeros cristianos de Corinto tuvieron que lidiar con estas influencias sin dejar de ser fieles a Cristo, lo que llevó a Pablo a abordar los temas de la idolatría, la pureza moral y la libertad cristiana en sus cartas.
Basándose en esos temas, analicen como clase las siguientes preguntas:
1. Pablo recuerda a los corintios los errores del pasado de Israel. ¿Por qué lo hace? ¿Qué lecciones podemos aprender hoy de las experiencias del Israel de antaño?
2. Lean 1 Corintios 10:12: «Así, el que piensa estar firme, mire que no caiga». ¿Cómo podemos evitar el exceso de confianza en nuestro caminar cristiano?
3. Dios puede proporcionarnos una salida cuando somos tentados (1 Cor. 10:13). ¿Has experimentado alguna vez esa provisión? ¿Cómo te anima este versículo?
4. Pablo advierte contra la idolatría y esboza principios para identificarla y contrarrestarla. ¿Con qué formas modernas de idolatría luchan hoy los cristianos? ¿Cómo es posible aplicar a ellas el consejo de Pablo acerca de la idolatría?
5. Pablo dice: «“Todo es permitido”, pero no todo conviene» (1 Cor. 10:23). ¿Cómo podemos discernir entre lo beneficioso y lo que no lo es?
6. En 1 Corintios 10:31, Pablo nos exhorta a hacer todo para la gloria de Dios. ¿Cómo se aplica eso a la vida cotidiana?
7. Pablo hace hincapié en el deber cristiano de no hacer tropezar a los demás (1 Cor. 10:32-33). ¿Cómo podemos equilibrar nuestras libertades personales con nuestra responsabilidad para con los demás?




