Lección 6 Edición Maestros. 2do Trimestre – Guerreros de oración – Sábado 09 de Mayo 2026

EL SÁBADO ENSEÑARÉ…

RESEÑA

Texto clave: Salmos 116:1, 2.

Enfoque del estudio: Dan. 2:20-23; 6:10, 11.

Oramos porque sabemos que Dios nos escucha y responderá nuestras oraciones (Sal. 116:1, 2). Por lo tanto, nuestras plegarias son esencialmente una respuesta a Dios, quien tomó la iniciativa de conducirnos nuevamente a él. Cuán significativo es, pues, que la adoración sea descrita en el libro de Salmos —que contiene las oraciones del antiguo Israel— como una respuesta a Dios, el Creador, el Dador de la vida (Sal. 95:1-6; 100:1-3). Nuestra vida espiritual sobrevive por medio de la oración. Como dice Elena de White: “La oración es el aliento del alma” (La oración, p. 12).

Para comprender mejor el significado y la función de la oración, hemos elegido dos ejemplos registrados en el libro de Daniel, un documento en el que la oración desempeña un papel importante. Esos dos ejemplos de oración, particularmente representativos de la personalidad de Daniel, se encuentran en los capítulos 2 y 6. En el capítulo 2, Daniel y sus tres amigos suplican al Señor que les revele el significado del sueño profético del rey, que se refería al destino futuro del mundo (Dan. 2:20-23). La posterior oración de acción de gracias de Daniel a Dios por su misericordiosa respuesta se expresa en forma poética. En el capítulo 6, Daniel, quien ocupa el más alto cargo del reino de Persia después del rey, suplica y da gracias a Dios, a pesar de que hacerlo pone en peligro su vida (Dan. 6:10, 11). El contenido de esta oración no aparece en el libro de Daniel, pero el capítulo sitúa esta plegaria en el contexto de las luchas del profeta en la corte.

 

COMENTARIO

La oración apocalíptica (Dan. 2:20-23)

Esta humilde invocación de alabanza es la primera oración del libro y ocurre en respuesta a un acontecimiento externo. El rey babilónico tuvo un sueño que lo desveló. Peor aún, no podía recordar su contenido. Ninguno de sus magos fue capaz de responder a la petición del rey de revelarle su sueño e interpretarlo. Nabucodonosor se dio cuenta entonces de que eran meros charlatanes. En consecuencia, se enfureció y decidió matar a todos los sabios de Babilonia (Dan. 2:14), incluidos Daniel y sus tres amigos, quienes respondieron con oración a la trágica situación.

Aunque sus palabras de súplica no quedaron registradas, el texto bíblico dice que Daniel solicitó la ayuda de sus tres amigos para “implorar la misericordia del Dios del cielo” (Dan. 2:18). En respuesta a su oración, Dios le revela el sueño y su interpretación en una visión nocturna (Dan. 2:19). Daniel bendice luego al Dios del Cielo en una hermosa oración de acción de gracias. Estas oraciones de súplica y gratitud comparten una serie de características:

Singularidad. La específica y singular oración de Daniel y sus amigos respondió a un acontecimiento inesperado que implicaba una muerte segura. Esta primera oración registrada en el libro se refiere a un “misterio” que nadie podía resolver, un secreto cuya revelación salvaría la vida de Daniel y sus amigos (Dan. 2:18). Por lo tanto, ellos no oraron simplemente porque era su costumbre o porque la oración era parte de su cultura. Además, puesto que su plegaria era singular y específica para su situación y experiencia en particular, era una oración genuina y sincera.

Un encuentro. La oración de Daniel y sus amigos no fue una experiencia mística, un mero momento de meditación espiritual con la esperanza de producir relajación y paz. Daniel deseaba encontrarse con Alguien que estaba fuera de él, de su control o previsión, Alguien que era “el Dios del cielo” (Dan. 2:18).Este Dios es el Dios verdadero precisamente porque vela su presencia. Como reconoce Isaías: “En verdad, tú eres Dios que te encubres” (Isa. 45:15). Puesto que Dios oculta su rostro (a diferencia de los ídolos), Daniel no da por sentado que su petición será respondida automáticamente. Por lo tanto, él y sus amigos se acercan al Señor con humildad, buscando su misericordia. Su petición es una súplica, al igual que la oración de la viuda tenaz en la parábola de Jesús (Luc. 18:1-8). Su persistencia, así como la de Daniel y sus amigos, recuerda la oración de Jacob cuando luchó con Dios: “No te dejaré, si no me bendices” (Gén. 32:26).

Un movimiento ascendente y descendente. Aunque la oración humana eleva el alma a Dios, el proceso de la respuesta divina implica un movimiento descendente desde Dios hasta nosotros. Aquí radica la principal diferencia entre la oración de Daniel y sus amigos y la de los magos o caldeos, cuya religión incluía la práctica de la magia. Para estos, todo el proceso necesario para responder a la orden del rey tenía lugar en el plano inferior, en el ámbito de su existencia terrenal, y estaba centrado en sus habilidades técnicas y fórmulas mágicas. Para ellos, el acceso al reino divino era imposible porque los dioses “no viven entre nosotros” (Dan. 2:11, NVI).

Para Daniel, por otro lado, el Dios del Cielo desciende y revela los “misterios” del sueño que le fue dado a Nabucodonosor y mostrado a Daniel en visión (Dan. 2:28). Dios no responde a nuestras oraciones en virtud de nuestros méritos o por la calidad de nuestras plegarias. La respuesta de Dios no depende de nosotros, sino de él y de sus méritos. Esta idea de dependencia total de los méritos de Dios es el significado de los sacrificios levíticos, los cuales apuntaban al de Cristo. Por esta razón, Jesús, el cumplimiento de los sacrificios prefigurativos, indicó que oráramos al Padre en su nombre (Juan 16:23).

Gratitud. Puesto que Dios respondió a la súplica de Daniel, la gratitud es una parte importante de la oración del profeta (Dan. 2:20-23), quien bendice a Dios porque él le ha dado “poder y sabiduría”, los cuales pertenecen al Señor (Dan. 2:20). En vista de ello, Daniel reconoce su dependencia de Dios y, más importante aún, la misericordiosa gracia divina. Lo que recibimos de Dios es algo que él nos otorga gratuitamente, una gracia que no tiene relación alguna con nuestra propia sabiduría (Dan. 2:30).

Profecía. Aunque la respuesta de Dios a la oración de Daniel salvó su vida y la de los otros sabios, lo importante es la salvación futura del mundo y la del rey. Daniel bendijo a Dios por algo más importante aún que la preservación de su propia vida. Él dio gracias por la presencia de Dios en la historia y por su control sobre los acontecimientos mundiales. También agradeció a Dios por su poder para cambiar los tiempos, destituir reyes y establecer su reino eterno (Dan. 2:44). Del mismo modo, la oración de Cristo en el Sermón del Monte se centra en la misma esperanza: “Venga tu reino” (Mat. 6:10).

La oración de sabiduría (Dan. 6:10, 11)

En Daniel 6, la oración de Daniel no depende del impacto de los acontecimientos, sino que tiene lugar a pesar de ellos. Aunque sabía de la firma del decreto que prohibía pedir algo a cualquier deidad o ser humano excepto al rey, Daniel siguió orando (Dan. 6:10). Esa plegaria formaba parte del curso diario de su vida y mostraba una serie de características distintivas:

Privacidad. Daniel subió a su habitación para orar. Tal como aconsejó Jesús: “Cuando ores, entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en secreto” (Mat. 6:6, RVA). La plegaria de Daniel era privada y personal, una oración pronunciada “en secreto” (Mat. 6:6), que nadie excepto Dios podía escuchar. Si oramos con la intención de ser escuchados por los demás, pensando en lo que otros puedan opinar de nuestras palabras y en nuestra reputación, la oración se convierte en un ejercicio de relaciones públicas o en una exhibición de palabras y orgullo. Peor aún, se transforma en una ocasión para jactarse, no para encontrarse con el Señor. Una oración jactanciosa puede ser apreciada por los demás, pero nunca llega a Dios.

Un refugio. Daniel oró en un lugar que reservó para este momento espiritual en particular. La habitación superior estaba situada en la azotea, lejos del ajetreo y el ruido. La plegaria se asocia así con un lugar apartado de las preocupaciones cotidianas, donde las inquietudes y las distracciones de la existencia quedan fuera. Ese lugar es un refugio donde nuestra atención no puede desviarse, un lugar tranquilo alejado del caos mundanal.

Regularidad. Daniel mantuvo el hábito de orar tres veces al día, marcando así el ritmo de la jornada: por la mañana, cuando se despertaba y se preparaba para sus labores diarias; a mediodía, en medio de su trabajo; y al final del día, después de terminar sus actividades y antes de entregarse al descanso. De este modo, Daniel mantuvo su vida de oración por medio de la disciplina y el hábito. Este ejemplo nos enseña el valor de integrar la oración en el ritmo de la vida misma. La oración no debe depender de nuestro estado de ánimo o de nuestras emociones, sino que debe formar parte de nuestra agenda diaria, como las comidas, el trabajo u otras rutinas habituales.

Humildad. Aunque la Biblia describe varias posturas corporales para orar (de pie, con las manos extendidas, con la cabeza inclinada, etc.), la más favorecida es de rodillas, como expresión de humildad. Inclinarnos ante el Señor es un reconocimiento de nuestra finitud e indignidad, así como de nuestra reverencia y nuestro compromiso de servir a Dios.

Esperanza. La rutina de Daniel de orar tres veces al día coincidía con el horario de los sacrificios en el templo de Jerusalén (1 Crón. 23:30, 31). En Babilonia, Daniel se orientaba hacia el oeste, en dirección al Templo. Durante su oración inaugural por el templo de Jerusalén, Salomón aludió a la necesidad crucial de la oración durante el tiempo del exilio, cuando los israelitas no tendrían acceso al Templo (1 Rey. 8:47-49). La asociación entre la oración durante el exilio y el templo de Jerusalén era también una demostración de esperanza que expresaba el anhelo de los exiliados de regresar a la Jerusalén de esta Tierra, así como de habitar en la Nueva Jerusalén celestial.

 

APLICACIÓN A LA VIDA

Orientación para el maestro: Comparte con los miembros de tu clase las siguientes actividades personales para ayudarlos a enriquecer su vida de oración. Anima a los miembros a incorporar estas actitudes y hábitos en su vida de oración durante la próxima semana. Pídeles que vengan preparados para compartir su testimonio acerca de cómo estas actividades hicieron crecer su fe y los acercaron más a Jesús.

Actividades

1. Una oración singular. La oración habitual, como la de gratitud a Dios por los alimentos, corre el riesgo de convertirse en algo mecánico, al punto de que a veces olvidamos que hemos orado.

* Pronuncia una oración significativa antes de las comidas para pedir la bendición de Dios.

* Alternativamente, lee una oración de los Salmos en lugar de tu oración habitual antes de las comidas.

2. Una oración de gratitud. Cuando des gracias a Dios, evita las generalizaciones en tu oración y refiérete específicamente al motivo de tu gratitud.

* Cuando te despiertes, da gracias a Dios por estar vivo y porque te resucitó de la muerte espiritual.

* Dale gracias cada noche antes de acostarte por las cosas buenas que has recibido y experimentado.

3. Una oración de esperanza. Reflexiona acerca del saludo de los primeros cristianos: “Maranata”, que significa “¡Señor nuestro, ven!” (1 Cor. 16:22, DHH).

* Cuando ores, acostúmbrate a pensar en la segunda venida de Jesús. Pide al Señor que venga.

4. Un lugar especial.

* Designa una habitación o un lugar especial en tu hogar donde puedas orar.

* Prepara este lugar especial para que favorezca la tranquilidad y la meditación.

5. Tiempo para la humildad (lee Lam. 3:29).

* Acostúmbrate a orar de rodillas.

* Piensa en tu carencia de vida espiritual sin Dios. Pídele que te llene de su Espíritu y te dé una nueva vida.

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