Leccion 6 Edicion Adultos: “Confesión y arrepen timiento: condiciones para el reavivamiento”

Leccion 6 Edicion Adultos:

“Confesión y arrepen timiento: condiciones para el reavivamiento”

 

Sábado 3 de agosto

Lee Para el Estudio de esta Semana: Hechos 5:30-32; 2 Corintios 7:9-11; Levítico 5:5; 1 Juan 1:9; Hebreos 12:17; Salmo 32:1-8.

Para Memorizar: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia” (Prov. 28:13).

A TRAVÉS DE TODA LA ESCRITURA, el arrepentimiento y la confesión prepararon el camino para el reavivamiento espiritual. Dios siempre preparó a su pueblo para hacer una gran obra para él, al conducirlo a sentir tristeza por sus pecados. Cuando reconocemos nuestros pecados y los confesamos, estamos en camino para obtener la victoria sobre ellos.

“El Señor no retarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Ped. 3:9). El arrepentimiento y la confesión son dos prerrequisitos que necesitamos cumplir para recibir el poder del Espíritu.

En esta lección, repasaremos la importancia del verdadero arrepentimiento para recibir al Espíritu Santo, como se revela en Hechos. También contrastaremos el verdadero arrepentimiento con el falso. Además, descubriremos que el arrepentimiento es un don que el Espíritu Santo otorga para ayudarnos a reflejar el amor de Jesús a quienes nos rodean.

 

Domingo 4 de agosto:

“El arrepentimiento: un don de Dios”

Durante las semanas anteriores a Pentecostés, los discípulos buscaron fervientemente a Dios en oración. Hechos 1:14 dice que estaban “unánimes en oración y ruego”. Esta experiencia de estar “unánimes” revela una sólida unidad y armonía entre los seguidores de Cristo, que no habría sido posible sin arrepentimiento y confesión. La oración y la confesión los prepararon para lo que siguió.

Lee Hechos 5:30 al 32. ¿Qué puntos importantes podemos obtener de lo que Pedro dijo aquí?

Pedro presenta dos puntos críticos. Primero, el arrepentimiento es un don. Al abrir nuestros corazones a los impulsos del Espíritu Santo, Jesús nos da el don del arrepentimiento. Segundo, los discípulos mismos eran testigos en sus propias vidas de la realidad del arrepentimiento. No solo predicaban el arrepentimiento, sino también lo experimentaban.

“Mientras los discípulos esperaban el cumplimiento de la promesa, humillaron sus corazones con verdadero arrepentimiento y confesaron su incredulidad. Al recordar las palabras que Cristo les había hablado antes de su muerte, entendieron más plenamente su significado. […] Cuando meditaban en su vida pura y santa, sentían que no habría trabajo demasiado duro, ni sacrificio demasiado grande, con tal de que pudiesen atestiguar con su vida la belleza del carácter de Cristo” (HAp 29, 30).

El arrepentimiento y la confesión son temas comunes en todo el libro de Hechos (Hech. 17:30, 31; 26:19, 20). La “bondad de Dios” es la que nos guía al arrepentimiento; el poder convincente del Espíritu Santo nos lleva a darnos cuenta de nuestra necesidad de un Salvador que perdona el pecado. Al mismo tiempo, debemos recordar que el Espíritu Santo no llena los corazones no arrepentidos (Rom. 2:8: Hech. 2:38, 39; 3:19). El Espíritu Santo llena los corazones vaciados de ambiciones egoístas, del deseo de reconocimiento personal y del impulso de gloria personal.

¿Por qué es tan difícil reconocer nuestros pecados y arrepentirnos de ellos? ¿Por qué es tan fácil permitir que el yo estorbe el verdadero arrepentimiento?

 

Lunes 5 de agosto:

Definición de verdadero arrepentimiento

¿Cómo describe el apóstol Pablo el verdadero arrepentimiento? 2 Cor. 7:9-11.

El arrepentimiento es una tristeza por el pecado que inicia Dios. También incluye la decisión de abandonar todo pecado específico que el Espíritu Santo nos recuerde (Eze. 14:6; Zac. 1:4). El arrepentimiento genuino no lleva a los cristianos a un estado de profunda depresión por causa de su naturaleza o sus actos pecaminosos. “La tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación” (2 Cor. 7:10). Nos lleva, en cambio, a concentrarnos en la justicia de Jesús, no en nuestra pecaminosidad. Produce una “solicitud”: “puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe” (2 Cor. 7:11; Heb. 12:2).

En todo el Nuevo Testamento, la enormidad de nuestro pecado nunca es más grande que la enormidad de la gracia de Dios. Porque “cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Rom. 5:20). Esto fue ciertamente verdadero en la experiencia del apóstol Pablo.

Lee 1 Timoteo 1:14 al 17 y Hechos 26:10 al 16. ¿Qué nos dicen estos pasajes acerca de la pecaminosidad de Pablo y de la justicia de Jesús?

Cuando el apóstol Pablo se dio cuenta de que estaba persiguiendo al Señor de la gloria, fue inducido a caer de rodillas con arrepentimiento y confesión genuinos. A lo largo de toda su vida, nunca se cansó de contar la historia de su propia pecaminosidad y de la gracia de Dios. Su arrepentimiento no lo dejó en un estado de depresión; en cambio, lo impulsó a los brazos de un Salvador amante y perdonador. La confesión de su pecado no lo dejó con un sentido de mayor culpabilidad que antes. Se centró no en cuán injusto era, sino en cuán justo era Jesús.

¿Te has sentido alguna vez que eras “el principal” de los pecadores? O, si no el principal, ¿todavía demasiado pecador como para ser salvado? ¿Cómo puedes aprender a descansar en la seguridad de que la justicia de Cristo es suficiente para salvarte?

 

Martes 6 de agosto:

Verdadero arrepentimiento y confesión

¿Qué principios espirituales aprendemos de Levítico 5:5; 1 Juan 1:9; Isaías 1:16 al 18; y Hechos 26:19 y 20, con respecto a la naturaleza del verdadero arrepentimiento y confesión?

El arrepentimiento genuino está siempre acompañado por la confesión de pecados específicos. El Espíritu Santo no da sentimientos vagos de culpa. Nos convence de nuestras faltas específicas.

“La verdadera confesión es siempre de carácter específico y declara pecados particulares. Pueden ser de tal naturaleza que solamente pueden presentarse delante de Dios. Pueden ser males que deben confesarse individualmente a los que hayan sufrido daño por ellos; pueden ser de un carácter público y, en ese caso, deberán confesarse públicamente. Toda confesión debe hacerse definida y al punto, reconociendo los mismos pecados de que seas culpable” (CC 37, 38).

El propósito del Espíritu Santo es revelar nuestra necesidad de la gracia salvadora de Cristo. El arrepentimiento no hace que Dios nos ame más, sino que nos ayuda a apreciar más su amor. La confesión no gana el perdón de Dios; en cambio, nos capacita para recibir su perdón. Dios no nos ama más cuando nos arrepentimos, ni menos cuando dejamos de hacerlo. Su amor por nosotros es constante. La única variable es nuestra respuesta a la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas.

La verdad es que no podemos recibir las abundantes bendiciones que Dios tiene para nosotros mientras nuestras arterias espirituales están taponadas con el barro del pecado. El pecado amortigua en nosotros los impulsos del Espíritu y hace que nos sea difícil responderle. El arrepentimiento y la confesión abren los canales espirituales tapados, de modo que podamos recibir la superabundante presencia y poder del Espíritu Santo.

Aunque anhelemos el perdón cuando confesamos y nos arrepentimos, debemos recordar que esta es una calle de doble tránsito. Es decir, ¿cómo respondemos a quienes nos han tratado mal y que piden nuestro perdón? ¿A quiénes, aunque no son merecedores de nuestro perdón, necesitamos perdonar, y por qué es importante para nosotros hacerlo?

 

Miércoles 7 de agosto:

Contraste entre verdadero y falso arrepentimiento

Hay ejemplos muy específicos en la Biblia de personas que buscaron arrepentirse pero que no fueron perdonadas por Dios. Lloraron. Estuvieron tristes. Confesaron su pecado, pero no fueron perdonadas. Lee los informes de Faraón, Balaam, Esaú y Judas, en Éxodo 12:29 al 32; Números 22:32 al 35; Hebreos 12:17; y Mateo 27:4.

¿Qué elemento común ves en cada una de estas historias con respecto al arrepentimiento y/o la confesión?

Una frase de Hebreos 12:17 lo resume bien. Hablando de Esaú, el pasaje dice que, “deseando heredar la bendición”, se arrepintió. Como Faraón, Balaam y Judas, el corazón de Esaú no se quebrantó por el dolor que su pecado había traído a la familia o a Dios. Su preocupación era la primogenitura que había perdido. Estaba triste por no recibir lo que había creído que por derecho le pertenecía. Sus motivos no fueron puros. Su tristeza fue por sí mismo. El falso arrepentimiento se concentra en las consecuencias del pecado, y no en el pecado mismo.

La ley de la siembra y la siega es una ley divina. Es cierto que el pecado trae graves consecuencias, pero el arrepentimiento no se concentra en los resultados negativos del pecado, sino que se preocupa por la deshonra y la tristeza que nuestro pecado provocan en Dios.

El verdadero arrepentimiento se caracteriza por tres cosas, por lo menos: Primero, una tristeza porque nuestro pecado hirió el corazón de Dios, que nos ama tanto. Segundo, hay una confesión honesta del pecado específico que hemos cometido. No adornamos el pecado ni damos excusas por él. No echamos la culpa a algún otro. Asumimos la responsabilidad por nuestras acciones. Tercero, el verdadero arrepentimiento siempre incluye la decisión de alejarnos de nuestro pecado. No puede haber arrepentimiento genuino a menos que haya una reforma en nuestra vida. El falso arrepentimiento, por otro lado, se centra en uno mismo. Está preocupado por las consecuencias de nuestro pecado. Es un estado emocional de tristeza porque nuestro pecado a menudo trae consecuencias negativas. Ofrece excusas y echa la culpa sobre otro. No está preocupado por cambiar la conducta, a menos que el cambio traiga su propia recompensa personal.

 

Jueves 8 de agosto:

El poder sanador de la confesión

La confesión abre el furúnculo de la culpa y permite que drene el venenoso pus del pecado. La confesión es sanadora de muchas maneras. Abre nuestros corazones para recibir la gracia de Dios. Por medio de la confesión, aceptamos el perdón que Cristo nos ofrece gratuitamente desde la cruz. La confesión es sanadora porque permite que recibamos gracia. La confesión también destruye las barreras entre nosotros y otras personas. Sana las relaciones.

Lee Salmo 32:1 al 8. ¿Qué nos enseña esto acerca de la confesión y el arrepentimiento?

Lee Hechos 24:16. El apóstol Pablo procuraba tener “una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres”. ¿Qué significa esto?

La culpa ¿es buena o mala? Todo depende. Si el Espíritu Santo nos convence de pecado, y la culpa de ese pecado nos lleva a Jesús, la culpa es buena. Si ya hemos confesado nuestro pecado y continuamos sintiendo culpa, la culpa puede ser destructiva. “Este sentimiento de culpabilidad debe ser dejado a los pies de la cruz del Calvario. El sentido de pecaminosidad ha envenenado las fuentes de la vida y de la verdadera felicidad. Ahora Jesús dice: ‘Déjala sobre mí. Yo tomaré tus pecados. Te daré paz. No eches fuera tu respeto propio, porque yo te compré con el precio de mi propia sangre. Tú eres mío. Yo fortaleceré tu voluntad debilitada; yo quitaré tu remordimiento por el pecado’” (MR 9:305). La respuesta a la culpabilidad es Jesús. Su gracia elimina la culpa destructiva que el pecado nos echa encima.

Hay ocasiones en que podemos haber confesado nuestros pecados y todavía nos sentimos culpables. ¿Por qué? Una razón puede ser que el diablo está intentando robarte la seguridad de la salvación, y la certeza del perdón y la salvación que tenemos en Jesús. Segundo, El Espíritu Santo puede estar señalando algo que hay entre ti y otra persona. Si hemos herido a otra persona, nuestra conciencia perturbada se tranquilizará cuando confesemos nuestro mal a la persona afectada.

¿De qué modo la culpa impacta tu relación con el Señor y con otros? ¿Qué puedes hacer para aliviar la carga de culpa que llevas? Aun si has hecho mal y la culpa está en un sentido justificada, ¿qué promesas puedes reclamar que te pueden ayudar a seguir adelante?

 

Viernes 9 de agosto

Para Estudiar y Meditar:

“Dios no acepta la confesión sin sincero arrepentimiento y reforma. Debe haber un cambio decidido en la vida; toda cosa que sea ofensiva a Dios debe dejarse. Esto será el resultado de una verdadera tristeza por el pecado. Se nos presenta claramente la obra que tenemos que hacer de nuestra parte: ‘¡Lavaos, limpiaos; apartad la maldad de vuestras obras de delante de mis ojos, cesad de hacer lo malo; aprended a hacer lo bueno; buscad lo justo; socorred al oprimido; mantened el derecho del huérfano, defended la causa de la viuda’ (Isa. 1:16, 17). ‘Si el inicuo devolviere la prenda, restituyere lo robado, y anduviere en los estatutos de la vida, sin cometer iniquidad, ciertamente vivirá; no morirá’ (Eze. 33:15)” (CC 38, 39).

Preguntas para Dialogar:

  1. ¿Qué lección vital acerca del perdón podemos aprender de la disposición de Jesús a perdonar a los que lo clavaron en la cruz? Si él estuvo dispuesto a hacer eso, ¿cuánto más deberíamos estar dispuestos a perdonar a los que nos han dañado?
  2. En tu propia experiencia, ¿de qué modo la conversión del pecado fue una bendición para ti? ¿De qué maneras te ayudó en tu relación, no solo con el Señor sino también con otros?
  3. Aunque leímos esta semana acerca de la necesidad, a veces, de confesar nuestras faltas a otras personas a quienes hemos dañado, ¿por qué siempre debemos ser muy cuidadosos en lo que decimos a otros?
  4. El verdadero arrepentimiento, hemos leído, incluye el poner a un lado el pecado. Sin embargo, ¿qué sucede si nosotros –luchando con ese pecado– caemos otra vez en él? ¿Significa eso que nuestro arrepentimiento no fue sincero? ¿Significa que no podemos ser perdonados por eso otra vez? Si esto fuera cierto, ¿qué esperanza tendría cualquiera de nosotros? ¿Cómo hemos de entender la naturaleza del arrepentimiento bíblico, mientras recordamos siempre la realidad de nuestras naturalezas pecaminosas?
  5. Por lo que vimos esta semana, ¿por qué el arrepentimiento es un componente vital de todo el tema del reavivamiento y la reforma? ¿De qué modo los términos reavivamiento y reforma contienen, en sí mismos, la idea de que necesitamos arrepentirnos?
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