Lección 4 Edición Maestros. 1er Trimestre – Unidad mediante la humildad – Sábado 24 de Enero 2026

EL SÁBADO ENSEÑARÉ…

RESEÑA

Texto clave: Filipenses 2:2.

Enfoque del estudio: Fil. 2:1–8.

Filipenses 2:1 al 4 inicia una sección en la que Pablo analiza el ejemplo de humildad de Cristo para la vida cristiana (Fil. 2:1-18). Jesús es nuestro Modelo supremo de sumisión a Dios, de amor a él y de unión con él. Durante su ministerio terrenal, Cristo cultivó una profunda comunión con el Padre y resaltó repetidamente su unidad con él (Juan 5:19; 10:30, 38; 12:45; 14:9, 10; 17:11, 21-24). Del mismo modo, Jesús destacó su unidad con el Espíritu Santo (Juan 14:16, 26; 15:26; 16:7).

Los miembros de la Deidad coexisten eternamente en una relación armoniosa  y amorosa, lo que constituye un modelo para la unidad y el amor que deben caracterizar las relaciones entre los creyentes. Pablo insiste en este tema no solo en Filipenses, sino también en otras porciones de la Biblia. Por ejemplo, dice al principio de 1 Corintios: “Les ruego hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que hablen todos una misma cosa y que no haya entre ustedes divisiones. Antes, estén perfectamente unidos en una misma mente y un mismo parecer” (1 Cor. 1:10; comparar con Rom. 15:5-7; Gál. 3:26-29; Efe. 4:1-6; Col. 3:12-15).

La lección de esta semana enfatiza tres temas principales:

1. Vivir en unidad y demostrar amor mutuo son responsabilidades cristianas fundamentales y parte del comportamiento que se espera de todo seguidor de Jesús.

2. Como cristianos, estamos llamados a cultivar una manera de pensar semejante a la de Cristo. Pablo desarrolla lo que eso implica.

3. Nuestras mentes finitas son incapaces de comprender plenamente la infinita condescendencia de Cristo al hacerse humano. Esa condescendencia es un misterio insondable.

 

COMENTARIO

Ilustración

Por razones de seguridad, los alpinistas se atan entre sí con cuerdas cuando escalan una montaña para que, si uno de ellos resbala y cae, no muera, sino que sea sostenido por los demás hasta que pueda recuperar el equilibrio. La iglesia debería ser así. Cuando un miembro resbala y cae, los demás deben sostenerlo hasta que recupere el equilibrio. Todos estamos unidos por el Espíritu Santo (Michael P. Green, 1500 Illustrations for Biblical Preaching [Baker Books, 2000], p. 66).

Unidad y amor

Las palabras de Pablo en Filipenses 2:1 al 4 implican que la ambición egoísta es una de las principales causas de desunión en la iglesia. Él afirma: “Nada hagan por rivalidad o vanagloria” (Fil. 2:3). Las palabras “rivalidad” y “vanagloria” corresponden a los sustantivos griegos eritheia y kenodoxia respectivamente, ambos poco frecuentes en el Nuevo Testamento. El primero aparece allí siete veces, casi exclusivamente en las cartas de Pablo (Rom. 2:8; 2 Cor. 12:20; Gál. 5:20; Fil. 1:16; 2:3; Sant. 3:14, 16). El segundo solo es usado una vez. Curiosamente, el término eritheia no aparece en la Septuaginta, la versión más antigua del Antiguo Testamento en griego, mientras que kenodoxia solo aparece tres veces allí, pero en libros no canónicos. Por lo tanto, parece que el uso que Pablo hace de estas palabras en Filipenses 2:3 no se basa en la versión del Antiguo Testamento en griego. A diferencia de ello, ambas palabras aparecen en antiguas listas de vicios y en los escritos de los filósofos para criticar la rivalidad (ver Gerald F. Hawthorne, Philippians [Word, 2004], t. 43, p. 87). Por otro lado, no es de extrañar que eritheia aparezca en las listas de pecados registrados en 2 Corintios 12:20 y Gálatas 5:20. Claramente, Pablo utiliza estas palabras para señalar comportamientos que los cristianos deben evitar.

Filipenses 2:1 al 4 muestra que, para que la unidad sea una realidad en la iglesia, no solo es necesario evitar la rivalidad y el egoísmo que socavan la armonía, sino también practicar las virtudes cristianas esenciales para fomentar la unidad. Un ambiente armonioso se caracteriza por la consolación, el amor, la comunión, el afecto y la misericordia (Fil. 2:1, RVR 95). En un ambiente como ese, las personas tienen “el mismo sentir”, se aman y trabajan “unánimes” (Fil. 2:2).

Sin embargo, Pablo no aboga por la uniformidad, sino por la unidad en medio de la diversidad. Al condenar la “rivalidad” y la “vanagloria”, presenta la actitud opuesta: la “humildad” (Fil. 2:3). Esta actitud es explicada con más detalle en la frase siguiente: “Considerando a los demás como superiores a ustedes” (Fil. 2:3). Esto es algo tan importante que Pablo lo reitera con otras palabras en el versículo siguiente: “No mirando cada uno solo a lo suyo propio, sino también a lo de los otros” (Fil. 2:4). Pablo no estaba pidiendo a su auditorio que abandonara sus intereses personales, sino que considerara los de los demás con profunda atención, no con indiferencia. Jesús es nuestro ejemplo supremo en tal sentido. Pablo exhorta, pues, a su audiencia a desarrollar una manera de pensar semejante a la de Cristo.

La manera cristiana de pensar

Los versículos 2, 3 y 5 de Filipenses 2 contienen términos derivados de la raíz griega fron, empleada para destacar el uso de “la facultad para la planificación reflexiva” (Johannes P. Louw y Eugene A. Nida, Greek-English Lexicon of the New Testament: Based on Semantic Domains, 2a ed. [Sociedades Bíblicas Unidas, 1996], t. 1, p. 324). En este contexto, Pablo exhorta a su audiencia en Filipenses 2:2 a “pensar lo mismo [to auto fron?te], teniendo el mismo amor, estando unidos en espíritu, y pensando lo mismo [to hen fronountes]” (traducción del autor). Esta sincronía solo es posible si, “con humildad de pensamiento [tapeinofrosyn?], cada persona considera a los demás como más importantes que ella misma” (Fil. 2:3, traducción del autor). El punto culminante de esta línea de razonamiento se encuentra en la siguiente afirmación: “Haya en ustedes el mismo sentir [froneite] que hubo en Cristo Jesús” (Fil. 2:5).

Pablo insta a los filipenses a que desarrollen una forma de pensar semejante a la de Cristo, porque solo ella puede conducir a una forma de actuar semejante a la del Señor. Los eruditos debaten si la expresión “el mismo sentir” en Filipenses 2:5 se refiere a la humildad mencionada en Filipenses 2:1 al 4 o a la mansedumbre de Jesús retratada en Filipenses 2:6 al 8. En cualquier caso, Jesús es el Modelo que debemos imitar. Como dice Tom Wright: “Toda persona debe centrarse en algo distinto de ella misma, y ese algo es Jesucristo, el Rey, el Señor, y la buena nueva que ha venido a conquistar el mundo en su nombre” (Wright, Paul for Everyone: The Prison Letters: Ephesians, Philippians, Colossians, and Philemon [SPCK, 2004], p. 98).

Como cristianos, estamos llamados a cultivar una forma de pensar y actuar semejante a la de Cristo. Pablo argumenta que Jesús era plenamente consciente de quién era (Fil. 2:6) y, sin embargo, se despojó voluntariamente de sí mismo (Fil. 2:7) y se humilló (Fil. 2:8). El apóstol explica que: (1) Jesús se despojó a sí mismo y “tomó la condición de siervo” (Fil. 2:7); es decir, nació en “la condición de hombre” (Fil. 2:8) y (2) se humilló a sí mismo al hacerse “obediente hasta la muerte” (Fil. 2:8). En resumen, Jesús se convirtió en un Siervo (ver Mat. 20:28; Mar. 10:45) y se sacrificó por la salvación de otros (ver 2 Cor. 8:9; Heb. 12:2) en obediencia a la voluntad de Dios (ver Mat. 26:39; Rom. 5:19). Quienes tienen una mentalidad como la de Cristo están dispuestos a hacer lo mismo.

Un misterio insondable

En 1 Timoteo 3:16, Pablo ofrece un resumen de la misión de Jesús. Su encarnación, muerte, resurrección, ascensión, e incluso una alusión a la proclamación del evangelio a los gentiles y la conversión de algunos de ellos son descritos con una asombrosa economía de palabras. Tanto el ministerio terrenal de Jesús como sus resultados son presentados como el “misterio de la piedad”.

El término griego mysterion (‘misterio’) aparece 28 veces en el Nuevo Testamento, sobre todo en las cartas paulinas (21 veces); y en los escritos de Pablo casi siempre aparece con un peso cristológico significativo. Por ejemplo, en Romanos 16:25, Pablo vincula el misterio con el mensaje del evangelio. Asimismo, en Efesios 3:2 al 13 él habla repetidamente del misterio en el contexto de su ministerio a los gentiles. Pablo señala que el misterio le “fue declarado” “mediante una revelación” (Efe 3:3) a través de la cual pudo “entender” el “misterio de Cristo” (Efe. 3:4). Varios eruditos coinciden en que la frase “misterio de Cristo” puede ser interpretada como “el misterio que es Cristo”. Pablo desarrolla esta idea más ampliamente en Colosenses, donde habla del “misterio que había estado oculto desde los siglos y generaciones” (Col. 1:26).

Además, se refiere a que ese misterio “es Cristo en ustedes, la esperanza de gloria” (Col. 1:27; ver también Col. 2:2; 4:3). En Efesios 6:19, el apóstol Pablo menciona su tarea de proclamar “el misterio del evangelio”. En Romanos 11:25, el misterio tiene que ver con el hecho de que el evangelio llegaría a los gentiles. Más adelante, Pablo da a entender que la gracia de Dios es un misterio, algo imposible de comprender (Rom. 11:33). Y así es. Jesús estuvo dispuesto a soportar “la cruz, [y] menospreció la vergüenza” (Heb. 12:2). Como el apóstol dice en Filipenses 2:8, Jesús se humilló hasta la muerte, “y muerte de cruz”.

 

APLICACIÓN A LA VIDA

Medita en los siguientes temas y pide a los miembros de tu clase que respondan a las preguntas que figuran al final de esta sección.

Un visitante de un hospital psiquiátrico se asombró al comprobar que solo había tres guardias vigilando a un centenar de pacientes peligrosos. Preguntó a su guía: “¿No teme que esta gente domine a los guardias y huya?” “No”, fue la respuesta. “Los enfermos mentales nunca se unen” (Michael P. Green, 1500 Illustrations for Biblical Preaching [Baker Books, 2000], p. 65).

Esa historia ilustra el potencial de crecimiento que una comunidad pierde como resultado de la falta de unidad. La desunión es una condición terrible y algo que los cristianos deben evitar a toda costa.

Nada puede ser más amenazador para la salud de una comunidad de creyentes que la falta de unidad. Por eso a Pablo le preocupaba tanto y destacó el hecho de que la unidad de los creyentes no es solo una virtud cristiana, sino también un mandamiento: “Completen mi gozo, tengan el mismo sentir” (Fil. 2:2), y “no mirando cada uno solo a lo suyo propio, sino también a lo de los otros” (Fil. 2:4).

Jesús es nuestro mayor ejemplo de preocupación por el bienestar de los demás. Se hizo pobre para que fuéramos enriquecidos (2 Cor. 8:9). En vista de ello, no es de extrañar que Pablo exhorte a sus lectores a pensar como Cristo. Debemos seguir las huellas de Jesús, practicando la humildad y la obediencia a Dios. Aunque no comprendamos del todo el alcance de la condescendencia de Cristo al hacerse humano, sabemos lo suficiente como para vivir en unidad unos con otros.

Preguntas:

1. ¿Qué significa velar por los intereses de los demás y cómo podemos llevar eso a la práctica?

2. ¿Por qué es tan importante la unidad entre los creyentes? ¿Qué podemos hacer para fomentar la unidad dentro de la Iglesia?

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