Lección 2 Edición Maestros – Un día en el ministerio de Jesús – Sábado 13 de Julio

EL SÁBADO ENSEÑARÉ

RESEÑA

Textos clave: Marcos 1:16-45; 5:19.

Enfoque del estudio: Marcos 1.

 

Introducción:

En el Evangelio de Marcos, Jesús emprende su ministerio terrenal en colaboración con el Padre. Marcos muestra claramente, desde el principio de su relato, que Jesús es “el Hijo de Dios” y lo representa como “el Santo de Dios”. Como Hijo de Dios, Jesús predica “el evangelio del Reino de Dios”. Dotado de estas credenciales celestiales, Jesús inicia un ministerio muy activo en la Tierra, tal como se describe en el primer capítulo de Marcos.

Temática de la lección:

El estudio de esta semana considera ciertas facetas del ministerio de Jesús tal como aparecen en Marcos 1; a saber:

1. El ministerio de Jesús en asociación con el Padre

2. La misión de Jesús desde Capernaum a toda la región de Galilea

3. Su vida de oración

4. Su autoridad

5. Su encuentro con los demonios

 

COMENTARIO

El ministerio de Jesús en asociación con el Padre

La vida y el ministerio de Jesucristo constituyen una demostración exhaustiva del evangelio. Jesús es la encarnación viviente de las buenas noticias de Dios para toda la humanidad. Jesús tenía una idea clara de su misión en esta Tierra: llegar a las personas de todas las regiones con el evangelio de Dios.

“Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he venido” (Mar. 1:38). Según Marcos, Jesús ejercía un activo ministerio diario. Es interesante observar que Marcos describe repetidamente no solo las acciones de Jesús, sino también el papel activo de Dios en el ministerio de su Hijo.

El Padre y el Hijo trabajan en estrecha asociación (Juan 5:19). Tal es el caso en Marcos 5:19: “[Jesús] le dijo: ‘Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales las grandes cosas que el Señor ha hecho contigo y cómo tuvo compasión de ti’ ” (énfasis añadido). “Marcos presenta a Dios como agente en 75 ocasiones. La agencia explícita de Dios aparece asociada a 35 verbos” (Paul L. Danove, The rhetoric of characterization of God, Jesus, and Jesus’ disciples in the Gospel of Mark [Londres: T&T Clark, 2005], p. 30). Cuando se alude a Dios Padre como agente de una acción determinada, Marcos utiliza la expresión “Dios”, o “Señor” (kyrios), o cita una referencia bíblica. Ejemplos de estos usos se encuentran en Marcos 5:19; 9:37; 10:6, 9; 11:25; 13:19, 20.

De Capernaum a toda la región de Galilea

Según Marcos 2:1, Jesús se estableció en Capernaum (ver también Mat. 4:13). Fue aquí donde estableció su base de operaciones durante la mayor parte de su ministerio público. En Mateo 9:1, Capernaum es llamada “su ciudad”.

El día de Jesús comenzaba muy temprano, como leemos en Marcos 1:35: “Muy temprano de mañana, aún oscuro, Jesús se levantó”. Marcos describe a Jesús yendo de un lugar a otro en la región de Galilea (Mar. 1:14, 39). Con toda seguridad, las zonas adyacentes a Capernaum, hasta el mar de Galilea (Mar. 1:16) y los pueblos cercanos (Mar. 1:38), fueron los lugares más frecuentados por Jesús; pero él trabajó en toda la región de Galilea (Mar. 1:39), incluidas las zonas relativamente más distantes y despobladas fuera de la ciudad (Mar. 1:45).

En Capernaum, Jesús visitó la sinagoga de esta ciudad (Mar. 1:21) y muchas otras sinagogas establecidas en la región (Mar. 1:39) para enseñar y predicar. Asimismo, cuando llegaba a Jerusalén, Jesús iba todos los días al Templo a enseñar (Mar. 14:49).

Proclamaba el evangelio de Dios (Mar. 1:14). Además, sanaba a quienes sufrían física, mental y espiritualmente: “Y toda la ciudad se juntó a la puerta. Y sanó a muchos que padecían de diversas enfermedades, y echó a muchos demonios” (Mar. 1:33, 34).

Jesús, hombre de oración

En el Evangelio de Marcos se presenta a Jesús realizando una acción tras otra. Marcos destaca el ministerio de Jesús como una serie de acontecimientos que suceden inmediatamente después de un incidente previo. El adverbio griego euthus, traducido al español como “inmediatamente”, “en seguida”, “de repente”, se encuentra en 51 versículos de los cuatro evangelios y 41 veces en Marcos (Mar. 1:21, 28; 6:45, 50; 14:43 ; etc.; ver Danker y otros, A Greek-English lexicon of the New Testament and other early Christian literature, p. 406). Es evidente que el de Marcos es el Evangelio de la acción, el evangelio en movimiento. Sin embargo, aunque Marcos hace hincapié en un Jesús muy activo y ocupado, también subraya que el ministerio de Jesús giraba en torno a una vida de oración.

La oración fue un elemento clave en la experiencia humana de Jesús y una de las prioridades de su ministerio (Mar. 1:35). Aunque su vida diaria estaba llena de actividades, la comunión con su Padre no era opcional en ninguna circunstancia. Al comienzo de su Evangelio, Marcos subraya la experiencia de oración de Jesús.

También la destaca cuando el Maestro se enfrentó a espíritus demoníacos durante su ministerio (Mar. 9:29) y en los últimos días de su obra en la Tierra (Mar. 14:32-38).

La autoridad de Jesús

La primera referencia a la autoridad de Jesús se encuentra en Marcos 1:22: “Y admiraban su enseñanza, porque les enseñaba con plena autoridad, y no como los escribas”.

En su comentario sobre Marcos, M. Eugene Boring menciona que, “para el judaísmo y el cristianismo primitivo, Dios era la autoridad suprema; la cuestión era cómo se mediaba esa autoridad divina. En el judaísmo, estaba mediada por la Torá, que luego debía ser interpretada mediante debate y votación por parte de eruditos calificados. Para Marcos, la autoridad de Dios está mediada por la palabra de Jesús, que simplemente se pronuncia” (Mark: A Commentary [Louisville: Westminster John Knox Press, 2006], p. 63). Esta idea explica la preocupación de los dirigentes judíos cuando interrogaron a Jesús: “Vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le dijeron: ‘¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Quién te autorizó para hacerlas?’ ” (Mar. 11:27, 28).

Aunque los escribas eran maestros de la letra de la Ley, no habían sido transformados por su sustancia. Por lo tanto, no fueron capaces de vivirla, de encarnarla y de demostrar en su vida la dimensión práctica del evangelio (Mar. 1:22). Debemos fijarnos en la discusión entre Jesús y algunos judíos en Juan 5. Jesús les dice: “Ustedes escudriñan las Escrituras porque piensan que en ellas tienen la vida eterna. ¡Ellas testifican de mí! […]. Pero yo los conozco, que no tienen el amor de Dios en ustedes” (Juan 5:39-42). Jesús, el Maestro y gran Ejemplo, pasa de una conformidad superficial con la mera letra de la Ley a una demostración viviente y real de la verdad bíblica. Marcos 1:27 nos ayuda a comprender mejor la cuestión de la autoridad de Jesús.

El versículo dice: “Y todos se maravillaron, de tal manera que preguntaban unos a otros: ‘¿Qué es esto? ¡Una nueva doctrina con autoridad! Y aun ordena a los espíritus impuros y le obedecen’ ”. El autor muestra que la gente asocia la enseñanza de Jesús con la autoridad; una autoridad que, a su vez, se asocia visiblemente con las acciones. Marcos asocia y corrobora la autoridad de Jesús con los milagros que realiza. En otras palabras, la autoridad de Jesús implica exousia en griego; es decir, tanto “conocimiento” como “poder”, o “autoridad” (Danker y otros, A Greek-English lexicon of the New Testament and other early Christian literature, p. 353). Para Marcos, la proclamación de la buena nueva por parte de Jesús incluye los milagros.

Jesús y los demonios

En Marcos se destaca el enfrentamiento de Jesús con los demonios. El Evangelio registra las fuerzas demoníacas que desafían el ministerio de Jesús (Mar. 1:34, 39; 3:15, 22; 6:13; 7:26, 29, 30; 9:38; 16:9, 17). Estas fuerzas se describen como malignas o como espíritus impuros (Mar. 1:23, 26 en adelante; 3:11, 30; 5:2, 8, 13; 6:7; 7:25; 9:25). Marcos describe a las personas a quienes afligen estos demonios como endemoniadas (Mar. 1:32; 5:18). Ningún otro evangelio contiene tantas referencias a las fuerzas del mal.

Es importante señalar aquí tres aspectos de los encuentros de Jesús con las fuerzas del mal:

1. El mal está presente desde el comienzo del ministerio de Jesús (Mar. 1:23). De hecho, el primero de sus milagros fue, según Marcos, expulsar un espíritu maligno de un hombre en la sinagoga de Capernaum (Mar. 1:25).

2. Los demonios reconocían lo que los líderes de Israel no aceptaban acerca de Jesús y su identidad. Los demonios profesaban que Jesús era “el Santo de Dios” (Mar. 1:24), “el Hijo de Dios” (Mar. 3:11) y el “Hijo del Dios Altísimo” (Mar. 5:7).

3. Jesús siempre vencía a los demonios. Marcos relata que ellos exclamaron: “¿Has venido a destruirnos?” (Mar. 1:24). En otra ocasión, los demonios “se postraron ante él” (Mar. 3:11).

Jesús expulsaba a los demonios de sus víctimas humanas independientemente de cuántos fueran (Mar. 5:9; 16:9).

Considera este perspicaz análisis de la liberación del endemoniado en la sinagoga: “Jesús tiene poder porque es el Hijo de Dios, el Ungido de Dios, dirigido por el Espíritu Santo. La palabra de Jesús hace efectiva la soberanía de Dios; el espíritu impuro se opone a esa soberanía y desafía a Jesús, al tiempo que profana el lugar sagrado de la sinagoga. […] Los demonios pueden protestar, pero no pueden impedir que la soberanía de Dios se extienda rápidamente a través del poder liberador de la Palabra de Jesús” (Ricardo Aguilar, “La liberación de un poseído en una sinagoga (Mar. 1:21b – 28)”, en Reflexiones bíblicas para un mundo en crisis, Javier Quezada ed. [Ciudad de México: Misión Nosotros, 2010], pp. 190-193). Jesús, quien vino a establecer el Reino de Dios (Mar. 1:15), es soberano por encima de todos los espíritus demoníacos. El dominio de Jesús es “dominio eterno” (Dan. 7:14) e incluye la supremacía sobre los poderes terrenales y las fuerzas espirituales malignas. En el Evangelio de Marcos, Satanás es declarado un enemigo derrotado.

 

APLICACIÓN A LA VIDA

Elena de White describió con precisión el ministerio activo de Jesucristo. Ella escribió: “La vida terrenal del Salvador no fue una vida de comodidad y devoción para sí, sino que él trabajó con esfuerzo persistente, fervoroso e infatigable por la salvación de la perdida humanidad. Desde el pesebre hasta el Calvario, siguió la senda de la abnegación y no procuró estar libre de tareas arduas y duros viajes, ni de trabajos y cuidados agotadores” (Elena de White, El camino a Cristo, p. 78).

Luego añadió: “Así también, los que son participantes de la gracia de Cristo estarán dispuestos a hacer cualquier sacrificio para que los otros por quienes él murió compartan el don celestial. Harán cuanto puedan para que su paso por el mundo lo mejore” (ibíd., p. 78).

Probablemente la mayoría de los miembros de tu clase sean creyentes que también participan activamente en algún ministerio de la iglesia. Pídeles que consideren las siguientes preguntas y dialoguen acerca de ellas:

1. La vida de Jesús estuvo marcada por la abnegación, desde la cuna hasta la Cruz. ¿Alguno de nosotros se ha embarcado ya en un ministerio que le ha exigido demasiado sacrificio? Dialoguen al respecto.

2. ¿Cómo vivimos el evangelio en nuestra vida diaria?

Radio Adventista
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