Lección 13 Edición Maestros. 2do Trimestre – Hacia la Eternidad – Sábado 27 de Junio 2026

EL SÁBADO ENSEÑARÉ…

RESEÑA

Texto clave: 1 Juan 3:2.

Enfoque del estudio: Sal. 80; Apoc. 21:4; Ecl. 3:11.

Esta semana concluiremos nuestra reflexión trimestral acerca de nuestra relación con Dios. Nuestro estudio culmina con la siguiente pregunta: ¿Qué hemos logrado al estudiar, meditar, dialogar y procurar diligentemente desarrollar una relación correcta con nuestro Creador y Salvador? ¿Qué hemos aprendido este trimestre acerca de él a diferencia de quienes no lo conocen?

A los fariseos que le preguntaron acerca de la llegada del Reino de Dios, Jesús les respondió en tiempo presente: “El reino de Dios ya está entre ustedes” (Luc. 17:21); pero a sus discípulos, quienes expresaron la misma preocupación, les respondió en tiempo futuro: “Ustedes desearán ver” (Luc. 17:22; comparar con Luc. 17:37). Es decir, solo aquellos que tienen una relación íntima con Cristo anhelarán ver su rostro.

Cuanto más se desarrolla nuestra relación con Dios, más se intensifica nuestro anhelo por él. A veces podemos experimentar esta paradójica frustración por el retraso en el cumplimiento de nuestro deseo de verlo cara a cara. En esta última lección estudiaremos tanto el anhelo de un conocimiento más personal de Dios como nuestro deseo de una intimidad más profunda con él. Específicamente, buscaremos comprender la experiencia de Jacob; es decir, qué significa ver el rostro de Dios. También oraremos con el levita Asaf en el Salmo 80, donde él expresa su anhelo de ver a Dios cara a cara.

 

COMENTARIO

Ver el rostro de Dios: la experiencia de Jacob (Gén. 32:22-33:10)

Cuando Jacob luchó con Dios y vio su rostro, no sabía su nombre (Gén. 32:29). Pero pudo al menos poner nombre al lugar donde Dios se le había aparecido: “Peniel”, que significa “el rostro de Dios” (Gén. 32:30). Por supuesto, el nombre “Peniel” no significa que Jacob identificara el lugar como el “rostro de Dios”, sino que dicho nombre conmemoró de ahí en más la experiencia personal que tuvo allí con el Señor.

Además, el uso de la expresión hebrea panim ’el panim, “cara a cara”, no significa que Jacob viera literalmente el rostro de Dios. Esta frase se refiere a ver “la apariencia” del Señor (Núm. 12:8) y describe la experiencia de un encuentro directo con Dios (Deut. 5:4). Jacob asocia su salvación con este encuentro: “Y mi vida fue librada” (Gén. 32:30). El verbo hebreo natsal, traducido como “librar”, se refiere a la liberación divina respecto de los enemigos y las tribulaciones (1 Sam. 12:21; Prov. 19:19), pero también puede tener la connotación de salvación espiritual del pecado y la culpa (Sal. 39:9; 119:170).

De su encuentro con Dios (Gén. 32:22-32), Jacob pasa a su encuentro con su hermano (Gén. 33:1-16). Así, el encuentro anterior de Jacob con Dios lo prepara para su encuentro con Esaú.

El encuentro de Jacob con Esaú en Génesis 33:5 al 15 conecta el rostro de Dios en Peniel (Gén. 32:30) con el rostro de Esaú (Gén. 33:10). Génesis 33:5 al 15 también conecta la gracia de Dios para con Jacob (Gén. 33:5, 11) con la gracia que Esaú le demostró (Gén. 33:8, 10, 15). La frase “al levantar Jacob sus ojos vio” (Gén. 33:1; comparar con Gén. 33:5), que introduce el avistamiento de Esaú por parte de Jacob, es un uso típico para introducir la aparición de Dios y, por lo tanto, anticipa la asociación de Esaú con Dios. La llegada de Esaú está, por lo tanto, cargada de perspectivas esperanzadoras. Cuando Jacob finalmente se encuentra con Esaú, conecta explícitamente su relación con su hermano con su relación con Dios: “He visto tu rostro como si hubiese visto el rostro de Dios” (Gén. 33:10). Es este argumento el que induce a Esaú a aceptar el regalo de Jacob (Gén. 33:11), una señal de que está dispuesto a perdonar a su hermano. Jacob vio “el rostro de Dios” (Peniel) en el rostro de Esaú. La experiencia de Jacob con Esaú es un segundo Peniel. El primer Peniel fue la preparación para el segundo. Esta evocación de Dios se ve reforzada por el uso del verbo ratsah (“agradar [Gén. 33:10]), que pertenece al lenguaje propio de lo que se ofrenda y que se refiere al sacrificio o adoración que “agrada” a Dios o es “aceptable” para él (Lev. 22:27; Amós 5:22).

El encuentro de Jacob con Dios lo ayudó durante su encuentro con su hermano. Del mismo modo, su reconciliación con su hermano contribuyó a su relación con Dios. De hecho, el capítulo termina con la afirmación de que Jacob erigió un altar, al que llamó “El Dios de Israel” (Gén. 33:20). Jacob reconoce aquí por primera vez al Señor como su Dios personal. Anteriormente, se refería al Señor solo como el Dios de sus padres, pero nunca como su Dios personal. Llegó ahora a comprender que su amor por Dios y por su hermano dependen el uno del otro. Jesús reconoció esta lección teológica única de las Escrituras cuando dijo: “ ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y toda tu mente’. Este es el primer y mayor mandamiento. Y el segundo es semejante a este: ‘Amarás a tu prójimo como a ti mismo’. De estos dos mandamientos penden toda la ley y los profetas” (Mat. 22:37-40).

Para Jesús, el amor a Dios y el amor al prójimo están relacionados: a menos que amemos a nuestro prójimo, no podemos amar a Dios. Para ver el rostro de Dios, necesitamos aprender a ver el rostro de Dios en nuestro hermano o hermana. Y, por otro lado, para ver el rostro de Dios en las personas, necesitamos haber experimentado una relación personal e íntima con él.

 

Ver el rostro de Dios: la oración de Asaf (Sal. 80)

Al leer esta lamentación, aprópiate de su reflexión y de su mensaje para incorporarlos a tu propia experiencia con Dios.

Oración al Dios silencioso. Asaf, autor del Salmo 80 (ver también el Salmo 50 y los Salmos 73-83), es uno de los levitas a quienes David designó como líderes de adoración en el Tabernáculo.

La oración de Asaf, que tiene lugar dentro de la casa de Dios, resuena con un profundo anhelo por Dios e incluso con frustración o amargura por su silencio. El Dios al que Asaf dirige su oración se encuentra en el Lugar Santísimo, “entre querubines” (Sal. 80:1); y, sin embargo, parece reticente y ausente.

Al igual que Asaf, el pueblo de Dios de los últimos tiempos ora a Cristo, quien está en el Lugar Santísimo preparando a su pueblo para el Reino de Dios. Al igual que Asaf, el pueblo de Dios espera a su Salvador, quien parece tardar en venir y no parece responder a sus súplicas. Experimentan un “tiempo de angustia” (Dan. 12:1) durante el silencio de Dios. Sin embargo, siguen esperando (Dan. 12:12) y orando por su venida, tal como lo hicieron los primeros cristianos, como sugiere su saludo: Maranata (“¡Señor nuestro, ven!”, 1 Cor. 16:22, DHH).

Un anhelo. La oración de Asaf comienza con una expresión de anhelo por la presencia de Dios. El poeta ruega al Señor que venga y salve a su pueblo (Sal. 80:1, 2, 7), que llora sin cesar (Sal. 80:5). El anhelo de Asaf también se escucha en su pregunta “¿Hasta cuándo?” (hebreo: ad matay), el mismo clamor que sale de la boca de los oprimidos en muchos salmos (Sal. 13:2; 62:3; 74:10; 94:3; etc.). El ángel de la visión de Daniel también hace esta misma pregunta como expresión de su anhelo por el juicio escatológico de Dios (Dan. 8:13).

Restaurar y regresar. El estribillo del Salmo 80 marca su ritmo en tres ocasiones: al principio (vers. 3), en el centro (vers. 7) y al final (vers. 19). El estribillo es el siguiente: “Señor, Dios Todopoderoso, ¡restáuranos! ¡Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos!” (vers. 19). El llamado a restaurar (shub) al pueblo de Dios se hace eco del llamado a Dios para que regrese a él (shub).

Al igual que Asaf, el pueblo de Dios anhela a Dios y espera su respuesta de juicio y redención. Además, al igual que Asaf, ellos promueven el arrepentimiento (un regreso a Dios), que está indisolublemente conectado con el regreso de Dios.

Bendición sacerdotal. El estribillo del Salmo 80 resuena con la bendición sacerdotal: “El Señor te bendiga y te guarde. El Señor te ilumine con su rostro, y te conceda su gracia. El Señor te mire con agrado, y te dé paz” (ver Núm. 6:24-26). El paralelismo del estribillo con la bendición sacerdotal nos ayuda a ver que la salvación de Dios es prometida en términos de gracia (Núm. 6:25) y paz (Núm. 6:26).

Al igual que Asaf, debemos pedir a Dios que nos “restaure” y haga resplandecer su rostro sobre nosotros para que seamos salvos (Sal. 80:19). El pueblo de Dios debe procurar ser una bendición para los demás, llevando la salvación al mundo a través de su testimonio.

Conclusión

Existe una importante conexión entre la experiencia de Jacob con el rostro de Dios y la oración de Asaf, en la que él anhela ver el rostro del Señor. Nuestra relación vertical con Dios depende de la calidad de nuestras relaciones horizontales con nuestros hermanos y hermanas en Cristo. La religión que nos hace anhelar el Cielo no tendrá éxito si fallamos en nuestros deberes éticos y en nuestras relaciones con nuestro prójimo. Al mismo tiempo, debemos tener siempre presente que no podremos amar a nuestro prójimo, creado a imagen de Dios, sin la gracia habilitadora del Señor.

 

APLICACIÓN A LA VIDA

Orientación para el maestro: Realiza las siguientes actividades con tu clase. Anima a tus alumnos a realizar una o más de estas actividades como parte de su experiencia espiritual durante la próxima semana. Pídeles que estén preparados para compartir su testimonio acerca de cómo sus experiencias los acercaron más a Jesús.

Actividades

1. Ve el rostro de Dios en tu hermano o hermana (lee Mat. 25:35-45). Esfuérzate para ver lo mejor en alguien con quien te cuesta llevarte bien o no te simpatiza. Pide a Dios que te ayude en este empeño. Tan pronto como seas testigo de algo negativo en sus palabras o comportamiento, contrarréstalo con el recuerdo de algo positivo acerca de esa persona. Obra de esta manera para convertir a tu enemigo en amigo.

Aquí hay algunas otras cosas que puedes hacer en compañía de esa persona o en favor de ella:

* Sonríe.
* Conversa.
* Relaciónate.
* Comparte algo positivo.
* Ora por esa persona o con ella.
* Obséquiale algo.
* Evita hablar mal de ella. En cambio, elógiala sin exagerar.
* Invítala a almorzar. Encuentra alguna opinión o gusto que compartan y dialoguen al respecto.
* Si te ha hecho daño, perdónala.

2. Ora a Dios siguiendo el modelo de Asaf.

* En tu oración matutina, pide a Dios que esté presente en tu día, en tus palabras, en tus acciones y en tus relaciones.
* Cuando sufras o estés disgustado por alguna injusticia, ora para que Dios entre en tu corazón. Pídele que establezca su reino de paz, justicia y amor dentro de ti.

3. Nostalgia del Edén. Cultiva la “nostalgia” por el Edén:

* Considera la posibilidad de adoptar una dieta vegetariana (afirmación de lo sagrado de la vida).
* Prepara una experiencia especial para compartir con tu clase el sábado. Ofrece un anticipo del Reino de Dios haciendo lo siguiente: limpia y decora tu casa pensando en tus invitados del sábado; embellece tu hogar y la mesa del comedor con flores; sirve una comida sabrosa y nutritiva; y dirige una experiencia de adoración vibrante.

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