Jonathan Gallagher Lección 13 – Hacia la Eternidad – (2T 2026 Creciendo en una Relación con Dios)

Lección 13. Hacia la Eternidad

(2T 2026 Creciendo en nuestra relación con Dios)

Textos bíblicos:Sal. 80; 1 Tes. 4:17; Apoc. 21:9–27; Isa. 25:8; Apoc. 7:17; Apoc. 21:4; Juan 6:44; 1 Juan 3:2.

Citas

  1. Cuanto más vivo, más me doy cuenta de que solo tengo una vida para vivir en la tierra, y que esta vida es breve para sembrar, en comparación con la eternidad para cosechar. George Muller
  2. La terrible importancia de esta vida es que determina la eternidad. William Barclay
  3. Como cristiano, Cristo murió para que tengamos vida eterna en Él en el cielo. No importa cómo se vea ni cómo huela; mientras Cristo esté allí, será cielo para mí. T. D. Jakes
  4. La existencia vino de Dios; la muerte vino por Adán; y la inmortalidad y la vida eterna vienen por medio de Cristo. Bruce R. McConkie
  5. Sabes, la vida eterna no comienza cuando vamos al cielo. Comienza en el momento en que te acercas a Jesús. Él nunca le da la espalda a nadie. Y está esperando por ti. Corrie Ten Boom
  6. La eternidad es un pensamiento terrible. Quiero decir, ¿dónde va a terminar todo? Tom Stoppard

Para debatir
¿Por qué es tan importante tu imagen de Dios cuando consideras la eternidad? ¿Por qué nuestras ideas sobre cómo será el cielo son tan superficiales? ¿Cuál es el aspecto más importante de la eternidad? ¿Cómo podemos hablar con aquellos que piensan que no recordaremos nada de nuestra vida aquí porque Dios borrará nuestros recuerdos de todo lo pecaminoso? ¿Qué ocurre con los temas del gran conflicto en la eternidad?

Resumen bíblico
El Salmo 80 es una súplica para que Dios regrese y salve a su pueblo. 1 Tesalonicenses 4:17 declara que nos encontraremos con el Señor en el aire y estaremos con Él para siempre. Apocalipsis 21:9–27 describe la Nueva Jerusalén. Isaías 25:8 dice que el Señor enjugará nuestras lágrimas, al igual que Apocalipsis 7:17 y Apocalipsis 21:4. Jesús es la resurrección (ver Juan 6:44). “Cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal como Él es” (1 Juan 3:2).

Comentario
Dios promete un cielo nuevo y una tierra nueva. Gran parte de las imágenes del futuro en el Nuevo Testamento provienen del Antiguo Testamento, como una expresión de lo que era maravilloso para las personas de ese tiempo. Sin duda, los autores bíblicos habrían usado metáforas modernas si las hubieran conocido. Sin embargo, la seguridad más importante es la presencia en la eternidad de nuestro Señor amoroso. Pero, ¿cómo será esta experiencia? ¿Será un tiempo de tocar arpas sin fin? ¿Y qué hay de nuestros recuerdos? Si es cierto que las cosas pasadas no vendrán a la memoria, ¿cómo sabremos quiénes somos y cómo nos reconoceremos unos a otros? Más importante aún que esta conciencia personal es la conciencia del pecado y sus consecuencias, aprendida a tan alto costo. ¿Se
eliminará esa evidencia tan rápidamente? El significado de estas palabras apunta más bien a una experiencia de felicidad plena, no a una amnesia divinamente impuesta. Sabremos lo que el pecado ha causado y continuaremos eligiendo el camino de la verdad y la justicia de Dios. Eso es lo que hace que el gobierno de Dios sea seguro por toda la eternidad. Las alternativas serían el pecado continuo o la destrucción de la libertad y la elección.

Las imágenes de tranquilidad y felicidad provienen en gran medida de un contexto pastoral. Incluso los animales salvajes que antes eran temidos ahora son dóciles y mansos. El temor de que otro se beneficie de tu casa o de tus cosechas desaparece. En muchos sentidos, la vida futura se describe simplemente como lo opuesto a la vida actual—sin maldad, sin dolor, sin muerte, etc.
Pero la eternidad de Dios debe entenderse como la extensión de todo lo positivo, ilimitada en tiempo y alcance. En Isaías 66, el último capítulo, se expresa claramente lo que Dios realmente desea. No se trata de obediencia formal, ni de rituales o sacrificios. Al contrario, Dios habla enérgicamente contra aquellos que dependen de estos aspectos mecánicos de la religión. Terminando como comenzó, Isaías señala la inutilidad de los sacrificios para lograr una relación salvadora con Dios. El “requisito” de Dios se expresa de manera simple y breve: “A este miraré: al humilde y al contrito de espíritu” (Isaías 66:2). Esto se contrasta con aquel que ofrece sacrificios, a quien se compara con un asesino y con alguien que ofrece sangre de cerdo. Una vez más, Dios está suplicando una relación verdadera, honesta y abierta que no esté limitada por rituales sin sentido ni por ideas falsas de adoración. Dios busca una relación íntima de amor, confianza y seguridad en el presente, que continúe a lo largo de los interminables siglos de la eternidad. La verdad es que, pase lo que pase, podemos confiar en nuestro Dios digno de confianza.

Incluso si las cosas no resultan como deseamos en esta vida, Él promete estar con nosotros hasta el final, y luego nos recibe con los brazos abiertos en su eternidad. Qué promesa tan maravillosa de nuestro amoroso Señor. Pablo escribe que “no tenemos aquí una ciudad permanente, sino que buscamos la que está por venir” (Hebreos 13:14). El aspecto esencial de nuestra relación continua con nuestro Señor amoroso es que no terminará, ni siquiera con la muerte. La garantía—la promesa—es que tenemos una eternidad por delante, una eternidad no marcada por el pecado ni la rebelión, sino por una comprensión creciente de la verdad y un amor cada vez más profundo. Porque, ¿qué sería la vida si esto fuera todo? Nuestra esperanza está en Dios mismo y en su deseo de restaurar la armonía y la paz en todo su universo.
La razón por la que podemos tener total confianza en Dios es porque Él no busca poder, ni posición, ni su propio beneficio. Todo lo que hace es para lo mejor, no de sí mismo, sino de los demás. Así, al pensar en una eternidad en la presencia de Dios, podemos estar seguros de que Él nunca cambiará su carácter amoroso y abnegado, siempre buscando lo mejor para sus hijos creados.

 

Comentarios de Elena de White
La esperanza de la vida eterna no debe adoptarse sobre bases ligeras. Es un asunto que debe resolverse entre Dios y tu propia alma; resuelto para la eternidad. Una esperanza supuesta, y nada más, resultará en tu ruina. {2SG 264}
Al recibir y creer las palabras de Dios, el entendimiento es iluminado y fortalecido. Estas verdades son de interés vital, que conmueven el alma, y están destinadas a captar la atención de todos por quienes Cristo ha muerto. Son verdades que alcanzan la eternidad, y su grandeza e importancia corresponden a su duración. {RH, 1 de febrero de 1898} Hay lecciones prácticas en la Palabra de Dios, lecciones que Cristo quiere que los maestros y los padres presenten a sus hijos en el hogar y en la escuela.

Esa Palabra enseña principios vivos y santos, que impulsan a los hombres a hacer con los demás lo que quisieran que los demás hicieran con ellos, principios que deben llevar a la vida diaria aquí y consigo a la escuela superior. Esta es la educación superior. Ningún aprendizaje de origen humano puede alcanzar estas alturas, porque llegan hasta la eternidad y son inmortalizadas. El altar y el arado son las experiencias para todos los que buscan la vida eterna. {Traducción de 13MR 262-3} La Biblia se parece a un manantial: cuanto más miráis en su interior, tanto más profundo parece a la vista. Las verdades grandiosas de la historia sagrada poseen una fuerza y una belleza que asombran, y son tan vastas como la eternidad.

Ninguna ciencia iguala a la que revela el carácter de Dios. {ECR 53.1} Y a medida que los años de la eternidad transcurran, traerán consigo revelaciones más ricas y aún más gloriosas respecto de Dios y de Cristo. Así como el conocimiento es progresivo, así también el amor, la reverencia y la dicha irán en aumento. Cuanto más sepan los hombres acerca de Dios, tanto más admirarán su carácter. A medida que Jesús les descubra la riqueza de la redención y los hechos asombrosos del gran conflicto con Satanás, los corazones de los redimidos se estremecerán con gratitud siempre más ferviente, y con arrebatadora alegría tocarán sus arpas de oro; y miríadas de miríadas y millares de millares de voces se unirán para engrosar el potente coro de alabanza {CS 657}

Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2026
Traducción: Shelly Barrios De Avila

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