Lección 12 Edición para Maestros – EL LLAMADO A ESTAR FIRMES – 16 de Septiembre 2023

RESEÑA

Texto clave: Efesios 6:10, 11 Enfoque del estudio: Efesios 6:10-20; Deuteronomio 20:2; Romanos 13:11-14; 1 Tesalonicenses 5:6-8; 1 Corintios 15:23, 24.

Introducción:

Hasta ahora, Pablo ha integrado varios hechos fundamentales relacionados con el evangelio: el hecho de que el Señor ha restaurado la unidad entre judíos y gentiles, esposos y esposas, hijos y padres, esclavos y amos; el hecho de que ha transformado nuestra vida, de que resucitamos, ascendemos y somos exaltados junto con Cristo; el hecho de que Dios nos haya dado bendiciones y dones; y el hecho de que formemos parte de la iglesia de Dios, unidos en el Señor. Todos estos hechos, ¿significan que la historia de la salvación ha terminado y que no tenemos nada más que hacer? De ninguna manera.

En el último capítulo de su carta, Pablo recuerda a los efesios, y a todos nosotros, que los cristianos no solo son personas salvas que engrosan el redil de Jesús. Al contrario, Pablo insiste en que los cristianos, una vez que se unen al Reino del Señor, forman parte de su defensa y promoción. Son soldados del Reino de Dios. Pero no son como los soldados del Imperio romano. Tampoco son milicias rebeldes militarizadas. Su enemigo es espiritual, al igual que la armadura y las armas. Es una batalla cósmica, iniciada en “los lugares celestiales” por “el diablo” y otras “fuerzas poderosas de este mundo tenebroso y […] espíritus malignos” (Efe. 6:11, 12, NTV), contra el Trono de Dios.

La fuente del poder y la fuerza de los cristianos no reside en sus propios músculos, armaduras, armas, habilidades de batalla ni estrategias. Más bien, su única fuente de poder está, como siempre, en el Señor. Luchan como luchó su Señor, aplastando el mal y los poderes mundanos con el poder del amor y la justicia que emana de la Cruz. Pero la Cruz no es de ellos; es del Señor. Fue el Señor quien obtuvo la victoria sobre los poderes del mal en la Cruz; fue el Señor quien resucitó y ascendió a los Cielos. Es en virtud de esta victoria que el Señor Jesús le brinda a la iglesia su resurrección, su vida y bendiciones (Efe. 1), sus dones (Efe. 4), y ahora su armadura (Efe. 6). Los cristianos luchan, vestidos con la armadura de Cristo, en una batalla que él ya ha ganado.

Temática de la lección:

El estudio de esta semana se centra en dos temas principales:

• Al unirse a la iglesia, el cristiano participa automáticamente en una batalla espiritual de proporciones cósmicas.

• Pero el cristiano no necesita preocuparse, porque su fuerza y armadura provienen del Señor. Todo lo que un cristiano debe hacer es mantenerse firme en el Señor.

COMENTARIO

Ponerse del lado victorioso

Cuando Pablo dice “por lo demás” (Efe. 6:10), no quiere decir que está bajando la intensidad ni la descripción elevada de su visión de la vida cristiana. Más bien, está culminando su epístola con un llamado a luchar. Sí, el evangelio de Pablo es un mensaje de paz, pero es un mensaje de paz precisamente debido a una guerra en curso que involucra a todo el universo, desde Dios en el Trono celestial hasta la última persona del mundo. El evangelio de Pablo es un mensaje de paz porque Dios ha obtenido la victoria en esta guerra.

Sin embargo, la guerra continúa para cada uno de nosotros a medida que tomamos partido. Los verdaderos cristianos son aquellos que se ponen de parte de Dios; esta alianza llevará la batalla hasta su puerta. Pero los cristianos no necesitan tener miedo. Al contrario, sabiendo que se han puesto del lado correcto y ganador de la guerra, necesitan saber que no están solos y que han sido empoderados y provistos con todos los pertrechos de guerra que necesitan para salir victoriosos. Lo único que necesitan es decidirse por un lado o el otro. Tan importante es esta postura que, en Efesios 6, el apóstol repite tres veces su llamado a los cristianos a ponerse de parte de Dios (Efe. 6:11, 13, 14).

Aquí estoy

Para 1521, Martín Lutero (1483–1546) ya era la voz cantante de la Reforma. Luego de estudiar las Escrituras en los idiomas originales, el monje agustino, que llegó a ser profesor de Teología Bíblica en la Universidad de Wittenberg, arribó a dos conclusiones principales, ambas reforzadas por la teología de Pablo. En primer lugar, que la justificación del pecador se basa en la gracia de Dios y que el pecador la acepta mediante la fe; esta idea se tradujo en los principios de la Reforma protestante de Sola gratia y Sola fide. En segundo lugar, que las Escrituras constituyen la revelación autosuficiente de Dios y que la Biblia, no el concilio de la iglesia ni el papa, es la única y definitiva regla de fe y autoridad de la iglesia. Esta idea se encapsuló bajo el principio de Sola scriptura de la Reforma.

Mientras estas ideas iban tomando forma en la mente de Lutero, la venta de indulgencias cerca de Wittenberg de Johann Tetzel inspiró a Lutero a pronunciarse contra la flagrante corrupción de la iglesia publicando sus famosas 95 tesis el 31 de octubre de 1517. Sin embargo, en lugar de presenciar una ola de profunda reforma en la iglesia, Lutero se enfrentó a un tsunami de ataques destinados a quebrantarlo y silenciarlo. En la época de la Dieta de Augsburgo de 1518, Lutero ya consideraba que las Escrituras eran la única base para la fe, la moralidad y la teología. Sin embargo, atrapado entre su creciente popularidad en Alemania y la gran presión del papado, Lutero acordó en 1519 no publicar sus opiniones si sus oponentes se abstenían de atacarlo.

Pero cuando, en 1520, fue atacado repetidamente, Lutero decidió hacer públicos sus llamados a una reforma profunda de la iglesia. Como resultado, Lutero publicó una serie de folletos. En estos folletos, el reformador utilizó las Escrituras para desacreditar (1) el reclamo papal de autoridad absoluta sobre la iglesia y el mundo debido a su jerarquía, y (2) el reclamo de la iglesia de controlar la gracia de Dios mediante sus sacramentos y el sacerdocio. En cambio, Lutero propuso que la iglesia necesita regresar al principio del sacerdocio de todos los creyentes, quienes tienen acceso directo a Dios y su gracia por medio de la fe.

La iglesia de Roma respondió mediante la bula del papa León X de 1520, Exsurge Domine, en la que el papa identificó unos 41 supuestos errores teológicos en los escritos de Lutero. Lutero fue excomulgado ese mismo año y se ordenó quemar sus libros. Lutero respondió de la misma manera: cuando recibió la bula papal en diciembre de 1520, la quemó públicamente. La tensa situación se convirtió en una guerra abierta. Carlos V, el nuevo emperador, intentó poner orden en sus dominios convocando a Lutero a la Dieta en la primavera de 1521, en la Ciudad Imperial Libre de Worms (cerca de la ciudad de Frankfurt), donde Lutero tendría que responder por sus opiniones y actos. El reformador viajaría y asistiría a la Dieta bajo la protección de Federico de Sajonia, el fundador de la Universidad de Wittenberg y defensor de Lutero. Lutero estaba muy motivado para luchar por Dios, como se ilustra en su exclamación antes de viajar a Worms: “Entraré en Worms bajo el estandarte de Cristo contra las puertas del infierno” (Roland H. Bainton, Here I Stand: A Life of Martin Luther [Nashville: Abingdon-Cokesbury, 1950], p. 179).

Lutero llegó a Worms el 16 de abril de 1521 y se le ordenó comparecer ante la Dieta a las cuatro de la tarde del día siguiente. El 17 de abril llevaron a Lutero ante la Dieta. El que presidía procedió directamente a preguntar a Lutero si los libros colocados sobre un escritorio eran suyos y si estaba dispuesto a retractarse de las opiniones escritas en ellos. Al darse cuenta de la importancia del momento y su impacto en el futuro del evangelio, Lutero vaciló y solicitó tiempo adicional para su consideración. Se le concedió la petición y volvió a la Dieta el 18 de abril, a las seis de la tarde.

Su apariencia y su voz diferían del día anterior: estaba muy sereno y su voz sonaba fuerte, confiada. Después de reconocer que los libros apilados ante él eran de su autoría, el reformador explicó que no podía retractarse de las ideas de esos libros porque caían en tres categorías, cada una de las cuales contenía verdades de las que no podía retractarse: (1) la proclamación de enseñanzas cristianas generales, (2) la denuncia de corrupción del papado que estaba oprimiendo a la nación alemana, y (3) la denuncia de corrupción de ciertas personas. Por esta razón, Lutero pidió que le mostraran sus errores mediante las Escrituras, y no por mandatos eclesiásticos.

El coordinador reprendió a Lutero por afirmar que las Escrituras eran la autoridad final, señalando que la iglesia estaría expuesta a la vergüenza si se descubría que estaba equivocada después de tantos siglos de dominio. Por esta razón, el coordinador desafió a Lutero a dar una respuesta directa a la pregunta de si renunciaba a sus obras y enseñanzas. La voz resonante de Lutero proclamó la famosa respuesta: “Puesto que Su Majestad y sus señorías desean una respuesta sencilla, responderé sin cuernos y sin dientes. A menos que me convenzan las Escrituras y la razón llana (no acepto la autoridad de papas ni de concilios, pues se han contradicho mutuamente), mi conciencia es cautiva de la Palabra de Dios. No puedo ni quiero retractarme de nada, porque ir contra la conciencia no es correcto ni seguro. Aquí estoy, no puedo hacer otra cosa. Que Dios me ayude. Amén” (Bainton, Here I Stand: A Life of Martin Luther, p. 185).

Cuando un cristiano sincero, lleno del Espíritu y devoto defiende a Cristo, el mundo entero cambia. Además, Lutero no consumó su defensa de manera llamativa o antinatural. Se puso del lado de la fe. No habló apoyado en su propio poder ni en sus planes; fue a Worms como un condenado a muerte. Pero Lutero habló como soldado de Cristo, revestido de la armadura de Dios. La batalla que fue a luchar no era suya, era la batalla de Dios. Todo lo que necesitaba decir era “Aquí estoy”, y Dios cambió el curso del Gran Conflicto para siempre.

APLICACIÓN A LA VIDA

Pide a los alumnos que mediten personalmente sobre el siguiente conjunto de preguntas mientras las lees en voz alta en clase: Si bien Pablo nos llama a “mantenernos firmes” en el Señor, a veces tropezamos y caemos. Recuerda cuántas veces has caído en el campo de batalla espiritual. Aunque es posible que te hayas caído muchas veces, haz una breve lista de las principales caídas. Analiza los motivos de esas caídas. ¿Qué pieza o piezas de tu armadura cristiana no desplegaste o no utilizaste correctamente? ¿Qué pieza o piezas de la armadura no usaste a tiempo, lo que podría haber contribuido a esos fracasos espirituales? ¿Qué podrías hacer para remediar la situación y volver a levantarte, defender tu posición espiritual y seguir adelante en la batalla, junto a tu familia y junto a tus hermanos y hermanas en tu comunidad de fe? Pide a uno o dos voluntarios que compartan la respuesta a la última pregunta con la clase. Recuerda el aliento de Dios para sus soldados: “Siete veces cae el justo, y se vuelve a levantar” (Prov. 24:16).

Pablo insta a los efesios a ser fuertes “en el Señor” (Efe. 6:10). Por cierto, el uso que hace el apóstol de las expresiones “en él” o “en Cristo” es tan frecuente, que es obvio que forma parte integral del tema principal de la Epístola y del evangelio (ver, por ejemplo, Efe. 1:1, 3, 4, 7, 9-11, 13, 20; 2:6-8, 13, 15, 21, 22; 3:6, 11, 21; 4:21, 32). A la luz de estos versículos, pide a los miembros de la clase que consideren estas preguntas: en tu opinión, ¿qué era lo que más deseaba Pablo comunicar a sus lectores al usar la expresión “en él”? ¿Por qué Pablo insiste en esta expresión? Pide a la clase que considere Juan 15:4 al 8 para elaborar la respuesta.

IA Para Docentes
0 comments… add one

Leave a Comment

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.