Lección 12 Edición Maestros. 1er Trimestre – Vivir en comunión con los demás – Sábado 21 de Marzo 2026

EL SÁBADO ENSEÑARÉ…

RESEÑA

Texto clave: Colosenses 4:6.

Enfoque del estudio: Col. 3:18–4:6.

Colosenses 3:18 a 4:1 contiene una serie de normas de convivencia para el hogar. Pablo resume cómo deben comportarse los cónyuges, los hijos, los padres, los siervos y los amos a la luz del evangelio.

Como veremos, Pablo es imparcial en su exposición. Tiene instrucciones es pecíficas para cada uno de estos grupos y pretende que cumplan con sus deberes como demostración de su fidelidad a Dios. Se espera que las esposas reconozcan y respeten la autoridad de sus maridos “como conviene en el Señor” (Col. 3:18); los hijos deben obedecer a sus padres porque “esto agrada al Señor” (Col. 3:20); y los siervos deben obedecer a sus “amos terrenales […] por respeto a Dios” (Col. 3:22). Notablemente, “Pablo se dirige en cada grupo humano primero a la parte que suele considerarse más vulnerable. Los mandatos dirigidos a esa parte van acompañados de órdenes específicas para quienes tienen más poder para que no abusen de este, sino que lo utilicen sabiamente. Esto favorece que los vulnerables respeten de buen grado a quienes tienen autoridad” (Douglas Mangum, ed., “The Christian Home ([Col.] 3:18–4:1), Lexham Context Commentary: New Testament [Lexham Press, 2020]).

Después de abordar estas cuestiones, Pablo pasa a las exhortaciones específicas sobre la influencia externa que los creyentes pueden ejercer mediante la oración, la sabiduría y la palabra puesta en práctica al presentar su fe a los no creyentes.

La lección de esta semana enfatiza dos temas principales:

1. Los principios bíblicos acerca de las relaciones familiares y laborales.

2. Instrucciones acerca de la oración, el comportamiento sabio y la amabilidad al expresarse.

 

COMENTARIO

Relaciones familiares y laborales basadas en la Biblia

En Colosenses 3:18 a 4:1, Pablo dirige exhortaciones específicas a tres categorías de relaciones humanas. El primer grupo mencionado es el de los cónyuges, porque Pablo quiere subrayar que el matrimonio es la base de toda otra relación humana. La relación matrimonial entre un hombre y una mujer es un tema tan crucial que Pablo lo aborda muchas veces a lo largo de sus cartas (1 Cor. 7:1-7, 27-31; 11:3; Efe. 5:21-33).

La relación entre los cónyuges

El mandato dirigido a las esposas para que reconozcan y respeten la autoridad de sus maridos (Col. 3:18) ha sido objeto de mucho debate. El pasaje paralelo de Efesios 5:22 es casi idéntico: “Casadas, estén sujetas a sus maridos como al Señor”. Sin embargo, antes de hacer esta afirmación, Pablo dice: “Sean sumisos unos a otros en el temor de Dios” (Efe. 5:21). El verbo griego correspondiente a la expresión “estén sujetas” en el versículo 22 no aparece en el texto original. Esta disposición sugiere que el versículo 22 está relacionado con el 21 y debe ser interpretado como parte del mismo contexto. En consecuencia, en cierto sentido, no solo las esposas están llamadas a someterse a sus maridos, sino que estos también están llamados a ser sumisos a sus esposas “por reverencia a Cristo” (Efe. 5:21, NVI).

El mandato de Pablo de que las esposas sean sumisas a sus maridos no debe interpretarse en el sentido de que ellas son inferiores a ellos. Por el contrario, “lo implícito aquí es que la subordinación de la esposa al esposo debe ser vista como subordinación al Señor, pues en la relación matrimonial el esposo refleja al Señor mientras que la esposa refleja a la iglesia” (Lincoln, Ephesians, p. 368). Tanto en Efe sios como en Colosenses, la actitud que se espera de los maridos hacia sus esposas es la misma: “Maridos, amen a sus mujeres” (Efe. 5:25; Col. 3:19). El mandato dirigido a las esposas es casi idéntico en los pasajes paralelos (Efe. 5:22; Col. 3:18). Sin em bargo, el mandato dirigido a los maridos muestra una notable distinción: “Maridos, amen a sus mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella” (Efe. 5:25; ver también Efe. 5:28), y “maridos, amen a sus esposas, y no sean ásperos con ellas” (Col. 3:19). Según lo que se lee en Efesios, se espera que los ma ridos demuestren un amor abnegado, como el que Jesús demuestra por la iglesia.

En Colosenses, el mandato de que los maridos amen a sus esposas va acompa ñado de la instrucción adicional de no “ser ásperos con ellas”. La expresión griega así traducida es pikrain?, que es afín a la palabra pikros, utilizada para describir “una característica atribuida regularmente a un dominio tiránico” (James D. G. Dunn, The Epistles to the Colossians and to Philemon: A Commentary on the Greek Text [Eerdmans, 1996], p. 249). Se espera que las esposas reconozcan voluntariamente la autoridad de sus maridos, así como lo hacen con el Señor.

La relación entre padres e hijos

Las instrucciones de Pablo para los hijos y sus padres se basan en responsabilidades recíprocas, a semejanza de su enfoque previo respecto de los cónyuges. La exigen cia de que los hijos obedezcan a sus padres (Col. 3:20) tiene su origen en el quinto Mandamiento. Este fundamento es evidente en Efesios, donde, tras expresar un mandato prácticamente idéntico (Efe. 6:1), Pablo cita Éxodo 20:12 (ver Efe. 6:2, 3). Se espera que los hijos no solo sean obedientes a sus padres, sino también una fuente de dicha para ellos (Prov. 15:20; 23:24).

A su vez, los padres no deben irritar a sus hijos. Existen diferentes opiniones acerca de qué quiso decir Pablo con el término “irritar” (Col. 3:21). Sin embargo, Elena de White da una idea de su significado al comentar de la siguiente manera las palabras de Colosenses 3:21: “Satanás se complace cuando los padres irritan a sus hijos pronunciando palabras desconsideradas y airadas. Pablo advirtió acerca de esto: ‘Padres, no irriten a sus hijos, para que no se desalienten’. Los hijos pueden estar muy equivocados, pero no se los puede conducir al bien perdiendo la paciencia con ellos (“The Mother’s Work”, Review and Sabbath, 24 de enero de 1907, p. 8).

La relación entre siervos y amos

Por último, Pablo aborda la relación entre siervos y amos. Se espera que unos y otros cumplan con sus deberes a la luz de sus responsabilidades ante Dios. Se dirigen dos mandatos a los siervos. En primer lugar, deben obedecer a sus “amos […] por respeto a Dios” (Col. 3:22). La frase “por respeto a Dios” se entiende co múnmente como el fundamento del mandato. Los esclavos o siervos deben tener presente que, en última instancia, su servicio a un amo terrenal representa su servicio al Señor Jesús (Col. 3:23, 24).

Contrariamente a lo que muchos pueden pensar, la esclavitud en el primer siglo difería considerablemente de la forma practicada en el mundo occidental en tiempos recientes. Por ejemplo, en tiempos del Nuevo Testamento, “los factores raciales no desempeñaban ningún papel; se fomentaba enormemente la educación (algunos esclavos eran más cultos que sus amos) y este factor realzaba el valor del esclavo; muchos esclavos desempeñaban funciones sociales delicadas y de gran res ponsabilidad; podían tener propiedades e incluso esclavos; sus tradiciones religiosas y culturales eran las mismas que las de los nacidos libres; ninguna ley prohibía las reuniones públicas de los esclavos, y la mayoría de los esclavos urbanos y domésticos podían anticipar legítimamente su emancipación a la edad de treinta años” (S. Scott Bartchy, “Slavery: New Testament”, The Anchor Yale Bible Dictionary, eds. David Noel Freedman [Doubleday, 1992], t. 6, p. 66).

Es importante señalar que Pablo no está legitimando la esclavitud, una práctica reprobable en cualquier contexto. Simplemente está reconociendo una caracterís tica de la cultura del primer siglo. La abolición de la esclavitud en el siglo I habría provocado drásticas repercusiones económicas, incluso para los propios esclavos. En este contexto, Pablo ofrece una aguda exhortación a los propietarios de esclavos, instándolos a que traten a quienes trabajan para ellos de manera justa y equitativa (Col. 4:1), por difícil que nos resulte entenderlo actualmente.

Perseverar en la oración, andar sabiamente y hablar de manera agradable

Cabe destacar que las exhortaciones de Colosenses 4:2 al 6 se encuentran luego del material dedicado a las relaciones familiares y laborales. En esta nueva sección, Pablo demuestra su interés en que la comunidad eclesial dé buen testimonio a los no creyentes. Esta secuencia de temas sugiere que, para que el evangelio influya en la sociedad, primero debe moldear la conducta de los integrantes de la iglesia, sobre todo en sus hogares. Según las instrucciones de Pablo en este pasaje, deben seguirse tres pasos para que el evangelio llegue de manera poderosa a quienes no lo conocen:

Primero, perseverar en la oración (Col. 4:2–4)

Si queremos alcanzar a las personas para Cristo, la oración es un excelente punto de partida. En verdad, ¡la oración es la mejor manera de empezar! Pablo incluso pidió a la iglesia que no orara solo por ellos mismos, sino también por él y Timoteo a fin de que tuvieran la oportunidad de predicar.

Segundo, comportarse sabiamente (Col. 4:5)

Como traduce la Nueva Versión Internacional: “Compórtense sabiamente con los que no creen en Cristo, aprovechando al máximo cada momento oportuno”. El verbo traducido como “compórtense” es utilizado regularmente en el Nuevo Testamento para referirse a la conducta. No pocas veces se lo traduce como “vivir” o “andar” (ver, por ejemplo, Mar. 7:5; Rom. 13:13; Col. 2:6; en la NVI).

Tercero, hablar con gracia (Col. 4:6)

Cuando Pablo exhorta a los creyentes a “que su palabra sea siempre agradable”, probablemente se refería a cualidades como la cortesía, la dulzura y la amabilidad para causar una buena impresión en los no cristianos y atraerlos al evangelio de Jesús.

 

APLICACIÓN A LA VIDA

Reflexiona acerca de los siguientes temas y pide a tus alumnos que respondan a las preguntas que aparecen al final de la sección. “Una familia no es simplemente un grupo de personas que viven bajo un mismo techo. Según esa definición, cualquier hotel o prisión podría cumplir esos requisitos. Tampoco es un grupo de personas que tienen el mismo apellido, pues puede haberlas en distintas partes de un mismo país sin que siquiera se conozcan […]. La familia no es simplemente un grupo de individuos, sino uno que está unido por el amor mutuo y porque comparten anhe los, risas y lágrimas, alegrías y tristezas, luchas y respeto mutuo, fe, fidelidad y la búsqueda común de objetivos dignos” (Herschel H. Hobbs, My Favorite Illustrations [Broadman Press, 1990], p. 98).

Nuestras iglesias, como extensiones de nuestros hogares, deben ser lugares donde sea posible encontrar amor, consuelo, respeto y un profundo sentido de pertenencia.

Jesús dijo: “Un mandamiento nuevo les doy: que se amen unos a otros. Que se amen así como yo los he amado. En esto conocerán todos que ustedes son mis discípulos, si se aman unos a otros” (Juan 13:34, 35). Los escritores del Nuevo Tes tamento consideraron esto con seriedad (ver Rom. 13:8; Gál. 5:14; 1 Tes. 4:9; Heb. 13:1; Sant. 2:8; 1 Ped. 1:22; 4:8; 1 Juan 3:23; 2 Juan 5). Al igual que Jesús, Pablo y Santiago también relacionaron la práctica del amor con el cumplimiento de la Ley (ver Rom. 13:8, 10; Gál. 5:14; Sant. 2:8). Nuestros hogares deben ser lugares donde todos revelen este amor por medio de la oración, de caminar sabiamente con el Señor y de comunicarse con gracia.

Preguntas:

1. ¿De qué manera es tu iglesia local una prolongación de tu hogar? ¿Qué puede hacer tu iglesia para fomentar más un espíritu de familia entre sus miembros?

2. Nuestro amor mutuo demuestra que somos discípulos de Cristo. ¿Cómo pueden nuestras iglesias y nuestros hogares revelar más plenamente este amor?

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