Sábado, Junio 14
Precursores
Lee para el estudio de esta semana
Daniel 2: 31-45; Daniel 3: 1-12, 17, 18; Apocalipsis 13: 11-17; Romanos 1: 18-25; Hechos 12: 1-17; Mateo 12: 9-14.
Para memorizar
«Porque no nos ha dado Dios espíritu de timidez, sino de poder, de amor y de dominio propio» (2 Tim. 1: 7).
Esta semana estudiaremos otras dos historias bíblicas que prefiguran los acontecimientos de los últimos días con gran detalle.
En primer lugar, examinaremos el relato de Sadrac, Mesac y Abednego, que contiene alusiones evidentes al capítulo 13 de Apocalipsis. Veremos luego la historia de los apóstoles y la experiencia de los primeros cristianos para comprender lo que nos queda aún por delante hasta el regreso de Cristo.
Ambos ejemplos, el de los tres jóvenes hebreos y el de la iglesia apostólica, ponen de relieve un valor extraordinario y contienen claves para disfrutar de paz espiritual aun en las circunstancias más difíciles.
Jesús dijo una y otra vez cosas como «no temas» y «¿por qué están turbados y suben esos pensamientos a su corazón?». Es importante recordar que el centro de la profecía es Cristo y que debemos por ello ser capaces de escuchar ese mismo mensaje del Señor en las escenas proféticas de los momentos finales de la Tierra. Como dijo a sus discípulos: «No se turbe su corazón. Ustedes creen en Dios, crean también en mí» (Juan 14: 1).
En otras palabras, aunque los eventos de los últimos días serán difíciles para quienes decidan permanecer fieles a Dios, debemos verlos con esperanza, no con temor.
Domingo, Junio 15
Daniel 2 y el enfoque historicista de la profecía
La profecía que aparece en Daniel 2 es una de las más poderosas de toda la Escritura. Casi seis siglos antes de Cristo, el profeta expone la historia del mundo desde la época de Babilonia y a través de Medopersia, Grecia y Roma hasta la fragmentación de esta en lo que son hoy las naciones europeas.
De hecho, la profecía dijo de estas naciones europeas que «se mezclarán por medio de casamientos pero no se unirán el uno con el otro, así como el hierro no se mezcla con la arcilla» (Dan. 2: 43). Esta predicción se ha cumplido asombrosamente. Es decir, a pesar de todo tipo de alianzas matrimoniales entre estas naciones, siguen divididas.
Por ejemplo, la monarquía británica se llama Casa de Windsor, un nombre inglés. Sin embargo, esa designación es relativamente reciente, ya que data de 1917. Antes de eso, la familia se llamaba Casa de Sajonia-Coburgo y Gotha, un nombre claramente alemán, pues muchos miembros de la realeza británica, al mezclarse «por medio de casamientos», eran parientes consanguíneos de los alemanes. Sin embargo, esos lazos de sangre no bastaron para mantenerlos alejados de la guerra, ya que durante la Primera Guerra Mundial y en un intento de desvincularse de sus odiados enemigos, cambiaron su nombre por el de Casa de Windsor.
Lee Daniel 2: 31 al 45. ¿Cuál fue el sueño de Nabucodonosor y cómo lo interpretó Daniel?
Todas las profecías apocalípticas de Daniel siguen la base establecida en Daniel 2. Es decir, la secuencia de un imperio mundial tras otro hasta que Dios establece su reino eterno (ver Dan. 2: 44; 7: 13, 14). En otras palabras, esas profecías anunciaban una serie ininterrumpida de imperios desde la antigüedad hasta el fin de la historia, incluyendo nuestros días. Este enfoque o interpretación historicista de las profecías surge de los textos mismos y es crucial para comprender los acontecimientos de los últimos días, particularmente los descritos en Apocalipsis.
¿Cómo demuestra Daniel 2 que Dios no solo conoce el futuro sino también tiene, en última instancia, el control de este?
Lunes, Junio 16
La adoración de la imagen
La atención que Nabucodonosor prestó a Daniel y a su Dios en un principio, cuando estaba aún impresionado por lo que se le reveló (ver Dan. 2, especialmente los versículos 46-48), no duró mucho.
Lee Daniel 3: 1 al 12. ¿Qué implica el hecho de que la estatua fuera solo de oro y que el rey exigiera que se la adorara?
El rey subrayó su desafío al mensaje de Dios construyendo una estatua que estaba hecha solo de oro. ¿Cuál era el mensaje? Que Babilonia nunca caería y que Nabucodonosor siempre sería rey. Quienquiera que se atreviera a desafiar esa idea sería ejecutado. Esto sirve como un poderoso recordatorio de que nuestro deseo humano de autodeterminación puede cegarnos e impedir que aceptemos la verdad acerca de cómo se desarrollará el Gran Conflicto.
En algunos aspectos, Nabucodonosor muestra características similares a las de Lucifer, ya que era ambicioso, engreído y tan orgulloso que se atrevió a rebelarse abiertamente contra la autoridad de Dios. En otros aspectos, por supuesto, hay marcadas diferencias. Nabucodonosor aceptó finalmente al Dios verdadero y es probable que lo encontremos en el Reino que tanto desafió.
Lee en Daniel 3: 17 y 18 las desafiantes palabras dirigidas por los tres jóvenes hebreos al rey. ¿Qué nos enseña esto?
Piensa en lo fácil que habría sido para estos tres jóvenes buscar una excusa para evitar esta peligrosa situación. ¿No sería acaso una muestra de fanatismo dejarse quemar vivos por no ofrecer una simple reverencia? ¿No podrían haber fingido, inclinándose para ajustar su calzado mientras oraban a Dios? ¿Valía realmente la pena lo que les esperaba? Pensaban obviamente que sí, aunque lo que dijeron mostraba que eran conscientes de que era muy probable que morirían.
¿Cómo podemos evitar las racionalizaciones que comprometen nuestra fe? ¿Qué dice el siguiente texto acerca de una tentación similar: «El que es fiel en lo muy poco también en lo más será fiel; y el que en lo muy poco es injusto también en lo más será injusto» (Luc. 16: 10)?
Martes, Junio 17
Otra imagen y la orden de adorarla
Hace tiempo que los estudiosos de la Biblia ven la conexión entre Daniel 3 y lo que Apocalipsis enseña acerca de los eventos finales. Efectivamente, la orden de «adorar la imagen» o morir (Dan. 3: 15) refleja lo que el Apocalipsis enseña acerca de la orden de rendir culto a una imagen so pena de muerte. «Se le permitió infundir aliento a la imagen de la primera bestia, para que la imagen pudiera hablar y dar muerte a todo el que no adore a la imagen de la bestia» (Apoc. 13: 15).
Lee Apocalipsis 13: 11 al 17; 14: 9, 11 y 12; 16: 2; 19: 20; y 20: 4. ¿Qué contraste hay aquí que implica un conflicto entre los mandamientos de Dios y los del hombre?
El pueblo de Dios está llamado a adorar «al que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas», es decir, al Creador, en contraposición con la bestia y su imagen. Los tres jóvenes hebreos se negaron, ante una amenaza similar, a adorar a otro que no fuera el Dios Creador. Por lo tanto, por diferentes que sean las circunstancias entre la orden de adorar la imagen en la llanura de Dura en oposición al Creador y lo que sucederá en todo el mundo con el llamado a rendir culto a la imagen de la bestia y no al Creador, el principio es el mismo.
Lee Romanos 1: 18 al 25 (observa el vínculo existente entre Romanos 1: 18 y Apocalipsis 14: 9 y 10 acerca de «la ira de Dios»). En vista de ello, ¿de qué manera la adoración de la imagen de la bestia es solo otra manifestación del mismo principio en juego, el de quién debe ser objeto de la lealtad de los seres humanos?
Adorar no significa única o necesariamente inclinarse ante una imagen y ofrecerle incienso. Adoramos aquello a lo que en última instancia somos leales. Cuando consideramos quién es nuestro Dios Creador y lo que ha hecho por nosotros al redimirnos por medio de Jesús, nos damos cuenta de que es el único que merece ser adorado. Todo lo demás es idolatría. Tal vez esto ayuda a comprender las severas palabras de Jesús: «El que no está conmigo, está contra mí; y el que conmigo no recoge, desparrama» (Mat. 12: 30). Los acontecimientos finales van a ser simplemente una manifestación dramática de esta verdad.
Miércoles, Junio 18
La persecución a la iglesia primitiva
Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento contienen ejemplos de precursores de los acontecimientos finales. La vida no fue fácil para los cristianos del primer siglo. Primero fueron odiados por muchos de sus propios correligionarios, quienes los consideraban una amenaza para la fe de Moisés. También se enfrentaron a la ira del pagano Imperio Romano. «Los poderes de la Tierra y del infierno se coligaron contra Cristo en la persona de sus seguidores. El paganismo previó que, de triunfar el evangelio, sus templos y sus altares serían derribados; por lo tanto, reunió sus fuerzas para destruir el cristianismo. Se encendieron los fuegos de la persecución» (Elena G. de White, El conflicto de los siglos, p. 43).
El libro de Hechos registra una historia que ilustra poderosamente lo que el pueblo de Dios puede esperar a medida que nos dirigimos hacia el escenario descrito en Apocalipsis 13.
Lee Hechos 12: 1 al 19. ¿Qué elementos de esta historia podrían prefigurar los acontecimientos de los últimos días?
Santiago había sido decapitado y Pedro habría de ser el siguiente, pues existía la pena de muerte contra los cristianos. Quizás uno de los aspectos más notables de esta historia sea el hecho de que Pedro dormía tan profundamente, durante la que debería haber sido para él la peor noche de su vida, que el ángel tuvo que golpearlo para que despertara.
Pedro fue milagrosamente puesto en libertad y se dirigió a una reunión de creyentes que, paradójicamente, dudaban de que hubiera sido liberado aunque estaban orando por ello. La Biblia dice que quedaron atónitos, lo que nos llama a reflexionar acerca de cuántas veces oramos sin confiar demasiado en que Dios nos responderá.
Algunos creyentes se salvaron durante aquella persecución, mientras que otros fueron asesinados. A medida que nos acercamos al final de los tiempos, sucederá lo mismo. Incluso Pedro, aunque fue librado en esa ocasión, murió finalmente por su fe. Jesús mismo le anunció cómo moriría: «Te aseguro: “Cuando eras más joven, te ceñías e ibas a donde querías. Pero cuando seas anciano, extenderás tus manos y otro te ceñirá, y te llevará a donde no quieras”. Dijo esto para dar a entender de qué muerte había de glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: “Sígueme”» (Juan 21: 18, 19).
Tras anunciar a Pedro cómo moriría, Jesús le dijo: «Sígueme». ¿Qué debería decirnos esto acerca de por qué ni siquiera el riesgo de la muerte debería impedirnos seguir al Señor?
Jueves, Junio 19
La marca de la bestia
Puesto que ciertos acontecimientos finales –como el decreto de muerte y la imposición de la marca de la bestia– aún no han sucedido a pesar del paso del tiempo, algunos han expresado dudas e incluso escepticismo acerca de nuestra interpretación de los eventos finales, incluyendo el papel central del sábado y del domingo en la etapa final del Conflicto.
El libro de Apocalipsis es claro: adoramos al Creador o a la bestia y a su imagen. Y, dado que el séptimo día, el sábado semanal, es desde el Edén mismo la señal de Dios como Creador (ver Gén. 2: 1-3), no debería sorprender que el sábado ocupe un lugar central en la adoración al Creador. Además, no es coincidencia que el poder representado por la bestia del mar sea el mismo que afirma haber cambiado el mandamiento que ordena observar el sábado como día de adoración al Creador por el domingo, lo cual no es autorizado por la Biblia. Con estos antecedentes en mente, la idea de que el sábado y el domingo intervendrán en la cuestión de la adoración, ya sea al Creador (ver Apoc. 14: 6, 7) o a la bestia, tiene mucho sentido. Además, tenemos en el Nuevo Testamento un precursor acerca de la cuestión del sábado, o séptimo día, como día de adoración en contraposición con la ley humana.
Lee Mateo 12: 9 al 14 y Juan 5: 1 al 16. ¿Por qué quisieron los líderes religiosos matar a Jesús?
En Mateo 12: 9 al 13, ¿cómo respondieron los líderes religiosos cuando Jesús sanó en sábado al hombre que tenía una mano seca? «Pero los fariseos salieron y conspiraron contra Jesús para matarlo» (Mat. 12: 14). ¿Matar a alguien a causa del sábado? En Juan 5: 1 al 16, después de otra curación milagrosa realizada en el séptimo día, los líderes «perseguían a Jesús, y procuraban matarlo, porque hacía estas cosas en sábado» (Juan 5: 16).
¿Muerte por causa de la tradición humana? Nada en la Biblia prohibía sanar en sábado, así como tampoco ningún texto establece el domingo en lugar del sábado como día de reposo. Aunque la cuestión específica allí descrita no es la misma que en los acontecimientos finales, se parece bastante: la ley humana en oposición a la de Dios. En ambos casos, la ley cuestionada tiene que ver con el sábado bíblico.
¿Morir por guardar uno de los mandamientos de Dios? ¿Qué excusa podrías considerar «razonable» para transigir?
Viernes, Junio 20
Para estudiar y meditar
Lee el capítulo titulado «La liberación del pueblo de Dios» en las páginas 619 a 633 del libro El conflicto de los siglos, de Elena G. de White.
«En todos los tiempos Dios se valió de santos ángeles para socorrer y librar a su pueblo. Los seres celestiales tomaron parte activa en los asuntos de los hombres. Aparecieron con vestiduras que relucían como el rayo; vinieron como hombres con atuendo de caminantes. Hubo casos en que aparecieron ángeles en forma humana a los siervos de Dios. Descansaron bajo los robles al mediodía como si hubiesen estado cansados. Aceptaron la hospitalidad en hogares humanos. Sirvieron de guías a viajeros extraviados. Con sus propias manos encendieron el fuego del altar. Abrieron las puertas de las cárceles y libertaron a los siervos del Señor. Vestidos de la armadura celestial, vinieron para quitar la piedra del sepulcro del Salvador.
«A menudo suele haber ángeles en forma humana en las asambleas de los justos, y visitan también las de los impíos, como lo hicieron en Sodoma, para tomar nota de sus actos y para determinar si excedieron los límites de la paciencia de Dios. El Señor se complace en la misericordia; y por causa de los pocos que le sirven verdaderamente, mitiga las calamidades y prolonga el estado de tranquilidad de las multitudes. Los que pecan contra Dios no se dan cuenta de que deben la vida a los pocos fieles a quienes les gusta ridiculizar y oprimir» (Elena G. de White, El conflicto de los siglos, pp. 614-615).
Preguntas para dialogar:
Lee 2 Timoteo 1: 7. Analiza los aspectos de la profecía que más te han preocupado. ¿Cómo podemos librarnos del temor y encontrar el mensaje de esperanza de Dios aun en medio de las profecías que se refieren a la persecución por causa de la fe?
Aunque en este momento puede ser difícil ver cómo el sábado y el domingo podrían convertirse en el epicentro de los acontecimientos finales, nota cuán rápidamente puede cambiar el mundo. ¿Qué debería enseñarnos esto acerca de no basar nuestra fe en los acontecimientos actuales, que pueden cambiar en un instante, sino solo en la Palabra de Dios?
Piensa en Daniel 2 (e incluso en Dan. 7). Todos los imperios surgieron y desaparecieron exactamente como fue predicho. Desde nuestra perspectiva actual, solo queda un reino por aparecer. ¿Cuál es y por qué podemos estar seguros de que surgirá así como fue anunciado?




