Lección 11 Edición Maestros. 2do Trimestre – Contratiempos – Sábado 13 de Junio 2026

EL SÁBADO ENSEÑARÉ…

RESEÑA

Texto clave: Job 42:5, 6.

Enfoque del estudio: Gén. 50:20; Rom. 8:28; Job 10:9; 13:15; 19:23-27; Luc. 24:13-35.

Génesis 50:20

20Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo.

 

Romanos 8:28

28Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Job 10:9

9Acuérdate que como a barro me diste forma;

Job 13:15

15He aquí, aunque él me matare, en él esperaré; No obstante, defenderé delante de él mis caminos,

 

Job 19:23-27

23¡Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas! ¡Quién diese que se escribiesen en un libro;

24Que con cincel de hierro y con plomo Fuesen esculpidas en piedra para siempre!

25Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo;

26Y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios;

27Al cual veré por mí mismo, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mi corazón desfallece dentro de mí. ¿Y en polvo me has de volver?

 

Lucas 24:13-35

13Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén.

14E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido.

15Sucedió que mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó, y caminaba con ellos.

16Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen.

17Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes?

18Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días?

19Entonces él les dijo: ¿Qué cosas? Y ellos le dijeron: De Jesús nazareno, que fue varón profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo;

20y cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron.

21Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido.

22Aunque también nos han asombrado unas mujeres de entre nosotros, las que antes del día fueron al sepulcro;

23y como no hallaron su cuerpo, vinieron diciendo que también habían visto visión de ángeles, quienes dijeron que él vive.

24Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron así como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron.

25Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!

26¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?

27Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.

28Llegaron a la aldea adonde iban, y él hizo como que iba más lejos.

29Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos.

30Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio.

31Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista.

32Y se decían el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?

33Y levantándose en la misma hora, volvieron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos, y a los que estaban con ellos,

34que decían: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón.

35Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan.

 

Como cristianos fieles, tenemos buenas razones para confiar en que Dios nos protegerá del mal. De hecho, él ha prometido guardarnos y bendecirnos (Núm. 6:24). Además, nos esforzamos por honrarlo en todo lo que hacemos para no perder esta bendición ni reclamarla con presunción. Sin embargo, es posible que padezcamos enfermedades y suframos injusticias y opresión en esta vida. En esos momentos, clamamos a Dios pidiendo ayuda.

No somos los únicos que recurrimos a Dios durante los momentos oscuros de la vida. La Biblia registra el caso de numerosos hombres y mujeres de Dios que sufrieron y clamaron pidiendo ayuda. El libro de Salmos está repleto de súplicas de personas piadosas que invocan a Dios para que los libre del mal (Sal. 71:4; 97:10). El libro de Job en particular ilustra este fenómeno. Aunque Job era un hombre fiel y piadoso, sufrió numerosas tribulaciones y pesares. Él no entendía la razón de su sufrimiento. Angustiado, clamó a Dios ante lo que parecía ser una gran injusticia. Su caso merece nuestra atención precisamente por esta razón. Job experimentó la gracia de Dios en los extremos opuestos de la felicidad y el dolor. Dentro de los límites de esos dos extremos que delinearon su difícil conflicto, Job aprendió a tener esperanza.

 

COMENTARIO

La experiencia de la gracia. El libro de Job comienza con una nota enfática acerca de las grandes virtudes de Job. Según el escritor bíblico, el patriarca era “intachable y recto” (Job 1:1). Era, además, considerado “el más grande de todos los orientales” (Job 1:3). Incluso Dios da testimonio de la singularidad de Job: “¡No hay otro como él en la tierra!” (Job 1:8). Según esa valoración, era un hombre perfecto. No obstante, al final del libro, Job confiesa que, aun cuando fue juzgado como “intachable” o perfecto, su relación con Dios se encontraba solo en una etapa primitiva: “De oídas te había conocido” (Job 42:5). Añade entonces que “ahora”, después de su experiencia de sufrimiento, “mis ojos te ven” (Job 42:5). Por lo tanto, Job reconoce que había algo que le impedía ver a Dios inicialmente. ¿Qué era?

Una lectura atenta del texto bíblico, y en particular el uso repetido de la palabra hebrea jinam, que significa “por nada”, o “gratis”, nos ayudará a responder esa pregunta. Dicha palabra aparece por primera vez en el libro cuando Satanás responde al elogio divino de la piedad de Job: ¿Sirve Job a Dios “de balde [jinam]?” (Job 1:9). El argumento de Satanás fue que Dios era demasiado protector con Job. Para demostrar su punto, le propuso un desafío: Déjame tocar sus pertenencias; es decir, quitarle “todo lo que tiene” (Job 1:11). Satanás estaba seguro de que Job pecaría. Dios permitió que las posesiones de Job quedaran al alcance devastador del poder de Satanás. Una incursión de los sabeos, fuego del cielo (“un rayo”, NVI) y un gran viento devastaron su propiedad (Job 1:13-19). Como resultado, Job perdió todo lo que tenía. Pero, aunque lamentó su pérdida, no pecó (Job 1:22).

En respuesta a la acusación de Satanás contra Dios de poner una valla protectora alrededor de Job, el Señor utiliza la misma palabra (jinam) cuando le dice: “Tú me has incitado contra él, para destruirlo sin causa [jinam]” (Job 2:3). Job confirma esta idea cuando utiliza el mismo término más adelante en su clamor a Dios por sus penurias, que se multiplican “sin causa” (Job 9:17).

Esta palabra, que deriva del vocablo jen (“gracia”), es, por lo tanto, clave en la experiencia de Job. Por una parte, el patriarca sufre “sin causa”. Por otra, es acusado de servir a Dios por motivos egoístas, porque desea prosperidad. Esta acusación de Satanás también se refleja en las sospechas de los amigos de Job (Job 34:9; 35:3). De hecho, el propio Job parece suscribir esta idea cuando enumera sus buenas obras (Job 29:12-17; 31:1) y anuncia su expectativa de ser recompensado por ellas (Job 29:18). Sin embargo, lo que faltaba en la relación de Job con Dios era la experiencia de la gracia. Job tuvo que pasar por el sufrimiento “sin causa”, “gratuitamente”; es decir, sin esperanza de ningún beneficio, para comprender el don inmerecido de la gracia divina.

El problema del sufrimiento. El libro de Job enfatiza el hecho de que Satanás es quien inicia el sufrimiento en la humanidad (Job 1:12). Dios mismo afirma la responsabilidad de Satanás por el sufrimiento de Job (Job 2:6). Elena de White es muy clara acerca de quién fue el culpable del sufrimiento de Job: “La historia de Job había mostrado que el sufrimiento es infligido por Satanás” (El Deseado de todas las gentes, p. 436). Jesús también atribuye el sufrimiento al Enemigo (Mat. 13:28; comparar con Luc. 13:16). ¿Se equivocó entonces Job al sugerir que Dios era responsable de su sufrimiento?

A lo largo del libro, Job atribuye a Dios la responsabilidad por su opresión (Job 10:3) y de haberlo “desmenuzado” (Job 16:12). El patriarca incluso argumenta: “Si no lo hace él, ¿entonces quién?” (Job 9:24, NVI). Sin embargo, al final del libro, Dios responde a las afirmaciones de Job enumerando sus obras creadoras (Job 38, 39). Dios se defiende de la afirmación de Job de que él es el destructor afirmando que, por el contrario, él es el Creador. Por lo tanto, cuando Job sitúa a Dios en el origen del sufrimiento, en realidad está expresando la afirmación monoteísta de que solo hay un Dios, un poder, que es el responsable último de todo lo que sucede a la humanidad. El Señor expresa esta idea a través de Moisés con las siguientes palabras: “Yo soy, y no hay dios fuera de mí. Yo quito la vida y doy la vida; yo hiero y yo sano” (Deut. 32:39). Esta paradoja caracteriza la esencia y la calidad de la fe de Job, quien dice: “Aunque Dios me mate, en él esperaré” (Job 13:15). Él tenía la convicción de que tanto lo bueno como lo malo provenía de Dios (Prov. 16:4), pues conocía la realidad de la bondad y la gracia del Señor y confiaba en él independientemente de las circunstancias y las situaciones adversas de la vida (Gén. 50:20; Rom. 8:28).

La visión de la resurrección. Bildad, uno de los amigos de Job, prácticamente lo acusó de ser un malvado que no conocía a Dios y merecía lo que estaba padeciendo (Job 18). Pero Job le respondió: “Yo sé que mi Redentor vive” (Job 19:25) y “en mi carne veré a Dios” (Job 19:26). En estos dos versículos, Job afirma su certeza de que resucitará al final de los tiempos, cuando “mi Redentor [que] vive […] al fin se levantará sobre la tierra” (Job 19:25). Así, Job extrae de su condición atormentada la siguiente paradoja de esperanza: “Después de deshecha mi piel, en mi carne veré a Dios” (Job 19:26).

En este versículo, Job no se refiere a una experiencia existencial que estuviera ocurriendo en su vida. Tampoco se refiere a la supervivencia de una naturaleza inmortal que se separe del cuerpo en ocasión de la muerte para llevar una existencia independiente. El hecho del que habla concierne a “la tierra” y —desde su perspectiva histórica— es un acontecimiento escatológico situado en el futuro lejano. La palabra hebrea que usa para referirse a ese momento futuro es ‘ajaron, que significa “último” o el último día. Este acontecimiento no es otro que la resurrección de los muertos, momento en el que Job verá a Dios, su Redentor, en su “carne” (Job 19:26); es decir, con sus propios ojos (Job 19:27).

Haciéndose eco nuevamente de las últimas palabras de Bildad (Job 18:21), Job concluye, irónicamente, su discurso con esta advertencia: “Para que sepan que hay un juicio” (Job 19:29). La esperanza de Job en su resurrección está así relacionada con el Día del Juicio, tal como ocurre en el libro de Daniel (Dan. 12:1-3). Jesús recordó esta esperanza a Marta el día de la resurrección de Lázaro (Juan 11:23). Y Pablo predicó de la bendita esperanza a quienes la negaban (1 Cor. 15:12-19). Esta esperanza es el último mensaje de la Biblia: la única solución al problema del mundo es la creación por parte de Dios de “un cielo nuevo y una tierra nueva”, en los que “no habrá más muerte, ni llanto” (Apoc. 21:1, 4).

 

APLICACIÓN A LA VIDA

Orientación para el maestro: Las siguientes preguntas pueden ser analizadas con toda la clase o en pequeños grupos. Si decides dividir la clase en grupos, concédeles suficiente tiempo para dialogar acerca de la pregunta que les toque y para que los alumnos puedan compartir sus ideas al final de la clase. Anima también a los alumnos a participar durante la semana siguiente en uno o varios de los ejercicios que se enumeran a continuación. Invítalos luego a compartir su experiencia con la clase el sábado siguiente. ¿Cómo fortaleció su fe la actividad realizada? ¿Cómo los acercó a Jesús?

Preguntas para dialogar
¿Cómo consolarías a quienes sufren sin una razón aparente, como sucedió con Job?
¿Cómo responderías a quienes cuestionan la piedad y la devoción religiosa de las personas enfermas?
¿Seguiría tu fe siendo inquebrantable si Dios no sanara a un ser querido enfermo por quien oraras?
¿Estás dispuesto a expresar gratitud a Dios aun en medio de una situación penosa (enfermedad, fracaso en un examen, etc.) y aunque hayas hecho todo lo posible para evitarla?
¿Culpas a las personas pobres por su condición? Explica tu respuesta.
¿Cómo respondes a quienes afirman que mereces tus fracasos? ¿Qué opinas de la idea según la cual Dios responderá a todas nuestras oraciones de acuerdo con nuestras expectativas y que el éxito siempre coronará la vida del pueblo de Dios?
¿Por qué la nueva Creación por parte de Dios es la única solución a nuestros problemas personales y a los de un mundo herido por el mal?
Actividades
Escribe un mensaje de consuelo y esperanza, y envíalo a la familia de un ser querido o de un amigo fallecido.
Comparte tu testimonio acerca de alguna situación dolorosa en la que hayas experimentado la gracia de Dios. Aprende a dar gracias a Dios en todas las circunstancias de la vida.
Visita a un amigo enfermo o a alguien que esté padeciendo una dolencia terminal. ¿Qué palabras de consuelo y esperanza compartirás con esa persona?

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