Lección 10 edicion Adultos: EL PAPEL DE LA MAYORDOMÍA – Para el 10 de marzo de 2018

Sábado 3 de marzo

LEE PARA EL ESTUDIO DE ESTA SEMANA: GGénesis 6:13-18; Colosenses 1:16-18;
Hebreos 4:14-16; 1 Pedro 1:15, 16; 3 Juan 3; Apocalipsis 14:6-12…

PARA MEMORIZAR:
“Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación” (1 Tes. 4:7).

Debido a la profundidad y la extensión de la mayordomía, es fácil perderse en la visión de conjunto, obstruida por tangentes y desbordada por su enormidad. La mayordomía es sencilla pero, a la vez, compleja y, por lo tanto, se la puede malinterpretar fácilmente. Sin embargo, ni el cristiano ni la iglesia pueden existir o funcionar sin ella. Ser cristiano es también ser un buen mayordomo.
“No es una teoría ni una filosofía, sino un programa de trabajo. En verdad es la ley de la vida cristiana. […] Es necesaria para una comprensión adecuada de la vida, y es básica para una experiencia religiosa verdadera y vital. No es simplemente una cuestión de asentimiento mental, sino que es un acto de la voluntad, y una transacción definitiva y decisiva que afecta todo el perímetro de la vida” (Froom, 1929, p. 5). ¿Cuáles son algunos de los principios fundamentales de lo que implica ser un mayordomo cristiano? Esta semana analizaremos aún más el papel que desempeña la mayordomía en la vida cristiana. No obstante, lo haremos mediante una interesante analogía: la rueda de un carro.

 

Domingo 4 de marzo

CRISTO COMO EL CENTRO

Jesús es la figura central en toda la Biblia (Juan 5:39), y necesitamos vernos a nosotros mismos en relación con él. Él pagó el castigo por el pecado y dio “su vida en rescate por muchos” (Mar. 10:45). Jesús tiene toda autoridad en el cielo y en la tierra (Mat. 28:18), y todas las cosas están en sus manos (Juan 13:3). Su nombre es más sublime que todos los demás y, un día, toda rodilla se inclinará ante él (Fil. 2:9-11). “Jesús es el centro viviente de todas las cosas” (Ev, p. 140). Cristo es el corazón de nuestra mayordomía y la fuente de nuestro poder. Gracias a él, tenemos una vida digna de ser vivida, y demostramos ante todos que él es el eje central de nuestra vida. Pablo pudo haber experimentado
muchas pruebas pero, sin importar dónde estuviera o lo que le sucediera, tenía una prioridad en su vida: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Fil. 1:21).
Lee Colosenses 1:16 al 18; Romanos 8:21; y 2 Corintios 5:17. ¿Qué nos dicen estos versículos acerca de cuán importante es Jesús en todo aquello que se relaciona con nosotros?
No existe una mayordomía auténtica sin que Cristo sea nuestro núcleo principal (Gál. 2:20). Él es el centro de “la esperanza bienaventurada” (Tito 2:13), y “él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten” (Col. 1:17). Así como el eje es el centro de la rueda y, por lo tanto, lleva el peso de un carro, Cristo es el centro de la vida del mayordomo. Así como un eje sólido proporciona estabilidad, y permite que las ruedas giren, Jesús es también el centro fijo y estable de nuestra existencia cristiana (Heb. 13:8). Su influencia debe afectar todo lo que pensamos y hacemos. Todos los aspectos de la mayordomía giran alrededor de Cristo y encuentran su centro en él. “Porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). El centro de la mayordomía no es un hueco vacío, sino la realidad del Cristo vivo, que obra en nosotros para moldear nuestros caracteres ahora y para la eternidad. Una cosa es decir que Jesús es el centro de nuestra vida, y otra cosa es vivirlo. ¿De qué
manera puedes estar seguro de que Jesús verdaderamente vive en ti, como promete que lo hará si tan solo le permitimos entrar?

 

Lunes 5 de marzo

LA DOCTRINA DEL SANTUARIO

No solemos pensar en el Santuario en el contexto de la mayordomía. Sin embargo, el vínculo existe porque el Santuario es muy importante para nuestro sistema de creencias, y la mayordomía forma parte de ese sistema. “La correcta comprensión del ministerio [de Cristo] en el Santuario celestial
es el fundamento de nuestra fe” (Ev, p. 165). Es imperativo que comprendamos el papel de la mayordomía a la luz de este concepto bíblico. Primera de Reyes 7:33 describe la rueda de un carro. Ilustraremos la doctrina del Santuario como el eje de la rueda. El buje se une al eje y proporciona
más estabilidad a la rueda cuando esta gira. Luego de haber experimentado la muerte y una resurrección victoriosa (2 Tim. 1:10), Cristo es, por su muerte, el fundamento de su obra en el Santuario (Heb. 6:19, 20) y provee la estabilidad para nuestra fe. Y es desde el Santuario que ministra en nuestro favor aquí en la tierra (ver Heb. 8:1, 2). “Al colocarse de parte del principio de sola Scriptura, el adventismo bíblico construye su sistema doctrinal desde la perspectiva general de la doctrina del santuario” (Canale, 2013, pp. 104, 105).
¿Qué nos dicen estos versículos acerca del ministerio de Jesús en el Santuario? 1 Juan 2:1; Heb. 4:14-16; Apoc. 14:7. La doctrina del Santuario ayuda a revelar la gran verdad de la salvación y la redención, que es el núcleo de toda la teología cristiana. En el Santuario terrenal, no solo vemos la muerte de Cristo en nuestro favor, sino también su ministerio en el Santuario celestial. También podemos ver, en el Lugar Santísimo, la importancia de la Ley de Dios y la realidad del juicio final. Un
aspecto fundamental de todo esto es la promesa de la redención que la sangre derramada por Jesús pone a nuestra disposición.
El papel de la mayordomía refleja una vida arraigada en la gran verdad de la salvación, tal como se revela en la doctrina del Santuario. Cuanto más profundamente entendemos lo que Cristo ha hecho por nosotros, y lo que hace en nosotros ahora, más nos acercamos a Cristo, a su ministerio, a su misión, a sus enseñanzas y a su intención para aquellos que aplican los principios de
mayordomía en su vida. Lee Hebreos 4:14 al 16. ¿Qué encontramos allí que nos puede servir en
nuestra lucha contra el pecado, el yo y el egoísmo? ¿De qué modo podemos obtener fuerza y esperanza de lo que se nos promete?

 

Martes 6 de marzo

CREENCIAS DOCTRINALES CRISTOCÉNTRICAS

El Santuario es esencial porque es donde la gran verdad de la salvación se expresa de una forma muy poderosa; es donde se revela el significado de la cruz. Y todas nuestras doctrinas, de una manera u otra, deben estar vinculadas a la promesa y la salvación del evangelio. Al igual que los rayos de la rueda, las demás doctrinas salen de la gran verdad de la salvación por la fe en Jesús.
“El sacrificio de Cristo como expiación por el pecado es la gran verdad alrededor de la cual se agrupan todas las otras verdades. […] Los que estudian el admirable sacrificio del Redentor crecen en gracia y conocimiento” (CBA, t. 5, p. 1111).
¿Qué quiso decir Jesús al referirse a sí mismo como “la verdad”, en Juan 14:6? Compara con Juan 17:17. ¿Qué haremos con la verdad? 3 Juan 3. Nuestras creencias doctrinales inciden en quiénes somos y en la dirección en la que vamos. Las doctrinas no son solo ideas teológicas abstractas; toda verdadera doctrina está arraigada en Cristo y todas deberían impactar, de diversas maneras, en la forma en que vivimos. De hecho, alguien podría decir, justificadamente, que nuestra identidad como adventistas del séptimo día está arraigada en nuestras enseñanzas doctrinales más que en cualquier
otra cosa. Las enseñanzas que obtenemos de la Biblia, entonces, son las que nos convierten en quienes somos como adventistas del séptimo día.
El papel de la mayordomía es vivir la verdad doctrinal como es en Jesús, y hacerlo de una manera que afecte positivamente nuestra calidad de vida. “En verdad le habéis oído, y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el
espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efe. 4:21-24).
En este pasaje, encontramos lo que significa no solo conocer la verdad, sino vivirla. Ser un mayordomo no solo es creer en las doctrinas, por más ciertas que esas doctrinas sean, sino también es vivir esas verdades en nuestra vida y en nuestra interacción con los demás.

 

Miércoles 7 de marzo

EL MENSAJE DE LOS TRES ÁNGELES

Dios le advirtió al mundo solo dos veces sobre una catástrofe venidera: una vez a Noé (Gén. 6:13-18; Mat. 24:37); y a través del mensaje de los tres ángeles (Apoc. 14:6-12). Estos mensajes descorren una cortina para revelar una perspectiva única sobre los acontecimientos mundiales futuros. Nuestra comprensión de estos mensajes ha madurado con el tiempo, pero el mensaje y la misión siguen siendo la justificación por la fe en Cristo, “ciertamente el mensaje del tercer ángel” (Ev, p. 143). En otras palabras, en el centro de nuestro mensaje de la verdad presente, el mensaje que hemos sido llamados a proclamar al mundo, están Jesús y su gran sacrificio por nosotros. Lee Apocalipsis 14:6 al 12. ¿Cuál es la esencia de estos mensajes? ¿Qué le están diciendo al mundo? ¿Qué responsabilidad recae sobre nosotros en relación con estos mensajes, y cuál es el lugar de la mayordomía?
Como adventistas del séptimo día, nuestra misión es presentar la verdad del mensaje de los tres ángeles, en preparación para la segunda venida de Cristo. La gente debe poder tomar una decisión en relación con la eternidad. El papel de la mayordomía es una asociación con Dios en la misión (2 Cor.
5:20; 6:1-4). “En un sentido muy especial, los adventistas del séptimo día han sido colocados en el mundo como centinelas y transmisores de luz. A ellos ha sido confiada la tarea de dirigir la última amonestación a un mundo que perece.
La Palabra de Dios proyecta sobre ellos una luz maravillosa. Una obra de la mayor importancia les ha sido confiada: proclamar los mensajes del primero, segundo y tercer ángeles. Ninguna otra obra puede ser comparada con esta y nada debe desviar nuestra atención de ella” (TI, t. 9, p. 17).
El borde de una rueda está a punto de hacer contacto con el suelo y representa la misión del mensaje de los tres ángeles. Esa misión es protegernos contra las desviaciones teológicas e identificar nuestra responsabilidad en los acontecimientos de los últimos días. Debemos ser mayordomos de este
mensaje y proclamarlo al mundo. Es demasiado fácil, cuando pensamos en los acontecimientos de los últimos días, quedar atrapados entre gráficos y fechas. Estos tienen su lugar, pero al tratar de predicar
este mensaje al mundo, ¿de qué forma podemos asegurarnos de mantener a Jesús y su sacrificio por nosotros en un lugar protagónico?

 

Jueves 8 de marzo

LA MAYORDOMÍA

Cristo quiere que llevemos una vida santa. Su vida ilustra la “santidad” y lo que debe ser la mayordomía por excelencia (Heb. 9:14). Debemos administrar nuestra vida de una manera que sea agradable a Dios, incluyendo la manera en que manejamos todo lo que se nos ha confiado. La mayordomía es una expresión de esa santidad. Compara 1 Pedro 1:15 y 16 con Hebreos 12:14. ¿Qué significa “sed santos” y “santidad”? ¿De qué forma se relaciona esto con nuestra mayordomía?
Los romanos descubrieron que una rueda de carro duraba más si se colocaba una banda de hierro alrededor de la llanta. El artesano calentaba el metal para expandirlo lo suficiente como para deslizarlo sobre el borde. El agua fría lo encogía y la banda quedaba bien ajustada. Entonces, al girar la
rueda, la banda de hierro entraba en contacto con el camino. La banda de hierro en la llanta puede representar el concepto de mayordomía.
Este es el momento de la verdad, donde nuestra vida espiritual roza con nuestra vida práctica. Cuando nuestra fe resuelve los altibajos de la vida a través de éxitos y fracasos. Es donde nuestras creencias se vuelven reales en las agitadas contiendas de la vida cotidiana. La mayordomía es el envoltorio externo de lo que somos y hacemos. Es un testigo de nuestra conducta y de una vida bien administrada. Nuestras acciones diarias que revelan a Cristo son como el hierro en la rueda que toca el camino.
Las acciones son poderosas y tenemos que controlarlas mediante nuestro compromiso con Cristo. Deberíamos vivir con esta seguridad y promesa: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Fil. 4:13).
“La santificación del alma mediante la obra del Espíritu Santo es la implantación de la naturaleza de Cristo en la humanidad. La religión del evangelio es Cristo en la vida; un principio vivo y activo. Es la gracia de Cristo revelada en el carácter y forjada en buenas obras. Los principios del evangelio no
pueden desconectarse de ninguna fase de la vida práctica. Todo aspecto de la vida y de la labor cristianas debe ser una representación de la vida de Cristo” (PVGM, p. 316). Observa tu vida cotidiana, tu existencia cotidiana. ¿Qué parte de ella revela la realidad de Cristo en ti, que obra en ti, haciendo de ti un nuevo ser? ¿Qué decisiones conscientes necesitas tomar para ver que su santidad se manifieste verdaderamente en tu vida?

 

Viernes 9 de marzo

PARA ESTUDIAR Y MEDITAR:

A veces, había que reajustar las bandas de hierro de las ruedas del carro debido al estiramiento causado por el metal que golpeaba contra el camino.Este reajuste requería muchos golpes y martillazos duros sobre la banda de hierro. Esta reparación de la banda de hierro representa la mayordomía como santificación práctica. Es tener la mente de Cristo al responder a cada aspecto
grande o pequeño de la vida, incluso cuando el proceso pueda ser duro y doloroso. Ya sea que este proceso se relacione con el uso del dinero, nuestras relaciones familiares o el empleo, por nombrar algunos, todo debe adaptarse a la voluntad de Cristo. A veces, como todos muy bien sabemos, solo podemos aprender esta lección mediante algunos golpes duros. No es fácil reparar el hierro. Tampoco es fácil reparar el carácter humano. Piensa en la experiencia de Pedro. Él había ido a todas partes con Jesús, pero no se esperaba estas palabras de los labios de Cristo: “Yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Luc. 22:32). No mucho después, luego de negar a Jesús, Pedro experimentó un cambio en su vida, pero solo después de una experiencia muy difícil y dolorosa. En cierto sentido, su mayordomía se restableció. Pedro se reconvirtió y su vida tomó una nueva dirección; pero solo después de sufrir algunos martillazos concretos.

PREGUNTAS PARA DIALOGAR:
1. ¿Qué tiene que ver la santificación práctica con la enseñanza de Jesús: “Niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Luc. 9:23)? ¿Qué quedó crucificado (Gál. 6:14)? ¿En qué sentido esto ilustra el proceso de la santificación? ¿De qué forma la santificación práctica nos ayuda a aprender a pensar como Dios (1 Cor. 2:16)?
2. Según tu experiencia, ¿en qué medida las pruebas duras pueden enseñarnos lecciones poderosas acerca de la vida cristiana y sobre cómo seguir al Señor? Ayuda que los otros miembros de la clase se sientan cómodos al hablar de esas experiencias y de lo que han aprendido. ¿Qué podemos aprender de las experiencias de los demás?
3. Piensa en otras creencias que tenemos como adventistas del séptimo día, como el sábado, el estado de los muertos, la creación, la segunda venida y otras. ¿De qué manera estas creencias debieran impactar en la conducta de nuestra vida en general?

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  • NECESITAMOS CONSAGRAR NUESTRAS VIDAS A DIOS PARA ESTAR PREPARADOS PARA EL GRAN DIA FINAL

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