Jonathan Gallagher Lección 9. – Herederos de las promesas, cautivos de la esperanza (4T 2025 Lecciones de Josué acerca de la fe)

Lección 9. Herederos de las promesas, cautivos de la esperanza(4T 2025Lecciones de Josué acerca de la fe)

Textos bíblicos:Gén. 3:17–24; Deut. 6:3; Josué 13:1–7; Heb. 12:28; Lev. 25:1–5, 8–13; Eze. 37:14, 25; Zacarías 9:12.

 

Citas

  1. Mi futuro es tan brillante como las promesas de Dios. — Adoniram Judson
  2. Durante la segunda guerra de Israel con el Líbano, Israel envió algunas excavadoras al otro lado de la frontera hacia el sur del Líbano, entonces ocupado por fuerzas israelíes. Estaban trasladando tierra del sur del Líbano al norte de Israel para rellenar zonas bajas y así darle a Israel una mejor posición defensiva en el futuro contra ataques desde el norte. Después de la guerra, se armó un gran revuelo en las Naciones Unidas por el movimiento de esa tierra. Los musulmanes libaneses la consideraban sagrada; pero ahora, también lo hacían los judíos israelíes.
    Al final, la ONU exigió a Israel devolver la tierra a su lugar de oriGén. ¡Con gran dificultad podríamos inventar algo más absurdo e infantil! Pablo no se preocupa por quién posee la tierra porque, aunque Dios usó la tierra en un tiempo para mostrar la veracidad de su promesa y los buenos beneficios de estar en pacto con Él, ahora ya no se trata de la tierra. Se trata de la fe en Jesucristo. ¿Quién necesita la tierra cuando tienes la salvación en Cristo? — David Fry
  3. No hay medicina como la esperanza, ningún incentivo tan grande, y ningún tónico tan poderoso como la expectativa de lo que vendrá mañana. — O. S. Marden
  4. Rechazar la esperanza es mutilar el mensaje del Nuevo Testamento sobre la salvación, en el cual cada elemento es esencial para el conjunto. — Oscar Cullmann

Para debatir
¿Cómo revela la historia de Josué y los israelitas en la Tierra Prometida lo que Dios había planeado y el resultado real? ¿Cómo aseguramos que lo que esperamos no sea visto como un simple “castillo en el aire” para un futuro lejano? ¿De qué manera son condicionales las promesas de Dios? ¿Cómo encaja todo esto en el esquema de la gran controversia? ¿Somos adventistas o desertores?

Resumen bíblico
Génesis 3:17–24 describe las dolorosas consecuencias de la Caída. Deuteronomio 6:3 es la promesa de Dios sobre la Tierra Prometida. En Josué 13:1–7 Dios se le aparece a Josué en su vejez para recordarle que aún quedan partes de Canaán por conquistar, y que Él mismo expulsará a los cananeos. Nosotros hemos de recibir un reino inconmovible (ver Hebreos 12:28). Levítico 25:1–5, 8–13 habla de la observancia del sábado en la Tierra Prometida. En Ezequiel 37:14, 25 Dios promete a los israelitas que regresarán a su propia tierra. Zacarías 9:12 habla de los “prisioneros de esperanza.”

Comentario
«Si sois de Cristo, entonces sois descendencia de Abraham, y herederos según la promesa.” (Gálatas 3:29). «Para que, justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.” (Tito 3:7). «Porque todas las promesas de Dios son en Cristo “sí”, y en él “amén”.” (2 Corintios 1:20).
Nuestro Dios es un Dios que promete, y sus promesas no fallan. Nosotros heredamos lo que Él promete, tal como lo hicieron los israelitas al entrar en la Tierra Prometida. Pero este ejemplo también muestra el elemento condicional: Dios no obliga a las personas a aceptar sus promesas, y si ellas se apartan de Él, no puede cumplir sus promesas en ellas. La primera generación que salió de Egipto no entró a la Tierra Prometida bajo Josué debido a la incredulidad, por su rechazo repetido de Dios. La conclusión final de la gran controversia será la culminación de las promesas de Dios, el momento cuando «El reino del mundo ha venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo, y él reinará por los siglos de los siglos.” (Apocalipsis 11:15). De la misma manera que los israelitas esperaban entrar y poseer la Tierra Prometida, nosotros también esperamos la tierra que Dios prometió, donde podremos vivir para siempre. «Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.” (2 Pedro 3:13).

Como comunidad de esperanza, necesitamos reconocer de dónde venimos y cuál es nuestro futuro. No podemos sentir orgullo de nosotros mismos, pues no pudimos salvarnos solos. Todo es obra de Dios.
Y como resultado «hemos venido a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.” Para nosotros, en palabras del proverbio inglés: “En la tierra de la esperanza nunca hay invierno.” Porque somos «prisioneros de esperanza” (Zacarías 9:12), comprometidos con esa gloriosa promesa de Dios mismo. Es una esperanza que nos da significado y propósito, un destino con nuestro Creador y Redentor: «Porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los hombres.” (1 Timoteo 4:10). Y «teniendo, pues, tal esperanza, hablamos con mucha confianza.” (2 Corintios 3:12). Así que: «Echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado.” (1 Timoteo 6:12). Pero, al final, ¿qué es lo que más nos preocupa? ¿Nosotros y nuestra estrategia de escape? ¿O Dios y la resolución de toda la gran controversia? Sin duda tenemos un papel que desempeñar.

Y Jesús conocía la clase de personas que somos, por eso dedicó tanto tiempo a prepararnos, a advertirnos, a darnos señales en el camino. Pero, en última instancia, todo se trata de Dios y de cómo nos relacionamos con Él. Él logrará la armonía universal, con nosotros o sin nosotros. Anhela profundamente poner fin a todo, venir —«He aquí, yo vengo pronto”, nos dice. No permitamos ni por un momento pensar que Dios es reacio a terminar con el dolor, el sufrimiento y la muerte, o que tiene menos interés que nosotros en restaurar su gobierno de verdad y justicia. Pero hay un proceso, y nosotros también formamos parte de él, para que finalmente todos sepamos, de un modo u otro, cuáles son sus respuestas a todas las acusaciones, a todas las tergiversaciones, a todas las mentiras y calumnias—y que Él quede suprema y plenamente vindicado en toda su admirable humildad. La esperanza futura es lo que nos hace una comunidad en el presente. ¿Por qué? Porque «El futuro pertenece a quienes pertenecen a Dios. Eso es esperanza.” (W. T. Purkiser).

Comentarios de Elena de White
Esta bienaventurada esperanza de la segunda venida de Cristo necesita ser presentada a menudo al pueblo, con todas sus solemnes realidades; el esperar la pronta aparición de nuestro Señor Jesús en su gloria llevará a considerar las cosas terrenales como vanidad y nada. Todo honor o distinción mundanos carecen de valor, porque el verdadero creyente vive por encima del mundo; sus pasos avanzan hacia el cielo. Es un peregrino y extranjero. Su ciudadanía está en lo alto. {SpTA01b 40} Esta esperanza no defrauda. Ese es el sentido de la expresión: “la esperanza no avergüenza” en Romanos 5:5. La verdadera esperanza no nos engaña; no quedamos avergonzados al tener que admitir que no hemos recibido aquello de lo cual hablábamos tan confiadamente. Muchas veces nos hemos sentido incómodos cuando nos han preguntado por algo que esperábamos recibir y de lo cual habíamos hablado. Nos sentimos desilusionados, y preferiríamos que el asunto se olvidara.

Tal vez sentimos un poco de vergüenza por nuestro entusiasmo anterior y no nos gusta que se mencione. Pero nada de esto ocurre cuando tenemos “la bienaventurada esperanza” que viene con la experiencia de la justificación por la fe. {RH, 24 de junio de 1902} Entonces aparta tus ojos de ti mismo, y fomenta la esperanza y la confianza en Cristo. Que tu esperanza no esté centrada en ti, sino en Aquel que ha entrado tras el velo. Habla de la bienaventurada esperanza y de la gloriosa aparición de nuestro Señor Jesucristo. {RH, 9 de junio de 1896} Estamos esperando la segunda venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. No solo hemos de creer que el fin de todas las cosas está cerca. Hemos de estar llenos del espíritu del advenimiento, de modo que cuando el Señor venga nos encuentre listos para recibirlo, ya sea trabajando en el campo, construyendo una casa o predicando la Palabra; listos para decir: “¡Este es nuestro Dios! Le hemos esperado, y Él nos salvará” (Isaías 25:9). {10MR 388}

Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2025
Traducción: Shelly Barrios De Ávila

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