Lección 9. El pecado, el evangelio y la Ley
(2T 2026 Creciendo en nuestra relación con Dios)
Textos bíblicos:Juec. 14; Mar. 9:42–48; Rom. 3:20; Mat. 5:17, 18; Rom. 3:28; Mat. 7:24–29; Sal. 119:93, 94.
Citas
- El cristianismo hoy está en crisis, en gran parte porque se ha presentado como una religión de personas buenas que se vuelven mejores, cuando en realidad es una religión de personas malas que enfrentan su incapacidad de ser buenas. William McDavid
- Aquellos que pasan del evangelio a la ley no están mejor que aquellos que pasan de la gracia a la idolatría. Martin Luther
- Nuestro pecado es lo que nos separa de Dios, pero es nuestra justicia propia lo que nos impide correr hacia Él para recibir la gracia que Él da voluntariamente a todos los que vienen. Paul David Tripp
- Estamos tan hundidos en el pecado y tan apegados al mundo, que nunca nos volveríamos a Dios ni buscaríamos la salvación, a menos que Él primero nos llamara por su gracia. Sin un llamado divino, nadie puede ser salvo. J. C. Ryle
- Si crees lo que te gusta del evangelio y rechazas lo que no te gusta, no es el evangelio lo que crees, sino a ti mismo. Augustine
- No es una gran fe, sino una fe verdadera la que salva. Y la salvación no está en la fe, sino en Cristo en quien la fe confía. C. H. Spurgeon
Para debatir
¿Por qué unir el pecado, el evangelio y la ley? ¿Qué aspectos ayudan en nuestra relación con Dios? ¿Qué aprendemos sobre cómo relacionarnos con Dios a partir de historias como la de Sansón y Dalila? ¿Cuál es el papel de la ley? ¿Cómo podemos definir mejor el pecado de una manera que nos ayude a evitarlo? ¿Qué nos dicen todos estos aspectos acerca de Dios, especialmente en el contexto del gran conflicto?
Resumen bíblico
Jueces 14 relata el matrimonio de Sansón con Dalila, una mujer filistea. En Marcos 9:42–48, Jesús advierte contra hacer caer a otros en pecado. “Nadie es justificado delante de Dios por cumplir la ley; la ley solo nos ayuda a reconocer lo que realmente es el pecado” (Romanos 3:20).
Jesús dice que vino a cumplir la ley en Mateo 5:17, 18. “Concluimos que las personas son justificadas por la fe y no por las obras de la ley” (Romanos 3:28). Es sabio seguir las palabras de Jesús, dice en Mateo 7:24–29. Las instrucciones de Dios traen vida, dice el Salmo 119:93, 94.
Comentario
La verdadera pregunta es: “¿qué es el evangelio?” La discusión sobre formas y ceremonias, por ejemplo, en Gálatas, muestra cuán fácilmente las buenas noticias de Dios y acerca de Dios pueden ser pervertidas en algo diferente. Y cualquier cosa que no sea las buenas noticias de Dios es una perversión del evangelio.
Pablo lo vio con mucha claridad. Pero¿qué hay de nosotros? ¿Cómo ayudamos a las personas a venir y descubrir al Dios del evangelio? ¿Cuándo fue la última vez que realmente ayudé a alguien a tener una vida más abundante en Jesús? Es la pregunta que nos incomoda a todos. Porque toca nuestra comodidad, invade nuestra zona de confort y nos hace enfrentar la realidad de este mundo y lo que Dios quiere hacer a través de nosotros. Piensa en lo que dijo Jesús: Vayan por todo el mundo y hagan discípulos. Si me han visto a mí, han visto al Padre. He venido a buscar y salvar lo que se había perdido. Pongan la otra mejilla. Den también su manto y su túnica. Den su dinero a los pobres.
Invitaciones a servir en la comunión de la amistad—porque Jesús ya no nos llama siervos, sino amigos. Amigos en la difusión de su evangelio de buenas noticias, buenas noticias que es el god-spel, el antiguo término anglosajón que originalmente significaba la historia de Dios. Demasiado a menudo la historia trata sobre nosotros. Y no contamos la historia correcta. Seguramente es tiempo de dejar de centrarnos en nosotros mismos y volver a Dios. Entregar de nuevo lo que más valoramos—toda la necedad del mundo que ha invadido nuestras vidas—y cambiarla por el tesoro que no se oxida ni se corrompe. Es tiempo de predicar no a nosotros mismos, sino a Jesucristo, con todo lo que dijo, significó e hizo; y dejar atrás nuestra vida pecaminosa. Pecado. Aunque puede definirse de diferentes maneras, Romanos 14:23 ofrece una de las ideas más profundas. Una traducción literal de ese versículo es: “todo lo que no proviene de la confianza es pecado”. Cada vez que dejamos a Dios y seguimos nuestro propio camino, sin confiar en Él, estamos pecando. El pecado es tanto ignorar como oponerse a Dios. La fe es confiar en Dios, tener confianza en Él. Entonces, ¿cuál es lo opuesto a la fe? La desconfianza, no tener confianza en Dios. Así, esta definición se resume en algo como: el pecado es no confiar en Dios.
Desconfiar de Dios para actuar en tu vida. No creer lo que Él dice. Pregunta: ¿cuándo pecó Eva por primera vez—cuando tomó y comió el fruto, o cuando confió en el diablo y desconfió de Dios cuando el diablo dijo: “No morirán”? Ese es el verdadero corazón del pecado: una actitud de desconfianza hacia Dios, de sospecha hacia Él; una que dice: “Dios, puedo creer en ti, incluso puedo ir a la iglesia regularmente y profesar ser un buen cristiano, pero en realidad no quiero tu
ayuda, no confío en ti para que estés conmigo en mi vida.” El pecado es una actitud antagonista, un espíritu de rebelión que nos separa de Dios. Nos hemos alejado de Dios, hemos levantado una barrera entre Él y nosotros, y como niños caprichosos nos negamos a volver al único que realmente puede ayudarnos. Así que, en desesperación, Dios rompió esa barrera y vino a nosotros, para pedirnos que le permitamos llevarnos de regreso a casa. Nuestro espíritu de rebelión egoísta es transformado por nuestro Dios amoroso, si se lo permitimos.
Somos hechos de nuevo por Dios como una nueva creación. ¡Lo viejo pasó, lo nuevo ha llegado! ¿Cómo? Mediante la acción de Dios de reconciliarnos con Él su reconciliación. Él nos reconcilió consigo mismo, no tomando en cuenta nuestra actitud pecaminosa, rehaciéndonos en su bondad. Porque el problema está en nosotros no en Dios. Él no necesitaba reconciliarse con nosotros; somos nosotros, como rebeldes, quienes necesitamos reconciliarnos con Él. Es la ley la que nos muestra nuestra rebelión. Pero, como Pablo dice repetidamente, no es la ley la que nos justifica delante de Dios. Solo Él puede hacerlo. La ley simplemente muestra nuestros errores y fallas, ya que revela los principios de Dios y cómo nos quedamos cortos en la manera en que vivimos nuestras vidas. La respuesta siempre debe ser confiar en Dios y en su gracia transformadora, no en intentar hacernos buenos mediante la observancia legal.
Comentarios de Elena de White
La comprensión del pueblo de Dios ha sido cegada, pues Satanás ha distorsionado el carácter de Dios. Nuestro bueno y bondadoso Señor ha sido presentado delante de la gente revestido de los atributos de Satanás, y hombres y mujeres que han estado buscando la verdad, han considerado a Dios durante tanto tiempo bajo un aspecto falso, que es difícil despejar la nube que oscurece a la vista de ellos la gloria de Dios. Muchos han estado viviendo en una atmósfera de dudas, y parece casi imposible que se aferren de la esperanza presentada ante ellos en el
Evangelio de Cristo… {FO 82} La rebeldía de Satanás, cual testimonio perpetuo de la naturaleza y de los resultados terribles del pecado…
De este modo la historia del terrible experimento de la rebeldía sería para todos los seres santos una salvaguardia eterna destinada a precaverlos contra todo engaño respecto a la índole de la transgresión, y a guardarlos de cometer pecado y de sufrir el castigo consiguiente. {CS 489.2} En el cielo no se sirve con espíritu legalista. Cuando Satanás se rebeló contra la ley de Jehová, la noción de que había una ley sorprendió a los ángeles casi como algo en que no habían soñado antes. En su ministerio, los ángeles no son como siervos, sino como hijos. Hay perfecta unidad entre ellos y su Creador. La obediencia no es trabajo penoso para ellos. El amor a Dios hace de su servicio un gozo. {DMJ 94.1} Cristo vino a nuestro mundo para presentar el carácter de Dios tal como está representado en su santa ley, porque su ley es una copia de su carácter. Cristo era tanto la ley como el Evangelio {2MS 121.4}
Preparado y escrito por: ©Jonathan Gallagher 2025
Traduccion; Shelly Barrios De Ávila




