Leccion 9. ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!(1T 2024— El libro de los Salmos)
Textos bíblicos:Salmos 23; Juan 10:11–15; Salmos 22; Salmos 89:27–32; Col. 1:16;
Salmos 2; Heb. 7:20–28; Salmos 118:22, 23. (Curiosamente, el título procede de Salmos 118:26, al que en realidad no se hace referencia en esta lección).
Citas
• Los adventistas deben preguntarse continuamente al contemplar los actos de Dios en la historia -incluido este acto [la segunda venida]- ¿Qué significan? ¿Qué está tratando de decirnos Dios al actuar de esta manera? Los actos de Dios en la
historia son ventanas a la realidad más allá de la historia. Jack Provonsha, Dios
está con nosotros
• Vino por ti. Lo dejó todo y vino pequeño y sin anunciarse, deslizándose en el mundo que creó en la oscuridad de la noche. Emmanuel, Cristo viene por nosotros, para estar con nosotros. Kaitlyn Buchillon
• Amar a nuestros enemigos parece una locura. Pero para aquellos de nosotros que amamos y adoramos a un Dios que entra en nuestro propio quebranto, que sufrió con nosotros y por nosotros… tal vez deberíamos dirigirnos hacia esa locura. Joseph Stucker
Para debatir
¿Dónde estaríamos si Dios no viniera por nosotros? ¿Cuál es la mejor manera de hablar de Jesús, que viene en nombre del Señor? ¿Por qué la multitud pasó tan
repentinamente de alabar a Dios a condenar a muerte a Jesús? ¿De qué manera los salmos nos señalan a un Dios muy implicado con nosotros? ¿Respondió el Padre al grito de desolación de Jesús desde la cruz?
Resumen bíblico
El Salmo 23 es muy conocido y es un himno de alabanza a un Dios que cuida. Juan 10:11-15 continúa con la imagen del buen pastor. El Salmo 22 es una súplica de David a Dios para que le rescate, y fue citado por Jesús desde la cruz. El Salmo 89:27-32 es la promesa de Dios a David y a sus descendientes. Según Col. 1:16, el Hijo creó todo. El Salmo 2 habla de cómo Dios se burla de los reyes de la tierra que se le oponen. Heb. 7:20-28 nos dice que Jesús es nuestro sumo sacerdote celestial. El Señor ha hecho esto, ¡y nos parece maravilloso!”. Sal. 118:22, 23
Comentario
“Bendito el que viene en nombre del Señor” procede del Salmo 118:26, y es utilizado por la multitud para celebrar la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén en Mateo 21:9. Aunque esta es una referencia específica al papel de Jesús, los salmos incluyen muchas referencias a Dios como el que viene a nosotros. Es Dios quien nos busca, quien viene a ayudarnos y sanarnos, quien es el que quiere estar con nosotros. En el corazón del mensaje del amor de Dios en Jesús está que el Hijo de Dios vino a mostrarnos cómo es Dios realmente, a ser nuestra salvación, a responder a las preguntas de la gran controversia. Vino del cielo (Juan 3:13, 6:38, “de lo alto” Juan 8:23), vino a la tierra y a la humanidad caída. Esa es la mayor verdad del Evangelio. No tenemos que acercarnos a Dios, lo cual es imposible, en cualquier caso. Él viene a nosotros. Viene a nosotros donde estamos. Viene para que Dios esté con nosotros y nos salve. “He venido… a llamar… a los pecadores al arrepentimiento” dice Jesús (Lucas 5:32). Esa es la verdad del acercamiento de Dios a nosotros en la persona de Jesucristo.
Jesús vino a representarnos a Dios y a revelar su verdadera naturaleza en respuesta a las tergiversaciones de Satanás. Al asumir nuestra humanidad, Jesús pudo responder a las acusaciones del Acusador, y hacer claro e inconfundible en su vida el carácter de Dios. Al venir a redimir a la humanidad caída, Jesús mostró al Universo que miraba al Padre que anhelaba abrazar a sus hijos pródigos arrepentidos que regresaban.
Esta es la promesa del Dios que viene a nosotros. Desde que el Señor Dios vino a hablar con el hombre y la mujer en el jardín, Dios viene a nosotros. Gran parte de lo que entendemos por Dios se expresa en esta idea de que viene a nuestro encuentro. Dios vino a Abraham, Isaac y Jacob y habló con ellos. Moisés se encontró con el Dios que vino en la experiencia de la zarza ardiente, y en el Sinaí. Todo el registro de la experiencia de Israel fue la de un Dios activo que iba con ellos, participando en toda su historia. Dios vino y estuvo visiblemente presente en el Éxodo, un hecho que se repitió una y otra vez para animar a Israel en tiempos posteriores. La venida de Dios es un tema que recorre todo el Antiguo Testamento, especialmente en los salmos, hasta el último versículo (Malaquías 4:6). El Dios de Israel viene, viene a recompensar, a juzgar, a completar su obra. Viene a ayudar, a corregir, pero sobre todo viene a salvar.
Es Dios quien viene a nosotros, caminando sobre las aguas, para aquietar la tempestad y calmar todos sus terrores. Es Dios quien nos orienta, quien nos muestra el camino a seguir, el camino a casa, viajando con nosotros por el camino. Y es Dios quien busca y encuentra a los perdidos, quien salva a los moribundos, quien da la verdadera libertad en lugar de nuestra equivocada peregrinación.
En su último viaje a Jerusalén, Jesús dijo a sus discípulos que se adelantaran y le buscaran un burro para montar. Esto era muy inusual: Jesús no solía preocuparse por tener que montar. ¿Por qué esta vez era especial? Porque Jesús quería dejar claro a todo el mundo su mensaje y su misión. La gente sabía lo que significaba montar en un burro: era lo que hacía un rey cuando iba a ser coronado.
Cuando Jesús entró en Jerusalén montado en el asno, la gente extendió sus mantos por el suelo y gritó alabanzas. “Alabado sea el rey que viene en nombre del Señor”, gritaban. “¡Gloria al cielo!”, y así sucesivamente. Esta fue la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Venía como un rey. Me pregunto qué esperaba la gente. Tal vez esperaban una revolución contra los romanos… Al menos querían algún tipo de cambio, sabiendo qué clase de rey sería Jesús…
Pero como siempre ocurre, algunas personas no estaban contentas. No les gustaba lo que gritaban las multitudes porque eso hacía de Jesús no sólo un rey venidero, sino alguien con las bendiciones del cielo, ¡incluso divino! Le dijeron a Jesús que impidiera que la gente dijera esas cosas.
Pero Jesús les dijo: “¡Si se callan, hasta las piedras gritarán!”. En otras palabras, este no es un día en el que se pueda impedir que la gente celebre. Si nadie reconocía esta llegada del rey, dijo Jesús, ¡entonces las piedras tendrían que
celebrarlo porque era muy importante! Pero a medida que Jesús se acercaba a la ciudad de Jerusalén comenzó a llorar, porque sabía lo que iba a suceder. Estaba triste porque la gente de la ciudad no aprovecharía su oportunidad de salvación, venía la destrucción.
Una entrada triunfal sí, pero con tristeza al ver Jesús el camino que le esperaba. El
Dios que viene no siempre es bien recibido…
Comentarios de Elena de White
Dios se acerca para suplir todas las necesidades: la verdadera felicidad puede encontrarse en el esfuerzo desinteresado por ayudar a quienes lo necesitan. Dios ayuda a los débiles y fortalece a los que no tienen fuerzas. En los campos donde las pruebas y los conflictos y la pobreza son mayores, los obreros de Dios deben tener mayor protección. A los que trabajan en el fragor del conflicto, Dios les dice: “El Señor es tu sombra, a tu derecha…” {Comentario Bíblico Adventista, vol. 3, p. 1153.7} Nuestro Señor se adapta a nuestras necesidades especiales. Es una sombra a nuestra derecha. Camina cerca de nosotros, dispuesto a suplir todas nuestras necesidades.
Se acerca mucho a los que le sirven de buena gana. Conoce a cada uno por su nombre. {Comentario Bíblico Adventista, vol. 3, p. 1153.8}
De la palabra de Dios ha de resplandecer una luz preciosa, y que nadie se atreva a
dictar lo que debe o no debe presentarse al pueblo en los mensajes de iluminación que Él envíe, apagando así el Espíritu de Dios. Cualquiera que sea su posición de autoridad, nadie tiene derecho a ocultar la luz al pueblo. Cuando llega un mensaje en nombre del Señor a su pueblo, nadie puede excusarse de investigar sus afirmaciones.{CSW 28.1}
Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2024
Traducción: Shelly Barrios De Ávila




