Lección 7. La oración
(2T 2026 Creciendo en nuestra relación con Dios)
Textos bíblicos:1 Rey. 19:1–18; Mat. 6:5–8; Luc. 11:2–4; Mat. 6:5–15; Dan. 9:4–19; Rom. 8:26, 27; Sal. 62:8.
Citas
- Todo cristiano necesita media hora de oración cada día, excepto cuando está ocupado; entonces necesita una hora. Francis de Sales
- Tengo tanto que hacer que dedicaré las primeras tres horas a la oración. Martin Luthe
- Hay una gran diferencia entre decir oraciones y orar. John G. Lake
- Preferiría poder orar que ser un gran predicador. Jesucristo nunca enseñó a sus discípulos cómo predicar, sino solo cómo orar. D. L. Moody
- ¿Por qué es tan importante que estés con Dios y solo con Dios en la cima de la montaña? Es importante porque es el lugar donde puedes escuchar la voz de Aquel que te llama amado. Orar es escuchar a Aquel que te llama “mi hija amada”, “mi hijo amado”, “mi amado”. Orar es permitir que esa voz hable al centro de tu ser, a lo más profundo, y dejar que esa voz resuene en todo tu ser. Henri Nouwen
- Algunos de los mayores regalos de Dios son oraciones no respondidas. Garth Brooks
- ¿Es la oración tu volante o tu rueda de repuesto? Corrie Ten Boom
Para debatir
¿Cómo podemos hacer que nuestra vida de oración sea más significativa? ¿Qué quiso decir Pablo con “orar sin cesar”? ¿Cuál debe ser nuestro objetivo al orar? ¿Qué tan personales e íntimas son nuestras conversaciones con Dios? ¿Hasta qué punto debemos dejar que otros sepan de nuestras oraciones por ellos? ¿Cómo podemos evitar el mal uso de la oración, especialmente en relación con otros?
Resumen bíblico
1 Reyes 19:1–18 es la historia de la depresión de Elías después de las amenazas de Jezabel y el ánimo que Dios le dio al recordarle que aún tenía 7,000 seguidores. Jesús da consejos sobre cómo orar en Mateo 6:5–8 y Lucas 11:2–4. Mateo 6:5–15 incluye el Padre Nuestro. Daniel 9:4–19 es la oración de Daniel a Dios en favor de su pueblo. Romanos 8:26, 27 nos dice que el Espíritu Santo intercede por nosotros. “Pueblo mío, confiad siempre en él. Derramad delante de él todo vuestro corazón, porque él es nuestro refugio” (Salmo 62:8).
Comentario
Si Jesús sintió la necesidad de orar, ¿qué hay de nosotros? Jesús comprendía la importancia de la oración y dedicaba mucho tiempo a hablar con su Padre. Aunque deseaba ministrar a todos, también reconocía que esto era físicamente imposible. Establecía límites—predicaba desde una barca cuando la multitud era demasiado grande, y se apartaba junto con sus discípulos para descansar, y también pasaba tiempo a solas en oración, recibiendo fortaleza de su Padre celestial.
La oración es muy mal comprendida. El formalismo que ha invadido la oración, convirtiéndola en cantos y mantras, frases conocidas y líneas repetitivas, hace que muchas veces “hagamos” oraciones en lugar de realmente decir lo que sentimos. Imagina cómo reaccionaría uno de tus amigos si le dijeras que vas a “hacer” una conversación con él o ella…
En Juan 14, Jesús describe el corazón de su misión: mostrarnos al Padre. Una vez que vemos a Dios en Cristo, entonces podemos tener confianza en un Dios digno de confianza y desear pasar tiempo aprendiendo de Él y compartiendo nuestra vida con Él. “Venid luego, y razonemos juntos”, nos dice Dios. Porque esto es lo que deben ser nuestras oraciones: hablar con Dios como con un amigo. El deseo de Dios es que entendamos—y eso es lo que obtenemos a través de nuestras oraciones reflexivas.
El concepto de mediador a menudo se menciona en relación con la oración. ¿Cómo entiendes este término? ¿Podría ser que pensamos en Jesús como mediador porque tenemos una visión pobre de nuestro Padre celestial y queremos a alguien en medio? Ciertamente esta ha sido la idea de algunos, incluso quizás de la mayoría, a lo largo de la historia… De hecho, ¿podría ser esta la razón de las oraciones a María o a los santos, porque Dios es visto como demasiado santo, distante u hostil? Necesitamos asegurarnos de entender que no era Dios el Padre quien necesitaba ser reconciliado.
En realidad, fue su deseo de que regresáramos a Él, de reconciliarnos, lo que llevó a la venida de Jesús a la tierra en primer lugar.
Al hablar con nuestro Señor amoroso como con un amigo, tomemos en serio estas palabras y practiquemos lo que predicamos. Porque, ¿qué sentido tiene pasar por todos los rituales, “decir” oraciones, cuando perdemos la maravillosa oportunidad de conversar con el Dios del universo? “La oración de Cristo a su Padre, contenida en el capítulo diecisiete de Juan, debe ser nuestro credo de iglesia.” Elena de White, Lift Him Up, p. 296. En lugar de 28 creencias fundamentales, elegir Juan 17, dice Elena de White. Esto presenta un contraste con lo que usualmente escuchamos…
En Juan 17, Jesús ora por sus discípulos, para que sean uno—y podemos aplicar esto a la iglesia. Como se menciona a menudo, la unidad no es uniformidad. Todos somos individuos únicos, con toda la diversidad que Dios aprecia. No pensamos de la misma manera ni vemos las cosas igual. Pero esto no debería destruir la unidad que tenemos juntos en Cristo. Como dice Gálatas 3:28, todos somos uno en Cristo Jesús, aunque tengamos diferentes etnias, posiciones sociales y género.
Se nos anima a vivir una vida digna de nuestro llamado. Nuestro llamado es a la única esperanza en Cristo. En esta esperanza estamos unidos; reconocemos que no hay otro camino ni otro futuro aparte de Dios y su promesa. Aquí vemos el poder unificador de esta esperanza a la que hemos sido llamados, y cómo Dios guía a través del poder motivador de la esperanza.
También entendemos que debemos compartir esta esperanza, especialmente con nuestra familia y amigos. Nuestro objetivo debe ser compartir la esperanza de la mejor manera; no sensacionalizando nuestras expectativas, sino presentando la esperanza en su mejor contexto.
Nuestro mensaje no debe basarse en el miedo, sino en el amor; no promoviendo ansiedad, sino brindando seguridad. Debemos ser un “espectáculo para todo el universo, para los ángeles y los hombres”, como embajadores de Dios en el tiempo final.
Comentarios de Elena de White
Jesús vivió una vida de oración; después de trabajar todo el día, predicando a los ignorantes, sanando a los enfermos, dando vista a los ciegos, resucitando a los muertos, alimentando a las multitudes, noche tras noche se apartaba del bullicio de la ciudad y, en algún lugar retirado, elevaba súplicas a su Padre con gran clamor y lágrimas. A veces los brillantes rayos de la luna iluminaban su figura inclinada, y otras veces las nubes y la oscuridad ocultaban toda luz.
Mientras estaba inclinado en actitud de suplicante, el rocío y la escarcha de la noche reposaban sobre Él. Con frecuencia continuaba sus oraciones durante toda la noche. Si el Salvador de los hombres sintió la necesidad de orar en nuestro favor, ¡cuánto más deberían los débiles y pecadores mortales sentir la necesidad de la oración—ferviente y constante oración—por sí mismos! {Traducción de BEcho, 1 de febrero de 1893}
En la oración que Cristo dirigió al Padre, dio al mundo una lección que debe ser grabada en la mente y el alma. “Esta empero es la vida eterna—dijo—: que te conozcan el solo Dios verdadero, y a Jesucristo, al cual has enviado”.10Juan 17:3. Esta es la verdadera educación. Imparte poder. El conocimiento experimental de Dios y de Cristo Jesús, a quien él ha enviado, transforma al hombre a la imagen de Dios. {PVGM 85.3} Decid a vuestro corazón: “Dios me ha invitado a venir a él. Ha oído mi oración. Ha empeñado su palabra prometiendo recibirme y él cumplirá su promesa. Puedo confiar en Dios, porque de tal manera me amó que dió a su Hijo unigénito para que muriese por mí. El Hijo de Dios es mi Redentor”. {Escritos de Elena de White, p. 424.2}
Orad con corazones humildes. Buscad a menudo al Señor en oración. Solamente en el lugar secreto el ojo ve a Jesús y el oído se abre para él. Saldréis del lugar secreto de oración para morar bajo la sombra del Omnipotente {En Lugares Celestiales, p. 88} Mientras oráis, hablad a Cristo como hablaríais a un amigo de confianza y muy amado. Mantened una dulce, natural y agradable actitud, como hijos de Dios. {Testimonios para la Iglesia, Tomo 6, p. 325.1}
Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2025
Traducción: Shelly Barrios De Ávila




