Jonathan Gallagher Lección 5. – Dios pelea por ustedes (4T 2025 Lecciones de Josué acerca de la fe)

Lección 5. Dios pelea por ustedes(4T 2025Lecciones de Josué acerca de la fe)

Textos bíblicos:Gén. 15:16; Lev. 18:24–30; 2 Tim. 4:1, 8; Éxod. 23:28–30; Deut. 20:10, 15–18; Isa. 9:6; Josué 10:42.

Para debatir
¿Es siempre cierto que Dios pelea por nosotros? ¿Cómo afrontamos las situaciones en las que sentimos que Dios nos ha fallado? ¿Cómo es relevante aquí el tema de la gran controversia? ¿Qué hay del asunto del “daño colateral”? ¿Cómo equilibramos el hacerlo todo por nosotros mismos con el simplemente sentarnos y dejar que Dios se encargue de todo?

Citas

  • Muy a menudo, aun como cristianos creemos que debemos hacer algo además de nuestras oraciones y peticiones a Dios. Después de todo, puede ser difícil simplemente sentarse y esperar. Depender totalmente del Señor para una respuesta es una posición complicada. Pero si estamos comprometidos con el plan de batalla y con verlo llevado a cabo de la manera correcta, Dios es digno de confianza. Podemos mirar al enemigo (finanzas, trabajo, salud, etc.) y ver solo las razones por las que no venceremos. Pero Dios nos llama a dejar de lado el miedo y buscar su plan. Cuando lo hacemos, vemos que no somos nosotros los que peleamos. Es Él quien pelea. — Derek Charles Juanson
  • Cuando te sientas abrumado por las batallas de la vida, recuerda que Dios pelea por ti. Él nos pide que estemos quietos y confiemos en su poder para librarnos. Entrégale tus luchas y observa cómo Él obra maravillas a tu favor. — Marisa d’Amore
  • No peleamos solos. Enfrentamos luchas físicas que amenazan nuestros hogares, familias, ahorros, nuestro país y más. Y la batalla invisible que libran las “fuerzas espirituales del mal” es mucho más grande que la batalla visible. Dios pelea por nosotros, tal como lo hizo por Daniel y José. — Nivine Richie
  • Que el Señor esté de nuestro lado no significa que tengamos garantizado el éxito inmediato en cada empeño. Dios solo pelea en las batallas santas que libramos, y no todo conflicto o propósito que emprendemos es piadoso. También sabemos que a veces Dios permite lo que parece ser una derrota en la batalla con el fin de ganar la guerra. Solo hay que considerar la muerte de Cristo: lo que parecía una derrota a manos del pecado y de Satanás en realidad se convirtió en el medio por el cual nuestro Salvador los venció de una vez por todas (Colosenses 2:13–15). — LigonierMinistries

Resumen bíblico
En Génesis 15:16 Dios le promete a Abraham que después de cuatro generaciones sus descendientes regresarían a Canaán. Levítico 18:24–30 condena las prácticas detestables de los cananeos, como la bestialidad. 2 Timoteo 4:1, 8 habla de la recompensa después de haber peleado la buena batalla. En Éxodo 23:28–30 Dios promete pelear por Israel, enviando avispas delante de ellos.
Dios da instrucciones sobre cómo tratar a los cananeos en Deuteronomio 20:10, 15–18. “Un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado. Él llevará sobre sus hombros el gobierno. Y será llamado Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” Isaías 9:6. Como Dios peleaba por los israelitas, conquistaron la tierra en una sola campaña (ver Josué 10:42).

Comentario
No todos los personajes bíblicos estarían de acuerdo en que Dios siempre peleaba por ellos. Pensemos en Juan el Bautista y su triste final. En la ejecución de Santiago. En las experiencias de Pablo con la hostilidad, la persecución y la violencia. Las cosas no siempre resultaron como ellos habrían querido.
A esto se suma la pregunta: ¿Dios siempre gana? Desde el inicio de la rebelión de Satanás, Dios ha tenido que permitir que el mal obtenga aparentes éxitos, con el fin de mostrar hacia dónde conduce. En muchos sentidos, la autolimitación de Dios a veces parece ir en contra de la idea de que Dios peleará todas las batallas por nosotros. Aunque podemos estar seguros de que finalmente Dios gana la gran controversia, no lo hace peleando con fuerza bruta. Como deja claro Zacarías 4:6: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.” ¿Y qué es el Espíritu de Dios? Pues bien, es el Consolador (Juan 14:26). Él nos guía a toda verdad (Juan 16:13). Los frutos del Espíritu son “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza.” (Gálatas 5:22, 23). Esta es la forma en que Dios gana. No mediante la fuerza o la coerción, sino mostrando todo lo que es bueno.

La rebelión de Satanás se basa en mentiras y desinformación, en especial acerca de Dios y de su carácter. “El rumor es una flauta, soplada por conjeturas, celos y sospechas”, escribió Shakespeare. Los rumores de Satanás nacen de su intensa envidia hacia Dios, creyéndose maltratado e injuriado. Rumores diseñados para causar el mayor daño posible, acusando a Dios de la misma maldad del Diablo. Recordemos las palabras de la serpiente a Eva, alentándola a desconfiar de Dios al comer del fruto, convenciéndola de creer en los rumores que difundía: “No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.” (Génesis 3:4, 5). Todo falso. Todo mentira. Simplemente otra parte de la gran mentira que siempre ha contado sobre Dios. Como dijo Adolf Hitler: “Las grandes masas de la gente caerán más fácilmente víctimas de una gran mentira que de una pequeña.” La herramienta más poderosa del Diablo en su rebelión contra Dios es difamarlo. Su mayor ambición es ser como Dios. Incluso tuvo la osadía de exigirle adoración al mismo Dios hecho hombre, cuando Cristo vino a este mundo: “Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.” (Mateo 4:8, 9).

Como escribió Johann Wolfgang von Goethe en Fausto: “El diablo es un egoísta.” Está completamente centrado en sí mismo y en sus ambiciones egoístas, al punto de falsear toda verdad para lograr su objetivo. Es el padre de mentira, el asesino de la verdad desde el principio. “El rumor fue el mensajero de la difamación,” escribió Robert Pollock. El Diablo persigue su objetivo con tenacidad, porque sabe que esa es la clave para esclavizar las mentes de los hombres. Está continuamente “llenando los oídos de los hombres con falsos rumores,” en palabras de Shakespeare. Ha hecho de ennegrecer el carácter de Dios su objetivo principal, y ha arrojado su sombra sobre el rostro de Dios. Se ha apropiado de las virtudes divinas para sí mismo y ha cubierto a Dios con todos los harapos de su propia maldad. Este es el núcleo del problema que enfrenta Dios. El Diablo puede usar toda clase de métodos de mentira y maldad para atacar a Dios. Pero Dios no puede recurrir a tales métodos, así que cuando “pelea,” lo hace con la verdad y la justicia. Lo mismo sucede con nosotros.

Dios no actuará en oposición a su carácter. Su luchar por nosotros significa defender la verdad y lo correcto, no respaldarnos cuando estamos equivocados. Nuestros deseos sobre lo que queremos que Dios haga pueden no coincidir con su voluntad, y muchas veces pedimos a Dios que actúe de formas que serían inapropiadas. Incluso en la Escritura—por ejemplo en las oraciones de David en los Salmos pidiendo la destrucción de sus enemigos—podemos ver deseos humanos que no necesariamente están en armonía con la naturaleza y las acciones de Dios.
Así que podemos pedirle a Dios que pelee por nosotros. Pero mejor aún sería pedirle que pelee por la bondad, la verdad y la justicia, y que nos ayude a hacer lo mismo.

Comentarios de Elena de White
El hombre no es capaz de salvarse a sí mismo, pero el Hijo de Dios libra sus batallas por él, y lo coloca en terreno ventajoso al darle sus atributos divinos. Y al aceptar el hombre la justicia de Cristo, llega a ser participante de la naturaleza divina. {RH, 8 de febrero de 1898} La controversia en el cielo comenzó con la lucha egoísta por obtener una posición, con el deseo de Lucifer de ser igual a Dios. {RH, 30 de mayo de 1899}

Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2025
Traducción: Shelly Barrios De Ávila

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