Lección 4. El pecado en la iglesia
(3T 2026 Primera y Segunda a los Corintios)
Textos bíblicos:1 Cor. 5:1–13,2 Cor 2:5–10,1 Cor. 6:1–13,1 Tes. 4:1–8,1 Cor. 6:19–7:9.
Citas
- Este es su primer castigo: que, por el veredicto de su propia conciencia, ningún hombre culpable es absuelto. Juvenal
- El pecado en la iglesia, cuando no se enfrenta, perjudica nuestra labor evangelizadora, deja sin corregir al orgulloso, confunde a los nuevos creyentes, endurece al que no se arrepiente y, lo peor de todo, trae deshonra al nombre de Cristo. Matt Schucker
- Hay tres asuntos que hacen necesaria la disciplina eclesiástica: 1. Graves problemas morales. 2. Graves problemas doctrinales. 3. Una conducta de rebeldía caracterizada por generar división.D.A. Carson
- La naturaleza y el propósito del juicio o de la sentencia deben ser correctivos, no
vengativos; deben buscar la sanidad, no la destrucción.John Owen - Discipline Una disciplina tan inflexible que no deje lugar para el arrepentimiento y la reconciliación ha dejado de ser verdaderamente cristiana; porque es un escándalo tan grande excluir al pecador arrepentido de toda esperanza de ser restaurado a la comunión y al consuelo de la comunidad redimida como permitir que una maldad flagrante permanezca sin corrección dentro del cuerpo de Cristo. Philip Hughes
- Debe actuarse con prudencia para no causar más daño que beneficio… Debemos actuar con humildad, incluso cuando sea necesario actuar con firmeza. Richard Baxter
Para dialogar
¿Por qué es importante tratar el pecado dentro de la iglesia?¿Por qué Pablo estaba tan preocupado por lo que ocurría en la iglesia de Corinto?¿Cómo podemos evitar que cualquier acción contra el pecado en la iglesia se convierta en una persecución contra una persona? ¿Cuál fue el consejo de Pablo para tratar con quienes vivían en pecado manifiesto? ¿Cómo refleja esto la obra de Dios dentro del gran conflicto??
Resumen bíblico
En 1 Corintios 5:1–13, Pablo aborda casos extremos de inmoralidad presentes en la iglesia de Corinto, incluyendo el de un hombre que convivía con la esposa de su padre.También comenta que la iglesia incluso se mostraba orgullosa de ello, aparentemente porque lo consideraban una demostración de su actitud liberal.
En 2 Corintios 2:5–10, Pablo habla acerca del perdón hacia un hermano que había pecado.También condena que los miembros de la iglesia llevaran sus disputas ante tribunales paganos. En 1 Corintios 6:1–13, enumera diversos pecados que, según afirma, impedirán entrar en el Reino de Dios. En 1 Tesalonicenses 4:1–8, habla contra la lujuria y la inmoralidad sexual. Finalmente, en 1 Corintios 6:19–7:9, considera el propósito y el valor del matrimonio.
Comentario
“La iglesia es el medio señalado por Dios para la salvación de los hombres.” (Los hechos de los apóstoles, p. 9).Por ello, cuando dentro de la iglesia surge la necesidad de ofrecer perdón, sanidad y restauración, es fundamental recordar que todo debe realizarse con un propósito redentor: conducir nuevamente a las personas hacia la salvación. Hace poco alguien me contó que una amiga católica le había dicho:“¡Ojalá pudiera morir justo después de salir del confesionario!”Y, en ocasiones, nosotros mismos podemos sentir algo parecido.“Señor, llévame ahora que ya recordé pedir perdón por todos mis pecados.” Vista de esa manera, Dios termina convirtiéndose en una especie de inspector divino del pecado, ocupado en verificar que cada falta haya sido perdonada en una especie de marcador celestial.La salvación termina reduciéndose al proceso de asegurarse de que cada acto pecaminoso tenga al lado la anotación: “perdonado”.Esa forma de pensar incluso puede llevarnos a tomar el pecado con ligereza.
Recuerdo haber hablado con un hombre que parecía no preocuparse en absoluto por sus pecados.Me respondió:“Después de todo, Dios está en el negocio del perdón.” Precisamente por eso Pablo escribe con tanta firmeza a los creyentes de Roma, quienes se preguntaban si debían seguir pecando para que la gracia abundara.¡De ninguna manera!, responde Pablo.¡Absolutamente no!Del mismo modo habla con firmeza a los creyentes de Corinto.Porque, aunque Dios puede y realmente perdona, ese no es todo su propósito. El plan de Dios no consiste simplemente en tener un pueblo que, legalmente, ya no sea culpable, sino que haya sido absuelto y perdonado.Cuando fue anunciado el nacimiento de Jesús, se dijo que sería llamado Jesús, no porque simplemente perdonaría los pecados de su pueblo, sino porque“Él salvará a su pueblo de sus pecados.” (Mateo 1:21) Para Dios no basta con que seamos perdonados.Él desea librarnos del pecado mismo: de sus consecuencias, de su dolor y de su muerte.
Por eso el Salmo 103:3 presenta a Dios como aquel que:“Perdona todas tus iniquidades y sana todas tus dolencias.” En el paralelismo hebreo característico de los Salmos, el perdón de los pecados aparece unido a la sanidad.Eso mismo hizo Jesús durante su ministerio (véase, por ejemplo, Lucas 5:20–24). En muchos sentidos, la organización y las estructuras administrativas solo se vuelven necesarias cuando el entusiasmo por la misión comienza a disminuir. Cuando Pablo y Bernabé zarparon en su primer viaje misionero, seguramente la organización eclesiástica era lo último que ocupaba sus pensamientos.
Una vez establecidas las iglesias, correspondía a los cristianos actuar conforme a principios cristianos en la manera de relacionarse entre sí y con quienes estaban fuera de la iglesia. Sin embargo, debido a la naturaleza humana, Pablo consideró necesario nombrar supervisores que dirigieran la obra y evitaran el desorden.
Pero en ningún momento la organización debía sustituir el celo misionero, ni las políticas reemplazar la fidelidad a los principios fundamentales.
En Hechos 15, las recomendaciones del Concilio de Jerusalén tenían como propósito evitar cualquier obstáculo para la expansión del evangelio allí donde el Señor estuviera guiando. No fueron concebidas como un mandato organizacional que otorgara el control administrativo a unos pocos.
Por ello, por ejemplo, el tema de la disciplina eclesiástica refleja más bien un alejamiento de la verdad que una vivencia cercana al “primer amor”.Tanto quienes ejercen la disciplina como quienes la reciben pueden aprender lecciones equivocadas acerca del poder y la autoridad. Por eso, cuando se trate de estas situaciones, conviene recordar:“El ejercicio de la fuerza es contrario a los principios del gobierno de Dios.” (El Deseado de todas las gentes, p. 22). Así pues, al enfrentar el problema del pecado dentro de la iglesia, procuremos seguir el sabio consejo de Pablo a los corintios.
En ocasiones puede ser necesaria una separación de quienes persisten en un pecado manifiesto. Pero toda acción debe tener un propósito redentor, buscando siempre recuperar para la gracia de Jesús a quienes han caído.
Comentarios de Elena de White
Entre los peores males que se habían desarrollado entre los creyentes corintios, figuraba el retorno a muchas de las degradantes costumbres del paganismo. Un ex converso había vuelto tanto a sus andadas que su conducta licenciosa era una violación aun de la baja norma de moralidad mantenida por el mundo gentil. El apóstol rogó a la iglesia que quitara de su seno “a ese malo.” …Otro grave mal que se había levantado en la iglesia era que los hermanos recurrían a la ley unos contra otros. Se había hecho abundante provisión para el arreglo de las dificultades entre creyentes.
Cristo mismo había dado instrucción clara en cuanto a cómo debían ser resueltos esos asuntos {HAp 245.3} Pero debemos presentar el mal al que lo hace. No debemos hacer de ello un asunto de comentario y crítica entre nosotros mismos; ni siquiera después que haya sido expuesto a la iglesia nos es permitido repetirlo a otros… Nosotros mismos erramos y necesitamos la compasión y el perdón de Cristo, y él nos invita a tratarnos mutuamente como deseamos que él nos trate. {DTG 409.2.}
La existencia del pecado es inexplicable; por lo tanto, ni una sola alma sabe quién es Dios antes que se vea a sí misma iluminada por la luz que refleja la cruz del Calvario, y se deteste a sí misma con amargura de alma, considerándose pecadora. Cuando clame en su gran necesidad de un Salvador que perdona el pecado, entonces Dios se le revelará lleno de gracia, compasión, perdón y amor, longánime y paciente. Individualmente, como miembros de iglesia, si somos fieles siervos de Jesucristo, somos también colaboradores de Dios. Cuando alguien recibe magulladuras por parte del enemigo y comete algún error, nosotros, como fieles y leales al Maestro, como colaboradores de Dios, debemos asumir esa obra misionera que está junto a nosotros; debemos trabajar para sanar, no para arruinar y destruir {TM 264.3)
Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2026
Traducción: Shelly Barrios De Ávila




