Jonathan Gallagher Lección 3. – Un comienzo difícil (3T 2025 El Éxodo de Egipto)

Lección 3. Un comienzo difícil(3T 2025 El Éxodo de Egipto)

Textos bíblicosÉxodo 5:1–23, Apoc. 11:8, Éxodo 6:1–13, Salmos 73:23–26, 2 Cor. 6:16, Éxodo 6:28–7:7.

Citas

  • 1.- El éxodo es el mayor evento redentor del Antiguo Testamento, al que la revelación posterior apunta una y otra vez. —Don Carson
  • 2.- Moisés debería haber dicho: “Deja ir a mi pueblo. Por favor.” —Christopher Moore
  • 3.- Pobre viejo faraón, Conoce todo el conocimiento de Egipto, Y sin embargo nunca supo— Nunca supo Del único y verdadero Dios. —James Weldon Johnson
  • 4.- Salgan y adoren a Dios en el desierto. —N.T. Wright
  • 5.- Lo que Moisés y Aarón piden es muy razonable: solo hacer un viaje de tres días al desierto, y eso con un buen propósito. Vamos a sacrificar al Señor nuestro Dios. El faraón fue muy irrazonable al decir que el pueblo estaba ocioso, y por eso hablaban de ir a sacrificar. Así los tergiversó, para tener un pretexto para aumentar sus cargas. —Matthew Henry

Para debatir
¿Crees que Moisés y Aarón podrían haber abordado al faraón de otra manera sin terminar con este “comienzo difícil”? ¿Por qué el diálogo de todos modos? ¿No podría Dios haber sacado simplemente a los israelitas de Egipto por medios sobrenaturales? ¿Qué lecciones se supone que debemos aprender de esta historia? ¿Cómo ilustra este conflicto los temas del gran conflicto?

Resumen bíblico
Éxodo 5:1–23 registra la primera interacción de Moisés y Aarón con el faraón. Como era de esperarse, el faraón rechaza la petición, tal como Dios lo había predicho (Éxodo 3:19), y empeora aún más las condiciones impuestas a los esclavos israelitas. Apocalipsis 11:8 menciona a Egipto en un “simbolismo espiritual”. En Éxodo 6:1–13, Dios envía a Moisés y Aarón de regreso al faraón, y Moisés se queja de que es inútil hacerlo, ya que ni su propio pueblo lo escucha. En el Salmo 73:23–26, el salmista Asaf expresa su convicción de que Dios está con él y le dice qué hacer. 2 Corintios 6:16 contiene la promesa de que Él será nuestro Dios y nosotros seremos su pueblo. En Éxodo 6:28–7:7, Moisés sigue diciendo que el faraón no lo escuchará y repite nuevamente que no sabe hablar bien. Pero Dios les dice que simplemente hagan lo que Él dice.

Comentario
Una vez más miramos más allá del enfrentamiento entre Moisés y el faraón y vemos esto como un ejemplo del conflicto en el gran conflicto. También notamos la reacción muy humana de Moisés, quien ya no se considera un orador elocuente, alarmado por el hecho de que el faraón responde empeorando aún más la situación de los israelitas. Los supervisores israelitas también le dicen a Moisés que los ha hecho parecer un mal olor ante el faraón y que ha puesto una espada en la mano del faraón para matarlos (5:21). Llaman a Dios para que juzgue a Moisés
y actúe en consecuencia. Es interesante que la petición hecha al faraón sea solo para ir tres días al desierto a presentar sacrificios a Dios en lugar de salir completamente. Esto no es un pretexto inventado por Moisés y Aarón, sino lo que Dios les ha dicho que digan (3:18). Curiosamente, agregan la parte: “De lo contrario nos matará con enfermedad o con espada.” ¿Por qué dirían eso si Dios
nunca se los dijo? ¿Fue para convencer al faraón de la gran importancia de su petición? ¿Para intimidar al faraón respecto al poder de Dios? (Como si al faraón realmente le preocupara la muerte de algunos israelitas.) ¿Porque tanto Moisés como Aarón aún no tienen un gran concepto de la naturaleza y el carácter de Dios? Es algo que vale la pena pensar…
Pero incluso esta solicitud relativamente menor es rechazada de plano por el faraón, como Dios ya sabía. Tal vez esto sea para intensificar la oposición total del faraón a cualquier alivio del sufrimiento de los israelitas y su rechazo total a Dios: “¿Quién es ese ‘Señor’ para que yo escuche su petición de dejar ir a Israel?” respondió el faraón. “No conozco al Señor y ciertamente no dejaré que Israel se vaya.” (5:2). (En hebreo, la palabra traducida como “Señor” es el nombre habitual de Dios, “Yahvé”. Presumiblemente, el faraón lo veía como solo otra deidad entre muchas, y esta una desconocida adorada por los israelitas). Ve esta petición como un intento de evadir el trabajo, y por eso aumenta las exigencias a los israelitas, llamándolos “perezosos, perezosos.” (5:17).
Recuerda quién dice ser el faraón: un dios en forma humana, el hijo de Ra (el dios sol). Al igual que Lucifer, se coloca en el lugar de Dios y dice: “Subiré a los cielos; levantaré mi trono por encima de las estrellas de Dios.” Isaías 14:13. Elena de White habla del “orgullo desafiante al cielo” del faraón {PP 280}, y ciertamente él realmente creía que era supremo sobre todos, incluso sobre esos otros “dioses” de otras naciones. El paralelo con Lucifer es notable, y claramente él estaba obrando para frustrar los propósitos de Dios, primero intentando destruir a Moisés en su nacimiento, y luego tratando de impedir que el pueblo de Dios escapara de su esclavitud. En esto tuvo un siervo dispuesto en la forma del faraón, quien era tan orgulloso y arrogante como su amo, y también tan cruel y vengativo.
El conflicto aquí, y a lo largo de los milenios, surge de la decisión de Lucifer de seguir su propio camino y desafiar el carácter de Dios y la legitimidad del gobierno divino. La historia se cuenta brevemente en Ezequiel bajo la representación del rey de Tiro: “Te has llenado de orgullo, diciendo: ‘¡Soy un dios! Estoy sentado en mi trono como un dios en medio del mar.’ Pero solo eres un hombre. No eres un dios, aunque pienses que lo eres.” Ezequiel 28:2. Suena exactamente como algo que diría el faraón como “hijo del dios sol Ra” …

Comentarios de Elena de White
Cuanto más Faraón resistía y rechazaba la luz, mayor era su terquedad; pues al sembrar incredulidad y obstinación, cosechaba precisamente aquello que había sembrado… Todos son dejados en libertad para elegir a quién servirán. Pueden escuchar las sugerencias de Satanás y llegar a ver las cosas como él las ve, razonando de la misma manera; y el resultado será que seguirán el mismo camino de resistencia obstinada a la luz que Satanás siguió en los atrios del cielo. Quienes rechazan la luz que Dios les envía, caminarán a la luz de sus propias chispas, y finalmente se acostarán en dolor. {Traducción de: Special Testimonies Concerningthe Work and Workers in thePacificPress, p. 28} El Maestro del cristiano y el maestro del incrédulo están en un conflicto mortal; y así continúa la contienda en muchos hogares. Mientras los cristianos suplican con fervor a Dios que sus familiares y amigos sean atraídos a Cristo, mientras sus corazones se quiebran por el anhelo de que sus seres queridos compartan su gozo y su paz, los corazones de los incrédulos están atados como con cadenas al carro de Satanás, y preguntan, como lo hizo Faraón: “¿Quién es el Señor, para que yo obedezca su voz?” Una y otra vez, Jesús ha tocado la puerta de sus corazones, pidiendo ser recibido, pero
ellos han cerrado la puerta con llave y han rehusado aceptarlo. Albergan orgullo, envidia y odio, y de esas pasiones malignas brotan contiendas. Satanás engaña el alma con pretensiones falsas. Lleva a los incrédulos a pensar que son maltratados, que no se les trata con bondad. Pervierte el juicio y extravía la mente, de modo que los mejores motivos de quienes sirven a Dios son malinterpretados; sus acciones son juzgadas erróneamente, y ellos mismos son perseguidos. Cristo es la esperanza y el consuelo del creyente, aquel en quien están entretejidos sus más nobles afectos. Lo confiesa con palabras y con hechos, con su espíritu y con sus acciones, y la enemistad que se genera en el corazón incrédulo contra los hijos de Dios no es solamente contra los hombres, sino contra Cristo mismo. {Traducción tomada de: TheBibleEcho19 de marzo de 1894, par. 3}

Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2025
Traducción: Shelly Barrios De Avila

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