Jonathan Gallagher Leccion 2. “Lo veo, lo quiero, lo tengo” – Sabado 13 de enero 2018

2. Lo veo, lo quiero, lo tengo (1T 2018—Mayordomía: Las motivaciones del corazón) Textos Bíblicos: 2 Cor. 2:1-7; Mateo 13: 3-7, 22; Génesis 3:1-6; Isaías 56:11; Mateo 26:14-16; 2 Pedro 1:5-9.

Citas
• ¿No sabes que Dios te confió ese dinero (todo lo que se necesita para tus familias) para alimentar al hambriento, vestir al desnudo, ayudar al extraño, la viuda, el huérfano y, en la medida de lo posible, para aliviar las necesidades de toda la humanidad? ¿Cómo puedes, cómo te atreves a defraudar al Señor, aplicándolo a cualquier otro propósito? John Wesley
• La mejor lección que puedas aprender en esta vida es esta: no se trata de ti. Shannon L. Arder
• La codicia no es un problema financiero. Es un problema de corazón. Andy Stanley
• Hay suficiente en el mundo para cubrir las necesidades de todos los hombres, pero no para satisfacer su codicia. Mahatma Gandhi
• La forma de vida estadounidense, como yo la veo, es realmente la forma de muerte estadounidense. Todo está determinado por la codicia y el deseo insaciable de ser el más rico y poderoso. Y ese deseo no tiene límites. Lydia Lunch
• El capitalismo está en contra de las cosas en las que decimos que creemos: democracia, libertad de elección, equidad. Ahora ya no se trata de ninguna de esas cosas. Se trata de proteger a los ricos y legalizar la codicia. Michael Moore

Para debatir
¿Es verdad que el “Capitalismo se trata… de… Legalizar la codicia”? ¿De qué manera tenemos que ser parte del sistema egocéntrico y avaro de este mundo? ¿Cuál es la solución para nuestro egoísmo que ve el “yo” como primera prioridad? ¿Cómo confrontó Jesús el concepto de “Lo veo, lo quiero, lo tengo”?Si bien podemos dar respuestas generales ¿cómo podemos aplicar estas lecciones a nuestra propia vida?

Resumen Bíblico
2 Corintios 8:1-7 nos detalla la generosidad de las iglesias macedonias, en directo contraste con la codicia de la naturaleza humana. En Mateo 13: 3-7 Jesús nos narra la parábola del sembrador—que es más que la semilla y los resultados alterados. El punto principal en esta alegoría es el verso 22 NVI: “El que recibió la semilla que cayó entre espinos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de esta vida y el engaño de las riquezas la ahogan, de modo que esta no llega a dar fruto.” Génesis 3: 1-6 describe el proceso de la caída del hombre—de ver a querer y de querer a tomar el fruto y comerlo. Somos como perros que nunca tienen lo suficiente, como los pastores de ovejas siempre buscando su propia ganancia, esto acorde con Isaías 56:11. El plan de Judas de traicionar a Jesús es descrito en Mateo 26: 14-16 NVI. La idea clave es “¿Cuánto me pagarás por traicionar a Jesús?” 2 Pedro 1: 5-9 nos da una gama de cualidades espirituales que deberíamos buscar, en lugar de las posesiones físicas.

Comentario
El título de esta lección, “Lo veo, lo quiero, lo tengo,” es muy apropiado. Describe el proceso en el cual somos succionados por el cumplir nuestros deseos por las cosas. Primero vemos algo. Nos damos cuenta de algún objeto que despierta nuestro interés. Entonces nos convencemos de que esto es algo que queremos, que debemos tener. La parte final del proceso es la acción: tomar el objeto de nuestro deseo. Ya sea comprándolo o simplemente tomándolo de la forma que queramos.
Este proceso es exactamente lo que pasó con Eva en el Edén. La escritura nos dice que “La mujer vio que el fruto del árbol era bueno para comer, y que tenía buen aspecto” luego se da cuenta que era “deseable para adquirir sabiduría” ¡Ella lo quería! Finalmente ella actúa conforme a su deseo, “así que tomó de su fruto y comió.” Génesis 3:6 NVI, énfasis añadido. ¡Las cosas no han cambiado a lo largo de los milenios desde la caída del hombre!
Jesús dedicó gran parte de su tiempo enseñando sobre el dinero y las posesiones. El verdadero problema es estas que pueden reemplazar a Dios en nuestras vidas y convertirse en lo que confiamos en lugar de Dios. En la parábola del Sembrador, Jesús nos da las diferentes reacciones a las buenas nuevas. Uno de los más comunes seguramente es la respuesta positiva al principio, pero también nos habla de las espinas asfixiantes que abruman al creciente cristiano con las distracciones del dinero y la propiedad personal. ¿Cómo podemos entonces romper ese círculo vicioso por el cual vemos algo, lo queremos y nos esmeramos en poseerlo? ¿Es suficiente alejarse? ¿Acaso el problema no es que sigamos queriendo algo,aunque no lo tengamos o no podamos poseerlo? Porque es el deseo de las cosas el verdadero problema, como si las cosas pudieran satisfacer nuestras necesidades más profundas. La cita, “Aquél que muera con la mayor cantidad de juguetes gana” es atribuida al millonario Malcolm Forbes. Cuando lo pones así, nuestro deseo por las cosas suena absolutamente estúpido. Y así es. Entonces, ¿por qué persistimos en querer más y más cosas? Nunca se puede tener suficiente de lo que realmente no necesita, como han dicho varias personas, incluida la banda de rock irlandesa U2. ¡Así que seguramente es hora de buscar a Jesús, el autor y consumador de nuestra fe, para encontremos en él la gracia para ayudarnos en momentos de necesidad, para que podamosenfrentar las tentaciones y evitar llenar nuestras vidas con lo que no nos satisface!

Comentarios de Elena de White
Cristo leyó su corazón y en su enseñanza se detuvo en los principios de la benevolencia que golpean en las mismas raíces de la codicia. Expuso ante Judas el horroroso carácter de la codicia y, muchas veces, el discípulo comprendió que se había descrito su carácter y señalado su pecado. Pero, no lo confesó, ni abandonó su injusticia. Judas era autosuficiente y en vez de resistir la tentación continuó con sus prácticas fraudulentas. {El Cristo Triunfante, p. 266}
La riqueza se ha conseguido por diversas formas de robo, y no sólo a los hombres, sino a Dios. La gente emplea todos los medios posibles para satisfacer su egoísmo. Se aferran de todo lo que pueden para satisfacer su codicia. La avaricia y la sensualidad prevalecen… {El Cristo Triunfante, p. 351.5}
Pero los sacerdotes y los maestros no realizaban su sagrado oficio como si hubiesen estado manejando la propiedad de Dios. Les robaban sistemáticamente los medios y las facilidades confiados a ellos para el adelanto de su obra. Su avaricia y ambición hacían que fuesen despreciados aun por los paganos. Así se le dio ocasión al mundo gentil de interpretar mal el carácter de Dios y las leyes de su reino. {Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 235} Él [Jesús] podía decir a quien Él quisiera “Sígueme,” y aquél a quien se dirigía se levantaba y lo seguía. El quebrantaba el encanto y la fascinación del mundo.Al sonido de su voz, huía el espíritu de avaricia y ambición del corazón, y los hombres se levantaban libres, para seguir al Salvador… {La fe por la cual vivo, p. 95}

Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2017

Radio Adventista
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