Jonathan Gallagher Lección 10. Jesús se ganaba su confianza (3T 2016—La Iglesia en la Comunidad)

Jesús se ganaba su confianza (3T 2016—La Iglesia en la Comunidad)

Textos bíblicos: Génesis 15:6, Números 14:11, 1 Corintios 3:1–9, Daniel 6:1–3, Nehemías 2:1–9, Deuteronomio 4:1–9, Hechos 2:42–47; Lucas 5:15.

Citas
• Aprender a confiar es una de las tareas más difíciles de la vida. Isaac Watts
• Que confíen en nosotros es un cumplido más grande que ser amados. George Macdonald
• Nuestra desconfianza es muy costosa. Ralph Waldo Emerson
• La fe no es creencia. La creencia es pasiva. En cambio la fe es activa. Edith Hamilton
• La fe irracional es una ofrenda peculiar que debe ser ofrecida al creador de la mente humana. Juan A Hutchinson
• La fe no es un disparo irresponsable en medio de la oscuridad. Es una fe responsable en Dios, que conoce los deseos de nuestros corazones, los sueños y las metas que nos hemos propuesto. Él guiará nuestros caminos. Robert Schuller

Para debatir
¿Cuál es el fundamento de nuestra fe en Dios? ¿De qué manera podemos animarnos unos a otros a creer en un Dios fiel? ¿Por qué Jesús estaba tan preocupado por ganarse la confianza de los demás? ¿Cuál es la mejor manera de expresar nuestra fe en Jesús? ¿Cómo seguimos el ejemplo de Jesús y nos ganamos la confianza de la gente? ¿Cómo encaja esto en la gran controversia?

Resumen bíblico
Génesis 15:6 nos dice que Abraham fue contado como justo porque creyó en el Señor. En Números 14:11 Dios se queja ante Moisés de que su pueblo se niega a creer en él. 1 Corintios 3: 1-9 nos recuerda que debemos trabajar juntos para edificar la iglesia, y que no estamos buscando el crédito personal. Daniel se ganó la confianza del rey y fue puesto a cargo como dirigente de todo el reino (Dan. 6: 1-3). Nehemías ganó la confianza del rey y lo envió a Jerusalén (Neh. 2: 1-9). Dios exhorta a su pueblo a confiar en él y a seguir sus caminos (Deuteronomio 4: 1-9.). Los primeros cristianos siguieron el camino Jesús les mostró para lograr el mayor beneficio para todos (Hechos 2: 42-47). Grandes multitudes se acercaron a Jesús porque confiaban en él para ser sanados (Lucas 5:15.).

Comentario
Cuando hablamos de tener la confianza de alguien, queremos decir que nos hemos ganado su confianza. En el fondo, eso fue lo que salió mal desde el comienzo: Adán y Eva creyeron en la serpiente, y desconfiaron de Dios. Como dice Pablo “todo lo que no nace de la fe (confianza en Dios), es pecado.” (Romanos 14:23). La misión de Jesús era
volver a ganarse nuestra confianza, mediante una revelación clara y completa de cómo Dios es realmente.
Ya en el Génesis descubrimos una crisis de confianza. ¿Recordamos la historia? Una duda sobre Dios y lo que él había dicho. Una crisis de confianza en el Jardín del Edén. Confiaron en la serpiente en lugar de Dios. Así que cuando Dios viene en busca de Adán y Eva, ellos se esconden. Ellos creen en las mentiras del diablo acerca de que Dios va a estar furioso con ellos, que él es un Dios duro y cruel que va a hacerles daño. Y Dios se acerca diciendo: “¿Dónde están?” ¿Cómo respondió Adán? “Oí tu voz en el jardín y tuve miedo.” Esta es la primera vez que el miedo se menciona en la Biblia. ¿Por qué? Porque no confiaban en Dios, porque creyeron en las mentiras del diablo acerca de cómo era Dios. Una crisis de confianza. Y Dios no puede recuperar esa confianza de forma sencilla y fácil. A Dios le ha tomado desde la creación hasta nuestros tiempos para comenzar a restaurar esa confianza que hemos perdido, para demostrarnos a todos que él realmente es digno de confianza.
Para nosotros confiar en alguien tenemos que conocerlo bien. ¡Antes de prestarle dinero a alguien, nos gusta saber que vamos a recuperar nuestro dinero! Queremos saber algo sobre esa persona, para poder tener confianza en ella. ¿Y cómo desarrollamos esa confianza? Conociéndolos, pasando tiempo con ellos, viendo cómo se comportan.
Esto es lo que necesitamos hacer con Dios. Él quiere volver a ganar nuestra confianza, y así toda la Biblia es un registro de la manera como él actúa y se comporta; la Biblia nos da los detalles de las razones por las que podemos creer en él con plena confianza. Por encima de todo, Jesús, el Dios que vino a nosotros, es la demostración de
que podemos tener plena y total confianza en él. Por su vida y su muerte él ilustra la verdad, desnudando así la mentira del diablo, y nos muestra que el Dios de aquella suave voz es un Dios justo, y podemos creer en él.
Cuando Jesús caminó en esta tierra, tuvo tiempo para los niños. En Lucas 18:15-17 leemos la escena feliz de gente que llevaba a sus hijos ante Jesús. No había magia, sólo querían que él orara por ellos. Sin embargo, los discípulos estaban seguros que Jesús -y el Dios que él representaba- no se complicaría con estos detalles insignificantes. Los
espantaron, diciéndoles que se fueran. Sin embargo, estaban dando una mala representación de Dios. Porque Jesús quiere estar con los niños y sonreír con ellos por un rato. Él quiere demostrar quién es realmente Dios. Jesús luego dice a sus discípulos y al pueblo: “¡El Reino es de ellos! Y si no son como ellos, no entrarán en él” Lo que Jesús está diciendo es que debemos relacionarnos con Dios como nuestro Padre en la misma forma en que un niño aquí se relaciona con sus padres. Debemos confiar. O para usar una palabra religiosa, debemos tener fe. La fe en Dios es razonable, y está basada en la evidencia. Eso es lo que Dios quiere: No una fe ciega e irracional que pueda llevarnos a ideas completamente erróneas sobre él. Nuestra confianza en Dios, semejante a la de un niño, se basa en la evidencia de Dios como una persona de absoluta confianza. Para eso está la Biblia: para mostrarnos cómo es Dios en su trato con la humanidad. Eso es lo que Jesús ha venido a mostrar personalmente, que se puede confiar en Dios: total y plenamente. ¡No hay duda de ello! Eso es lo que tenemos que descubrir en nuestra propia experiencia: que podemos
ponernos en las manos de Dios sin ninguna duda en absoluto. Todo es un asunto de confianza.

Comentarios de Elena de White
Mirando a Jesús, el autor y consumador de la fe… Podemos reposar confiadamente en su solicitud, diciendo: “En el día que temo, yo en ti confío.” Salmos 56:3. Dios cumplirá su promesa con todo aquel que deposite su confianza en él. {Los Hechos de los Apóstoles, p. 372} Jesús amó siempre a los niños. Aceptaba su simpatía infantil, y su amor franco y sin afectación. La agradecida alabanza de sus labios puros era música para sus oídos y refrigeraba su espíritu cuando estaba oprimido por el trato con hombres astutos e hipócritas. Dondequiera que fuera el Salvador, la benignidad de su rostro y sus modales amables y bondadosos le granjeaban el amor y la confianza de los niños. {El Deseado de Todas las Gentes, p. 472}

Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2016
Traducción: Shelly Barrios De Ávila.

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