Lección 1. Algunos principios de la profecía(2T 2025 Alusiones, imágenes y símbolos)
Textos bíblicos:Jer. 29:23, 24; Sal. 139:1-6; Dan. 12:4; Ap. 22:10; 2 Ti. 3:15-17; Heb. 4:12; Jeremías 9:24.
Citas
- • Las palabras de profecía en la boca no son una evidencia infalible de un principio de gracia en el corazón. Matthew Henry
- • La profecía no se da para hacer a los hombres profetas, sino como un testimonio de Dios cuando se cumple. Isaac Newton
- • No valoraría mucho la inteligencia profética si no comienza, continúa y termina con la persona, la obra y la gloria de Cristo.H.H. Snell
- • La profecía es como una oración en alemán: solo se puede entender cuándo se ha leído su última palabra. Augustus H. Strong
- • Dios dio las profecías, no para satisfacer la curiosidad de los hombres permitiéndoles conocer las cosas de antemano, sino para que, después de haberse cumplido, pudieran ser interpretadas por el acontecimiento y Su propia providencia, y no los intérpretes, se manifestara así al mundo. Isaac Newton
Para debatir
¿Qué hacemos con la profecía? ¿Es posible desarrollar una comprensión coherente de lo que significa? ¿Cuáles son los peligros que existen en la interpretación profética? ¿Cuál debería ser nuestro enfoque fundamental al examinar la profecía bíblica? ¿Nos resulta útil comprender la profecía en la época en que vivimos? ¿Cómo encaja la profecía en el gran conflicto?
Resumen bíblico
Dios declara que él sabe y que es testigo en Jeremías 29:23, 24. Dios nos conoce íntimamente (ver Salmo 139:1–6). A Daniel se le dice que mantenga el mensaje en secreto y selle el libro hasta el tiempo del fin (ver Daniel 12:4). En contraste, a Juan se le dice que no selle las palabras de la profecía en el libro ni las mantenga en secreto, porque el tiempo está cerca (ver Apocalipsis 22:10). 2 Timoteo 3:15–17 habla de toda la Escritura inspirada por Dios. “La palabra de Dios es viva y eficaz…” Hebreos 4:12. Nuestro único motivo de gloria debe ser conocer a Dios y
entenderlo (ver Jeremías 9:24).
Comentario de la lección
Este estudio se centra particularmente en cómo interpretamos la profecía. Sin embargo, el mismo enfoque debería aplicarse a todas las áreas de la vida: examinar, comprender y aceptar la evidencia. De hecho, este es el mismo principio fundamental que subyace en el método científico. El aspecto esencial es evaluar y pensar lógicamente sobre lo que se presenta, y llegar a las conclusiones correctas. Sobre todo, buscamos significado—no cualquier significado, sino el
significado que fue intencionado, y la fuente que da sentido a la vida.
La verdad es que estamos aquí por una razón. Más aún, no fuimos creados solo para este mundo. Y, en última instancia, el núcleo de la alegría, la satisfacción y el significado radica en saber que Dios nos creó y nos salva. Como escribe Christina Rossetti: “Si no hubiera Dios, estaríamos en este glorioso mundo con corazones agradecidos y sin nadie a quien agradecer.” Cuando reflexiono sobre aquellos momentos en los que me he sentido tan cerca de Dios, me doy cuenta de que mi deleite no ha estado en los logros que con tanta frecuencia definimos como éxito.
Tampoco hay una satisfacción duradera en las cosas que solemos perseguir para nuestro disfrute: lo físico simplemente no dura, y eventualmente, todo placer terrenal se desvanece. En última instancia, toda nuestra búsqueda de sentirnos bien nos deja vacíos, insatisfechos. Porque esta vida no puede ser todo lo que hay. “Nuestro Creador nunca habría hecho días tan hermosos, ni nos habría dado corazones tan profundos para disfrutarlos, más allá de todo pensamiento, a menos que estuviéramos destinados a ser inmortales”, dice Nathaniel Hawthorne.
Destinados a ser inmortales. Por eso nos sentimos tan fuera de lugar aquí, en este mundo de pecado y muerte donde nada es eterno. Dios planeó que viviéramos con Él para siempre. Como escribe C. S. Lewis: “Si descubro en mí un deseo que ninguna experiencia en este mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que fui hecho para otro mundo.” Y esa es exactamente la verdad sobre nuestro lugar aquí. Fuimos hechos para otro mundo—el Edén, un mundo en el que la bondad, la verdad y la justicia eran los principios de existencia.
Ese era el mundo para el que fuimos creados. Y el mundo para el que estamos siendo preparados es el mundo venidero, nuevamente, “donde mora la justicia.” “Sin embargo, como está escrito: ‘Ningún ojo ha visto, ningún oído ha oído, ninguna mente ha concebido lo que Dios ha preparado para los que lo aman’, pero Dios nos lo ha revelado por su Espíritu.” (1 Corintios 2:9,10 NVI).
¿Qué significa eso exactamente? ¿Que tendremos una existencia estática en una perfección sin pensamiento? No, sino la creatividad del aprendizaje y el desarrollo, donde siempre podamos hacer preguntas y obtener respuestas reales, donde el significado del universo se haga cada vez más claro, pues el significado final está en las manos y en la mente del Creador, Dios mismo.
Y el reconocimiento de ese significado comienza ahora, cuando es revelado por el Espíritu que nos guía a toda verdad, especialmente cuando observamos la increíble naturaleza de toda la creación de Dios. Porque este es nuestro destino: ser la evidencia, los testigos, tanto ahora como para siempre, del amor y la gracia de Dios, de que Dios siempre obra para el bien, la verdad y la justicia. Así que “somos testigos” y “espectáculo para los ángeles y los hombres,” representando por siempre a nuestro Señor como “embajadores de Cristo.” Nuestro papel es interpretar a Dios. Que siempre nos esforcemos por hablar bien de nuestro amoroso Señor, tanto en palabra como en acción, siendo conscientes de nuestro papel privilegiado como parte de la respuesta de Dios en la resolución de las acusaciones en su contra en el gran conflicto.
Comentarios de Elena de White
Que todos traten de comprender, en toda la medida de sus fuerzas, el significado de la palabra de Dios. Una simple lectura superficial de la palabra inspirada será de poca ventaja; porque cada declaración hecha en las páginas sagradas requiere una contemplación reflexiva. {CE 100} No debemos tomar el testimonio de ningún hombre en cuanto a lo que enseñan las Escrituras, sino que debemos estudiar nosotros mismos la palabra de Dios. Si permitimos que otros piensen por nosotros, tendremos energías lisiadas y habilidades contraídas. Los nobles poderes de la mente pueden empequeñecerse tanto por falta de ejercicio en temas dignos de su concentración, que pierdan su capacidad de captar el significado profundo de la palabra de Dios. La mente se ampliará si se emplea en trazar los temas de la Biblia, comparando Escritura con Escritura, y cosas espirituales con espirituales.
No hay nada más calculado para fortalecer el intelecto que el estudio de las Escrituras. Ningún otro libro es tan potente para elevar los pensamientos, para dar vigor a las facultades, como las amplias y ennoblecedoras verdades de la Biblia. Si la Palabra de Dios se estudiara como es debido, los hombres tendrían una amplitud de mente, una nobleza de carácter y una estabilidad de propósito que raramente se ven en estos tiempos. {CE 58} Muchos piensan que deben consultar los comentarios de las Escrituras para entender el significado de la palabra de Dios, y nosotros no tomaríamos la posición de que los comentarios no deben ser estudiados; pero se necesitará mucho discernimiento para descubrir la verdad de Dios bajo la masa de las palabras de los hombres.
¿Qué poco ha hecho la iglesia como cuerpo que profesa creer en la Biblia, para reunir las joyas dispersas de la palabra de Dios en una cadena perfecta de verdad? Las joyas de la verdad no yacen en la superficie, como muchos suponen. La mente maestra en la confederación del mal está siempre trabajando para mantener la verdad fuera de la vista, y para sacar a la luz las opiniones de los grandes hombres. El enemigo está haciendo todo lo que está en su poder para oscurecer la luz del cielo mediante procesos educativos; porque no quiere que los hombres oigan la voz del Señor, diciendo: «Este es el camino, andad por él.»{CE 85}
Preparado y escrito por: © Jonathan Gallagher 2025
Traducción: Shelly Barrios De Ávila




