Jonathan Gallager Leccion 2 – La crisis por dentro y por fuera – (4T 2015—Jeremías)

Leccion 2. La crisis por dentro y por fuera (4T 2015—Jeremías)

Textos bíblicos: Jueces 2:1–15; 1 Reyes 12:26–31; 2 Crónicas 33:9, 10; Jeremías 2:1–
28; 5:2, 3.

Citas
• Cualquier idiota puede enfrentar una crisis, pero es este vivir día a día lo que
agota. Anton Chekhov
• La palabra “crisis,” escrita en chino, está compuesta de dos caracteres: uno
representa peligro y el otro, oportunidad. John F. Kennedy
• Tengo una sensación cada vez mayor de que la crisis más importante de nuestro
tiempo es espiritual y que necesitamos lugares donde la gente pueda fortalecerse
más en el espíritu y pueda integrar las luchas emocionales con sus experiencias
espirituales. Henri Nouwen
• Un cuidadoso análisis podría demostrar que la mayoría de “situaciones de crisis”
son oportunidades ya sea para avanzar o para quedarnos donde estamos. Maxwell
Maltz
• Por medio de cada crisis en mi vida, con aceptación y esperanza, y en un solo
momento definitivo, pude finalmente adquirir el valor de hacer las cosas de
manera distinta. Sharon E. Rainey
• Si no llevas a cabo una práctica espiritual cuando estás pasando buenos tiempos,
no puedes esperar desarrollar repentinamente una práctica espiritual en momentos
de crisis. Douglas Coupland

Para debatir
¿Cuáles eran las crisis que afrontaba el pueblo en esta ocasión? ¿Qué papel debía
desempeñar Jeremías en ese momento? ¿Se trataba solamente de un mensaje de catástrofe
inminente? ¿Cómo se ve Dios en esta situación? ¿Lo vemos enojado y vengativo?
¿Estaban los israelitas experimentando las “consecuencias naturales” de sus acciones”?
¿De qué manera? ¿Cómo enfrentamos nuestras propias crisis?
Resumen bíblico
Dios le dice a Jeremías que envíe este mensaje a Jerusalén. En este mensaje, Dios
le recuerda al pueblo su historia y cómo los condujo en el pasado. Pero luego necesita
explicarles la manera como ellos lo han abandonado, cómo han cambiado sus dioses, y
les pregunta si alguno de los dioses que han hecho puede salvarlos (Jeremías 2:1-28).
Incluso cuando reciben castigo no responden (Jeremías 5:2, 3). Esta es la misma situación
que se describe en Jueces 2:1–15 cuando el pueblo se apartó del verdadero Dios y siguió
dioses paganos. 1 Reyes 12:26–31 nos presenta un recuento de la historia de Jeroboam
cuando establece los becerros dorados para que el pueblo adore, como en Éxodo. Del
mismo modo 2 Crónicas 33:9 nos cuenta cómo Manasés condujo al pueblo a la idolatría.

Comentario
La misma vieja historia. El pueblo de Dios se aparta de él y sigue dioses paganos,
que no son dioses en absoluto. Estos “dioses” no pueden ayudarlos, por lo tanto sufren
opresión y son derrotados, pero de alguna manera estas religiones paganas son tan
tentadoras y atractivas que al pueblo de Israel se le dificulta abandonarlas.
Jeremías fue llamado para predicar el mensaje de Dios antes del exilio y
cautividad en Babilonia. Israel pensaba que esto nunca ocurriría, que Dios los ayudaría,
pasara lo que pasara. Pero Dios tenía que demostrarle a su pueblo que no podían dar por
sentada su ayuda, así que cuando se alejaron de él tuvieron que experimentar las
consecuencias.

Sus muchas apostasías muestran cómo la mayoría de las personas consideraban a
Dios. Puede que guardaran las normas y reglas externas, pero en sus corazones preferían
la naturaleza depravada del culto pagano. La seductora presentación llevada a cabo por
las mujeres moabitas que se registra en Números 25 y 26 logró más que cualquier derrota
en el campo de batalla: el pueblo de Israel abandonó a Dios y cayó de cabeza en la
trampa. Se requirieron medidas de emergencia para ayudarlos a recobrar el sentido y
volver a Dos.

En los días de Jeremías el problema aún seguía. A pesar de que fueron amenazados por la guerra y la invasión – la crisis externa – ellos continuaban desafiando a Dios y siguiendo a otros dioses, la crisis interna. Para Jeremías debe haber sido
desgarrador ver el estado de sus hermanos los israelitas. No podían estar desapercibidos
de los peligros que enfrentaban. El reino del norte ya había caído y el pueblo había sido
llevado cautivo. Debieron haber visto que su idolatría pagana no les había traído
verdaderas bendiciones. Pero siguieron ciegamente en su camino hacia la destrucción
inevitable.

De Jeremías era la única voz llamando al arrepentimiento, llamándolos a volver al
Señor que los amaba, al único Dios verdadero. A pesar de que se hizo evidente que
tendrían que experimentar las consecuencias de sus acciones insensatas, el mensaje de
Jeremías no es solo de fatalidad, sino que habla de la necesidad de volverse a Dios, sobre
todo en estos tiempos de crisis.

Estos estudios son más que lecciones de historia. Su propósito es despertarnos,
como Jeremías trató de hacerlo con el pueblo de su tiempo. Es necesario que
consideremos las crisis que enfrentamos en nuestros días, y especialmente las de nuestra
propia fabricación, en nuestra vida personal. El ingrediente esencial para hacer frente a
cualquier crisis que enfrentamos es asegurarnos de que estamos del lado del Señor, de
que participamos en una relación profunda con él, sabiendo que no importa lo que venga,
él sacará lo mejor de nosotros en medio de cualquier desafío. Porque Dios no nos
abandonará, y aunque tengamos que pasar por problemas como Job, él nos asegura que
está con nosotros en cada situación y que ha preparado para nosotros una eternidad con
él.

Comentarios de Elena de White
Es en la crisis cuando se revela el carácter. {Palabras de Vida del Gran Maestro,
p. 339}
La crisis exigía un esfuerzo público y abarcante. El Señor ordenó a Jeremías que
se pusiese de pie en el atrio del templo, y allí hablase a todo el pueblo de Judá que entrase
y saliese. No debía quitar una sola palabra de los mensajes que se le daban, a fin de que los pecadores de Sión tuviesen las más amplias oportunidades de escuchar y apartarse de
sus malos caminos {Profetas y Reyes, p. 303}
Una crisis se había introducido en el gobierno de Dios. La tierra estaba llena de
transgresión. Las voces de los que habían sido sacrificados a la envidia y el odio humano
lloraban bajo el altar de la retribución. Todo el cielo estaba preparado ante la palabra de
Dios para acudir al auxilio de sus elegidos. Una palabra de él, y los pernos del cielo
hubieran caído sobre la tierra, llenándola de fuego y llamas. Basta con que Dios hubiera
hablado y habría habido truenos, relámpagos, terremotos y destrucción.
Los seres celestiales estaban preparados para una manifestación asombrosa del
poder Todopoderoso. Cada movimiento estaba siendo observado con intensa ansiedad. Se
esperaba el ejercicio de la justicia. Los ángeles esperaban que Dios castigara a los
habitantes de la tierra. Pero “Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para
que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.” “Yo enviaré a mi Hijo
amado,” dijo. “Puede ser que a él lo respeten.” ¡Maravillosa gracia! Cristo no vino a
condenar al mundo, sino a salvarlo. {Review and Herald, Julio 17 de 1900}
Preparado el 25 de enero de 2015 © Jonathan Gallagher 2015
Traducción al español: Shelly Barrios De Ávila.

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