Escuela Sabática Viva Lección 4 | El Señor oye y salva [1° trimestre 2024]


A veces Dios puede parecer oculto para nosotros. Jesús se sintió así en la cruz, cuando clamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46). Pero lo reconfortante es que no estamos escondidos de Dios. En ningún momento abandona a su pueblo. Nunca estamos fuera de su vista.

Su creación le permite conocernos íntimamente. Incluso mientras estábamos escondidos en el vientre de nuestra madre, Él estaba consciente de lo humanos que llegaríamos a ser (Salmo 139:13, 15). Él, de la misma manera, nos ve mientras lo esperamos en la tumba, o sheol en hebreo (Salmo 139:8). Su perfecto conocimiento de nosotros, junto con su infinita capacidad para ayudarnos, lo convierten en la persona lógica a la que clamamos cuando nuestros problemas se vuelven abrumadores.

No hay ningún lugar en el universo en el que estemos fuera del alcance de Dios. Tiene sentido clamar a un Dios así. Él escucha nuestros gritos y actúa en consecuencia.

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