Las emociones de Dios a menudo se describen en términos humanos como los de una madre, un padre o un matrimonio. Las emociones no son malas en sí mismas, aunque los humanos a menudo las manejamos mal. Dios ha dotado a sus seres creados con la capacidad de ser emocionales, y Él mismo a menudo muestra apasionadamente emociones, como el amor, la ira e incluso los celos.
Sin embargo, las emociones incontroladas en los humanos pueden resultar en experimentarlas y mostrarlas de maneras problemáticas. Las emociones de Dios, por otra parte, están perfectamente equilibradas, racionales y controladas. Su respuesta a nuestros comportamientos negativos, por ejemplo, está totalmente en consonancia con el carácter amoroso y misericordioso de nuestro Creador perfecto.
Para que podamos manejar nuestras emociones de la manera más positiva y edificante, haríamos bien en explorar más plenamente las emociones de Dios, que incluyen tanto su naturaleza apasionada como compasiva al tratar con los problemas de su pueblo.




