Parece que los discípulos no estaban en absoluto preparados para el evento de la muerte y resurrección de su Maestro, hasta el final de Su tiempo con ellos. Y, sin embargo, Jesús había hablado varias veces de cómo los dejaría para regresar a Su Padre. Lamentablemente, no tomaron su palabra. Sus advertencias cayeron en oídos sordos que no podían procesar lo que estaba por suceder en el Calvario.
Nosotros también, a menudo, no tomamos en cuenta la palabra de Jesús, ni lo reconocemos como la Palabra hecha carne, mientras leemos acerca de Su notable ministerio y sacrificio en los Evangelios. Sin embargo, Jesús fue paciente con Sus discípulos en aquel entonces y está igualmente ansioso por ayudarnos a comprender los tiempos tumultuosos que estamos experimentando ahora antes de Su Segunda Venida.
Al igual que los discípulos, debemos aprender a no tener conocimiento mental sólo acerca de Jesús, sino tener conocimiento en el corazón acerca de todo lo que Él ha hecho, está haciendo y hará por nosotros en el futuro. Él anhela ser la Luz y la Vida que nos guíe a la Tierra Prometida.




