Pablo comenzó con ternura su carta a los colosenses con un llamamiento para que permanecieran unidos en Cristo. Su deseo era que crecieran como seguidores maduros de Dios, no escuchando falsas enseñanzas que los desviaran.
El segundo capítulo de Colosenses explicaba cómo conocer y confiar en Cristo les haría posible escapar de los falsos maestros y, en cambio, centrarse en fortalecer su fe y amor por Dios y por los demás. Esto los convertiría en cristianos completos y maduros, conociendo la palabra de Dios lo suficiente como para reconocer las falsedades cuando llegaran.
Pablo les advirtió que ciertos judíos intentarían innecesariamente exigirles obedecer todas las ordenanzas que apuntaban al Mesías. Cosas como la circuncisión, las limpiezas rituales y los sábados ceremoniales se habían vuelto aún más gravosos por los rabinos a lo largo de los siglos. La cortina del templo fue arrancada de arriba abajo inmediatamente después de la muerte de Jesús, lo que indicaba que los sacrificios de animales y muchos de los rituales ya no eran necesarios. La muerte de Cristo les permitió estar completos en Cristo sin ellos.




