Simplemente saber algo sin actuar en consecuencia es inútil cuando se trata de la ley de Dios. Sin embargo, cuando nos acercamos a Dios y empezamos a conocerle como Amigo, nuestro amor por Él crece, haciendo posible la parte de “hacer” y nunca una carga.
De hecho, la única forma de mantener la ley como Dios quiso es conociendo al Legislador. Tiene el poder de convertirnos en sirvientes amorosos y obedientes, y no solo en robots, desprovistas de emociones humanas. Esto es en lo que muchos líderes religiosos se habían convertido en la época de Jesús: simples robots que obedecían legalmente la letra de la ley, pero carecían de conocer a Dios a nivel personal.
Jesús describió a la persona que conoce a Dios y obedece la ley como alguien que ha construido su casa sobre una base sólida llena de roca. Este tipo de casa es ideal para resistir mejor las tormentas de la vida que una construida sobre una base arenosa y escurrida. Tanto conocer a Dios como hacer lo que Él dice es vital para nuestra salvación. Jesús es la Roca que hace que nuestra obediencia sea duradera y sólida (1 Corintios 10:4).




