Jesús alivió los miedos de los discípulos al permitirles tocarlo y comer frente a ellos. Al principio tenían miedo de que él era un fantasma, o un demonio disfrazado de Jesús. Sus miedos iniciales, como los de las mujeres, fueron reemplazados por la alegría sincera al saber que era realmente su Señor parado ante ellos.
El Salvador les habló sobre las profecías mesiánicas en las Escrituras para confirmar que sus sentimientos de alegría estaban justificados. Tener este fondo bíblico establecido firmemente en sus mentes los preparó para la tarea de predicación que se avecina. Como testigos de estos eventos predichos, debían compartir con todos los que escucharían que su Señor había resucitado de entre los muertos y lo habían visto.
Nosotros también necesitamos establecer nuestra comprensión al ser fundamentada en la Santa Palabra de Dios. Esto nos preparará para ser testigos efectivos de cómo Dios ha tocado nuestras vidas con el evangelio de la salvación. La misión de Dios sigue siendo nuestra misión, mientras estudiamos diariamente la Biblia con alegría en nuestros corazones, y trabajamos con él para difundir su amor a todos los que nos rodean.




