Muchas veces, las obras de la naturaleza se utilizan para recordarnos el poder del gobierno soberano de Dios. Especialmente cuando consideramos los cielos, la luna y las estrellas, reconocemos nuestro humilde lugar en el vasto universo (Salmo 8:3-5). Fuimos hechos “un poco menores que los ángeles”, nos dice el salmista. Con la humildad que esto trae, nos sentimos más cerca de Dios que nos creó y del Hijo de Dios que se humilló para llegar a ser uno de nosotros (Filipenses 2:5-8).
La imagen de las ovejas en un pastisal (Salmo 100:3), que representa el amor y el cuidado que el Pastor tiene por nosotros, nos motiva a alabarle con alegría y servirle con acción de gracias (Salmo 100:1,2). Los poderes creativos de Dios lo hacen el único digno de nuestra confianza y alabanza.




