Dios nos llama a esperar con valentía su Segunda Venida. Esta espera debe hacerse con paciencia, con gran anticipación y confianza. Aunque algunas esperas en la tierra son estresantes, con la desilusión como posible resultado, sabemos que las promesas de Dios son confiables. Él nos ha mostrado a través de experiencias pasadas en la Biblia que Él ayuda a Su pueblo, aunque haya mucho que soportar durante la espera.
El profundo anhelo por la presencia de Dios que sentimos durante estos tiempos ha sido comparado con la sed intensa que tenemos en tierra seca, donde no hay agua (Salmo 63:1). Sin embargo, Dios en verdad está con nosotros a través de Su Espíritu Santo. Él nos da el deseo, o la sed, de una nueva creación, que nos obliga a esperar pacientemente el cumplimiento de nuestros sueños.
La muerte y resurrección de Jesús son la garantía de nuestras esperanzas de una Segunda Venida, trayendo consigo el gozo de nuestra propia Mañana de Resurrección que nos lleva a la presencia plena de nuestro Padre celestial.




