Aunque el razonamiento humano es limitado y puede equivocarse, Dios no espera que ignoremos nuestra mente cuando se trata del estudio de Su palabra. Después de todo, nos dice que le amemos con todo nuestro corazón, mente y alma (Mateo 22:37). Cada parte de nuestro ser debe estar comprometida con la tarea de comunicarnos con Dios a través del estudio bíblico y la oración. Ninguna lectura superficial o improvisada, ni ninguna oración apresurada al salir por la mañana nos acercará tanto a Dios como Él desee.
Tomar la Biblia en su conjunto es vital para entenderla en parte. Podemos confiar en que, con la oración, Dios revelará lo que necesitamos saber cuando necesitemos saberlo. Debemos persistir en buscar a fondo las Escrituras, reconociendo su contenido inspirado y autoritario, diseñado para elevarnos y guiarnos en nuestro camino cristiano.
Pablo dio sabios consejos a Timoteo, un joven pastor. Incluía una buena descripción de las Escrituras (todavía solo el Antiguo Testamento para ellas), y es una de las que todos podemos beneficiarnos. 2 Timoteo 3:15-17 confirma que Dios inspiró a los profetas a escribir lo que hicieron. Estos escritos son útiles para entender la verdad sobre Dios e instruirnos en cómo vivir rectamente.




