Los esfuerzos de Satanás por bloquear el tiempo que pasamos con Dios revelan el nivel de beneficio que obtenemos de la oración y el estudio bíblico. El enemigo de Dios usa todo lo que tiene en su arsenal para ver que estamos demasiado cansados, apáticos, ocupados o dudosos para dedicarnos a un estudio profundo de la palabra de Dios. Él sabe cómo alimenta nuestra alma y nos convierte en siervos obedientes y dispuestos de nuestro Padre celestial.
Fue la palabra de Dios la que dio vida al mundo (Salmo 33:6), la que nos da fuerza para superar la tentación (Mateo 4:3, 4) y que algún día resucitará a los muertos para su recompensa eterna (Juan 11:41-43). Aprendemos de la Biblia lo constante y compasivo que es Dios con todos sus seres creados, y cómo podemos disfrutar plenamente de Su compañía conociéndole a través de las Sagradas Escrituras.
El estudio de la palabra de Dios nos prepara para luchar contra Satanás mejorando nuestras relaciones, tanto con Dios como entre nosotros. Elegir cada día comunicarnos con Dios y con nuestros seres queridos es una forma conocida de crecer y mejorar nuestra conexión con ellos. El estudio bíblico potencia esa comunicación con Dios.




