La limpieza del santuario ocurrió en el Día de la Expiación, también llamado Día del Juicio, o Yom Kipur en hebreo. Era la única vez durante el año en que el sumo sacerdote entraba al Lugar Santísimo donde se guardaba el arca del pacto.
El propósito final de esta actividad sacerdotal era limpiar el santuario colocando simbólicamente la sangre recolectada allí durante los sacrificios diarios sobre la cabeza de un chivo expiatorio al que llamaban Azazel y enviándolo al desierto para que muriera solo (Levítico 16:21). Esto representó cómo Dios algún día colocará sobre Satanás la culpa y la responsabilidad de engañar a tantos, tanto en el cielo como en la tierra.
Sin embargo, antes de que llegara este Día de Expiación, los israelitas pasaron diez días ayunando y orando para preparar sus corazones para el evento solemne. Debían dejar de aferrarse a los pecados más preciados y alejarse de todo mal. Este examen de conciencia también debe realizarse ahora, antes del gran Día del Juicio. El pueblo de Dios debe pedir arrepentimiento y limpieza en estos últimos días, para estar listo para la gloriosa Segunda Venida de Cristo.




