Al observar los eventos de la iglesia primitiva, justo después de la resurrección y la ascensión de Cristo, podemos comprender más completamente lo que podemos y debemos hacer para participar en la misión de Dios de salvar al mundo hoy. Idealmente, nuestra motivación debería ser honorable (basada en el amor). Y en segundo lugar, nuestra preparación debe ser adecuada (basada en la Palabra de Dios). Aunque Dios puede usarnos a pesar de nuestra falta de cualquiera de estos factores, los resultados de nuestra misión son mayores y más duraderos cuando les prestamos atención.
Incluso con la motivación correcta y el estudio adecuado de la Biblia, se debe utilizar un tercer elemento crucial.El funcionamiento del Espíritu Santo no debe pasarse por alto. Nuestro discipulado está incompleto sin su participación. Nuestras oraciones deben incluir amplias solicitudes para que el Espíritu multiplique y solidifique nuestros esfuerzos humanos para ganar almas para el reino de Dios




