La misión de Dios, nuestra misión, no estará completa hasta que la Ciudad Santa descienda del cielo y seamos ciudadanos de un cielo nuevo y una tierra nueva. Allí reinaremos con Él para siempre en paz y prosperidad, aprendiendo cada vez más sobre el Dios al que servimos y alabándole por Sus gloriosas obras en todo el universo.
Sin embargo, incluso ahora tenemos el privilegio de participar en este gran evento futuro haciendo discípulos de todos los que podamos en este viejo y pecaminoso planeta. Ha sido útil para la misión global de la iglesia identificar los grupos que han sido alcanzados con los mensajes de los tres ángeles y aquellos que no. Aquellos que consideramos “alcanzados” tienen números y recursos adecuados a nivel local para servir y testificar de manera efectiva sin gran ayuda externa del resto de la iglesia mundial.




