Corinto, una metrópoli económicamente favorecida y rival de Atenas, tuvo la fortuna de contar con dos puertos que fomentaban el comercio de bienes e ideas. Así se convirtió en una ciudad muy pluralista, donde prosperaban muchos santuarios religiosos y prácticas idólatras. La prostitución ritual, fomentada por muchas de estas religiones, también tenía un hogar allí, lo que llevó a sus ciudadanos a bajar los estándares sexuales que en otros lugares donde Pablo podría haber ido.
Sin embargo, Pablo reconoció que si la fe echaba raíces en Corinto, probablemente encontraría su camino en otros lugares de esa parte del mundo. Por tanto, entender qué funcionó mejor para Pablo frente a los difíciles desafíos que enfrentó en Corinto, nos informará y animará mientras luchamos por abrirnos camino en las muchas grandes ciudades de nuestro mundo hoy en día.
Ignorar las grandes ciudades probablemente no sea la mejor manera de realizar trabajo misionero. Las ciudades contienen a nuestras poblaciones más necesitadas, que merecen escuchar el evangelio tanto como cualquiera. No los descuidemos, pasando por alto quizá nuestra forma más eficaz de que la verdad salga de sus fronteras a otros que ansían conocer al verdadero Dios.




