Iniciar la conversación sobre el evangelio puede ser una de las cosas más difíciles para muchos de nosotros, especialmente cuando sentimos que nuestras creencias chocan con lo que la sociedad considera normal. Si miramos la historia, veremos a muchísimas personas que, por llevar este mensaje, han enfrentado grandes sufrimientos e incluso han perdido la vida. Y la verdad es que esto no parece que vaya a cambiar. Pero, ¿qué es lo que nos impulsa a seguir adelante, a pesar de todo? Solo hay algo que nos da esa fuerza y esa resistencia: el profundo amor de Cristo.
Sabemos que seguir a Jesús no siempre es fácil y que puede traer consigo sus propios desafíos y riesgos. Sin embargo, también somos conscientes de lo fundamental que es obedecer su llamado: “Vayan por todo el mundo y hagan discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.” Es una tarea enorme, sí, pero tenemos la certeza de que Dios nos guía en cada paso del camino. A pesar de los peligros que puedan surgir, la satisfacción de cumplir esta misión es inmensa. Como Jesús mismo nos recuerda: “Mantente fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.”




