Después de animar a los creyentes filipenses a ser luces brillantes para Jesús, en esencia a derramar sus vidas en sacrificio a Dios, Pablo señaló a un par de personas que ejemplificaban estas virtudes: Timoteo y Epafrodito.
Timoteo fue reconocido como un compañero de trabajo que fue coenviador de su carta a los Filipenses (Filipenses 1:1). Otras cartas paulinas identifican a Timoteo como un coevangelista que había sido enviado a Macedonia y había trabajado con Pablo y Silas en Corinto y más tarde en Éfeso. Evidentemente se conocían bien y desde hacía algún tiempo. El joven Timoteo había sido probado por pruebas que habían demostrado su carácter ante su mentor, Pablo.
Es en los momentos difíciles de la vida que se demuestra que nuestros personajes son ciertos o no. Las dificultades nos fortalecen para las incertidumbres que nos esperan. Siempre tendremos provocaciones que nos pongan a prueba, pero “si a las palabras insultantes se responde con respuestas amables y a los actos opresivos con bondad”, nuestras gracias cristianas se desarrollan. ~de Elena G. de White, Testimonios para la Iglesia, vol. 5, pág. 344.




