Dios da el primer paso hacia el desarrollo de una relación con los humanos. Este vínculo con Él debe basarse en el amor mutuo, y no solo en un conjunto de reglas que sentimos obligados a seguir.
La imagen de la vid nos ayuda a apreciar el papel del Espíritu Santo en nuestra relación con Dios. El Espíritu trae crecimiento a través de la savia vital que fluye por la planta. La savia asegura que permanezcamos conectados a la Vid y que no nos marchitemos ni muramos.
Varios versículos de Juan, capítulos 14 a 16, revelan lo que el Espíritu Santo puede hacer por nosotros. Él es nuestro Consolador, revelándonos a Jesús, convenciéndonos del pecado y guiándonos hacia la verdad de Dios. Por tanto, es vital que sigamos vinculados a la Vid a través del Espíritu Santo.




