Libro Complementario Capitulo 8 “La Creación y la Providencia” L.James Gibson – Para el sabado 23 de Febrero 2013

Muchas personas se preguntan cuánto está realmente haciendo Dios en nuestro mundo. Algunos lo ven solo en las catástrofes, tales como terremotos, tornados e inundaciones. Otros lo con-sideran como demasiado distante para estar involucrado, y dudan de la realidad de los milagros, atribuyendo cada evento a las “fuerzas de la naturaleza”.
El término “Providencia” se refiere a cómo Dios gobierna este mun-do. Comúnmente pensamos en la providencia como un acto de Dios en respuesta a la oración. Tiene que ver con las respuestas a las oraciones, pero es más amplio que eso. La Biblia describe a Dios como activamen-te comprometido en proveer para sus criaturas. Dios actúa tanto por medio de actos especiales de providencia, tales como las respuestas a las oraciones, la providencia general, o el hecho de sostener los proce-sos de la naturaleza. En este capítulo, examinaremos algunos aspectos del gobierno de Dios en el mundo, incluyendo la providencia general y la especial.

La providencia general
Al finalizar la semana de la Creación, Dios descansó de su obra crea-tiva (Génesis 2:2, 3). No descansaba porque estuviera cansado, sino porque había completado la tarea. Dios ya no sigue creando como lo hizo durante la semana de la Creación; pero esto no significa que Dios está inactivo. Jesús aseguró: “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo traba-jo” (Juan 5:17)- Dios no abandonó al mundo. Todavía trabaja en él.
La providencia general de Dios fue puesta en su lugar en la Crea-ción. Mientras Dios creaba el universo, estableció los esquemas, las “le-yes”, por las cuales lo gobernaría. Como parte de su obra de creación, el Señor proveyó lo necesario para la vida. Con el fin de ser un lugar adecuado para los organismos vivientes, su medioambiente debía tener luz, oxígeno, agua dulce, tierra seca e indicios ambientales, 1 de modo que los organismos pudieran desarrollar esquemas regulares de con-ducta. Dios formó todo esto durante la semana de la Creación, y él lo mantiene mediante su providencia general.
La providencia general de Dios se ejerce por medio de lo que lla-mamos las “leyes de la naturaleza”. Estas “leyes” no son requisitos que limitan la actividad de Dios; más bien, son herramientas que él eligió pa-ra realizar su voluntad. Nosotros las llamaríamos “las leyes de la pro-videncia” porque no son propiedades inherentes al universo físico; en cambio, son modelos del gobierno libremente escogido por el Creador con el propósito de sustentar el universo que él creó.
Dios es la fuente de las leyes naturales. La estructura del universo está basada sobre la materia y la energía, que son intercambiables. La materia es mantenida en existencia por lo que llamamos las “fuerzas fundamentales”. Estas incluyen la fuerza de la gravedad y las fuerzas que mantienen unidos a los átomos. 2 Los científicos describen estas fuerzas como “propiedades fundamentales de la materia”. Como cre-yentes, reconocemos que la materia no tiene propiedades propias: Dios estableció las propiedades de la materia por su propia voluntad. Po-demos considerar las fuerzas fundamentales como el poder que Dios ejerce continuamente para mantener la existencia de la materia del uni-verso. 3
Desde la Caída, Dios debió tratar con una creación dañada. Él eligió arreglarla en vez de descartarla. Esto significa que él sigue sosteniéndo-la aun en su condición dañada. Hasta mantiene la existencia de los átomos y las moléculas que constituyen los cuerpos de los que se opo-nen a su voluntad y que destruirían a Dios si pudieran.
La providencia general de Dios incluye el mantener las condiciones necesarias para sostener la vida. Después del gran Diluvio, Dios pro-metió a Noé que los ciclos estacionales y diarios seguirían (Génesis 8:22). Dios trae el viento, la lluvia y el sol para sus criaturas, para todas ellas, las buenas y las malas por igual (Salmo 135:7; 145:15,16; Mateo 5:45). En forma similar, provee de alimento al ganado y al león (Salmo 104:14, 21). Las espinas y los cardos se benefician de esta provisión tan ciertamente como las vides y los árboles frutales. Pero, no debemos in-terpretar el hecho de que él suple a cada uno de ellos con lo que necesi-tan para la vida como su asentimiento de ellos en su situación caída; en cambio, es un ejemplo de cómo Dios cuida aun de sus enemigos, así como él nos invita a que lo hagamos (Mateo 5:43-48).
La providencia de Dios puede ser creativa. El salmista alaba la for-ma en que Dios formó sus partes internas mientras todavía estaba en el vientre (Salmo 139:13). Esto se refiere al proceso del desarrollo: ese cre-cimiento maravilloso desde una sola célula hasta conformar una perso-na nueva que lleva la imagen de Dios. Consideramos que Dios nos creó, aunque él no lo hizo del mismo modo que creó a Adán y a Eva. Dios no está ejecutando todavía la obra que completó en la semana de la Creación, sino que mantiene los procesos por los cuales se producen nuevas personas. También, emplea las mismas leyes de la naturaleza a fin de producir la salud y la curación, de modo que el salmista está en lo correcto cuando declara que Dios “sana todas tus dolencias” (Salmo 103:3), aun cuando usa procesos que consideraríamos “naturales”.
La providencia general se refiere al gobierno divino del mundo por medio de los procesos regulares, que llamamos “leyes naturales”. Estas leyes permiten que las cosas salgan mal; por ello, en nuestro mundo de pecado, tenemos inundaciones y sequías, enfermedades y muerte. Para la persona que no conoce acerca del mundo por venir, el mal que la gente experimenta en este mundo puede hacer que, a veces, la existen-cia parezca sin propósito. Pero, quienes conocen las promesas de Dios esperan “cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3:13).

La providencia especial
Además de gobernar la naturaleza mediante “leyes naturales”, Dios también actúa dentro del universo para causar eventos específicos. Po-demos considerar estos eventos como milagros, porque no sabemos de ninguna explicación potencial para ellos, en términos de las regulari-dades que solemos ver. Por definición, los milagros son escasos. Consi-deramos que los eventos que son predecibles son los fenómenos natu-rales, y no milagros. Si todos los muertos resucitaran cada luna llena, probablemente llegaríamos a considerar que se trataría de alguna ley de la naturaleza, aunque no pudiésemos explicarla.
La providencia especial puede ser realizada directamente, por un ac-to de Dios, o puede ser producida indirectamente. La resurrección de Lázaro es un ejemplo de providencia especial mediante un acto directo de Dios (Juan 11:38-44): el poder de Dios actuó directamente sobre el cuerpo de Lázaro, dándole vida. La curación del hijo del noble de Ca-pernaum fue otro acto de providencia especial por medio de la acción directa (Juan 4:46-54). Aun cuando Jesús estaba en Caná, a varios kiló-metros de distancia de la casa del noble de Capernaum, es clasificado como un caso de acción directa de Dios porque el joven enfermo fue sanado por la orden de Jesús. Dios actuó directamente para devolver la salud al joven.
A menudo -tal vez la mayoría de las veces-, los milagros ocurren in-directamente, como cuando Dios usó un viento para traer codornices a los israelitas (Números 11:31-34). Dios no las creó en ese momento, o las hizo desaparecer de su hábitat y reaparecieron en el campamento israelita; él usó el viento a fin de trasportar las codornices hasta allí. Sin embargo, como en este caso, un milagro logrado por medios indirectos todavía comprende un acto directo de Dios, que da inicio a la cadena de eventos. ¿De qué otro modo explicaríamos la llegada de tantas co-dornices al interior de la península arábiga, poco después de que Dios dijera a la gente que les daría carne? Dios debió haber actuado directa-mente a fin de producir el viento, que llegó en el momento justo para reunir las codornices y llevarlas hasta el lugar que él eligió. Este evento fue un acto de la providencia especial producido indirectamente, me-diante una cadena de circunstancias iniciadas por un acto divino direc-to.
Muy a menudo, un acto de providencia especial está acompañado por alguna actividad humana que, en sí misma, no lograría realizar el efecto deseado, pero que satisfizo una condición que Dios indicó que debía atenderse antes de que él pudiera actuar. Un ejemplo es la cura-ción de Naamán de su lepra (2 Reyes 5:9-14). Por medio de Eliseo, Dios instruyó a Naamán para que se lavara en el río Jordán siete veces. Cuando lo hizo, fue sanado. Seguramente, no había nada en el agua de ese río que sanara a Naamán; la curación fue un acto directo de Dios. No obstante, el agua tomó una parte importante en el milagro, y si Naamán se hubiese rehusado a seguir las instrucciones, no se habría curado. Podríamos llamar a esto una providencia especial condicional: un acto divino que sucede solo con la cooperación humana.
La Escritura contiene muchos otros ejemplos de providencias espe-ciales condicionales; entre ellas, el endulzamiento de las aguas amargas de Mara cuando Moisés, siguiendo la orden divina, derribó un árbol y lo arrojó al agua (Éxodo 15:22-25); la curación de los que miraron con fe la serpiente de bronce (Números 21:4-9); la lluvia que vino en respuesta a la oración de Elías (1 Reyes 18:41-46); el aceite que continuó fluyendo hasta que todos los vasos que la viuda había reunido estuvieron llenos (2 Reyes 4:1-7); y el cambio del agua en vino, en las bodas de Caná, cuando los jarrones se llenaron y fueron llevados al maestresala (Juan 2:1-10).
Dios, a veces, actúa de modo que no lo habría hecho en un mundo no caído. Así, la Biblia a veces describe a Dios como produciendo desastres que destruyen multitudes de personas con el fin de castigar su rebelión. El Diluvio del Génesis es el primer ejemplo en las Escritu-ras, y el más dramático; pero hay muchos otros. Las plagas de Egipto (Éxodo 7 al 12) fueron actos singulares de la providencia, que lograron la liberación de los esclavos hebreos de Egipto, pero al costo de muchos de los recursos de los egipcios. En forma similar, la destrucción de las ciudades de Sodoma y de Gomorra (Génesis 19); la apertura del tierra para tragar a Coré, Datán y Abiram (Números 16:28-33), la muerte de Uza cuando tocó el arca (2 Samuel 6:6, 7); y la destrucción del ejército asirio durante el sitio de Jerusalén (2 Reyes 19:35), tuvieron la intención de preservar las agencias mediante las cuales Dios tenía la intención de hacer disponible la salvación para toda la humanidad.
La providencia especial puede ser constructiva o destructiva, condi-cional o incondicional, directa o indirecta, pero siempre tiene la intención de ser redentora, mientras conserva la libre elección. Finalmente, vino la mayor providencia de todos los tiempos: la encarnación, la muerte y la resurrección de Jesús, y estos eventos fueron claramente redentores.

La Creación, la providencia y el carácter del Creador
En toda la Biblia, Dios se presenta como omnipotente, misericordio-so y bueno. Él provee a las necesidades de su pueblo; él los protege contra daños; los guía y los bendice en sus planes; cuida de los necesi-tados así como de los ricos. Sin embargo, a veces surgen preguntas acerca de qué clase de Dios es él. En la sociedad actual, muchos han aceptado la teoría de que los seres humanos y los animales han evolu-cionado desde un antepasado común; no obstante, son escépticos de que esto pudiera suceder puramente por el azar y las leyes naturales. Un resultado de este modo de pensar es la teoría de que Dios es el Creador, pero que se valió de la evolución como el método de creación. Esta propuesta plantea algunos interrogantes muy serios acerca del ca-rácter del Creador; y porque la teoría es bastante popular en algunas partes de la cristiandad, vale la pena comentarla aquí.
La gente utiliza diferentes expresiones tales como “evolución teísta”, “creación evolucionista” o “evolución providencial” a fin de identificar la teoría de que Dios usó procesos evolucionistas para crear. No impor-ta qué nombre se elija, tales teorías implican que Dios es maligno. Ana-lizaré seis maneras en las que las teorías de la creación evolucionista impugnan el carácter de Dios. Los lectores podrán encontrar un análisis más amplio en otras fuentes. 4
Los procesos evolucionistas involucran tres pasos que son inconsis-tentes con el carácter de Dios como se revelan en la vida y las enseñan-zas de Jesús. Estos pasos son: la competencia debido a recursos limita-dos; la eliminación de los débiles obrada por los fuertes; y la superación gradual de las especies. Estos pasos plantean, por lo menos, seis obje-ciones a la teoría de la creación evolucionista.
1. La teoría de la creación evolucionista implica que Dios limita in-tencionalmente los recursos de modo que no haya suficiente para to-dos. El evolucionismo se basa en la competitividad, debido a los recur-sos limitados. Es cierto que la competencia es inevitable en nuestro mundo caído, y que ocasiona sufrimiento. Pero, no hay límites para lo que el Dios que describe la Biblia puede proveer, y él trabaja para ali-viar el sufrimiento. Jesús mostró la generosidad de Dios al ministrar a todos aquellos que tenían necesidades; y mostró los recursos ilimitados de Dios cuando multiplicó los panes y los peces para alimentar a los miles que se habían reunido para escuchar su enseñanza (Mateo 14:13-21; 15:32-38).E1 elemento de los recursos limitados de la teoría de la creación evolucionista imita la sugerencia de Satanás a Eva, de que Dios había retenido algo de ella. Dios no produce escasez de recursos; más bien, este es el resultado de las actividades de Satanás.
2. La teoría de la creación evolucionista implica que Dios aprueba la destrucción de los individuos más débiles por los que son más fuertes. Pero, el Dios de la Biblia es el Dios de los vivos (Mateo 22:32). Jesús vino para traer vida (Juan 10:10), no muerte. El cuidado de los pobres es uno de los requisitos básicos que deben cumplir quienes desean seguir a Dios; los que no proveen de este cuidado afrontan su condena-ción (Mateo 25:31-46). Satanás es el “dios” de la muerte (Hebreos 2:14).
3. La teoría de que Dios usó el evolucionismo como el proceso de la creación también implica que él utilizó un proceso maligno para pro-ducir humanos a su propia imagen, que las Escrituras afirman que eran buenos. Muchas personas preguntan por qué Dios usaría el mal con el fin de crear formas de vida, en vez de crearlos directamente. Una respuesta es que él no podía lograr lo que quería de una sola vez, de modo que tuvo que hacerlo en etapas. Pero, esto no puede ser cierto porque, según las Escrituras, Dios es omnipotente. Una explicación al-ternativa podría ser que él eligió crear por medio de procesos evolu-cionistas porque es indiferente al dolor. Pero, esto tampoco puede ser verdad, porque él es un Dios de amor y de misericordia. De este modo, la teoría de que Dios eligió emplear la evolución para crear, no puede ser reconciliada con su carácter.
4. Otro problema con la teoría de la creación evolutiva es que impli-ca que Dios establece una norma moral más elevada para sus criaturas que la que él mismo práctica. Dios nos ha enseñado a ser bondadosos y misericordiosos, a cuidar de los débiles y los pobres, a servir a otros aun al costo de nosotros mismos. Pero, estas demandas son inconsis-tentes con los métodos de la creación evolucionista. Si hubiésemos de seguir el ejemplo puesto por un Dios que opera en base a la creación evolucionista (Mateo 5:48), entonces apoyaríamos los esfuerzos por eliminar a quienes sean genéticamente inferiores, por el bien de la raza; proceso que se llama eugenesia. El resultado de esta manera de pensar puede verse en la historia del nazismo. 5
5. El sábado del séptimo día es otra víctima de las implicaciones de la creación evolucionista. Si no hubo seis días de creación, no puede haber un sábado en el séptimo día, porque el séptimo día se define co-mo el día que sigue a los seis días de la creación. Los creacionistas evo-lucionistas pueden, todavía, guardar el sábado, por supuesto, y pueden justificar su práctica de la manera que quieran, pero su elección sería arbitraria. No existe conexión lógica entre el creacionismo evolucionis-ta y la adoración en el séptimo día. Esto puede no importar a los que guardan otro día de la semana, pero sí afecta a quienes eligen seguir el cuarto Mandamiento (Éxodo 20:8-11). Algunas personas señalan Deu-teronomio 5, donde la razón dada para guardar el sábado es la libera-ción de Israel de Egipto; pero esto se aplica solo a los judíos, y no da ninguna base para determinar qué día es el séptimo. La creación evolu-cionista es muy compatible con guardar cualquier día como santo… o no guardar ninguno.
6. Finalmente, el creacionismo evolucionista niega la relación que existe entre el pecado y la muerte. En la interpretación evolucionista del registro fósil, los animales estaban sufriendo y muriendo mucho antes de que los humanos llegaran a la existencia. La teoría de la crea-ción evolucionista también niega que el pecado tenga algún efecto so-bre la naturaleza.
Los evolucionistas señalan que el registro fósil contiene evidencias de sufrimiento y de muerte similares a las que vemos hoy en el mundo. Este concepto implica que los escritores de la Biblia entendieron mal: Jesús no murió por nuestros pecados, sino por alguna otra razón.
A fin de explicar la diferencia entre los seres humanos y los anima-les, muchos evolucionistas teístas postulan que Dios escogió a dos in-dividuos y les dio almas inmortales, trasmitiendo estatus moral al “Adán” y a la “Eva” que así creó. Pero, la Escritura niega que algún humano tenga alma inmortal, afirmando que solo Dios tiene inmortali-dad (1 Timoteo 6:15,16) y que los redimidos recibirán la inmortalidad recién en la resurrección (1 Corintios 15:52-54).
Sea que la llamemos “creación evolucionista” o “evolución teísta”, la teoría de que Dios eligió los procesos evolucionistas como su método de creación es falsa. No es compatible con la historia bíblica de la Crea-ción, la Caída y la salvación; socava el evangelio; y justifica los errores de la adoración en domingo (Daniel 7:25) y de la inmortalidad del alma (2 Corintios 11:14). 6 La Biblia narra la verdadera historia de la Crea-ción; describe con precisión, en sus páginas, el carácter justo de Dios, la naturaleza de los seres humanos y la historia del evangelio, que tam-bién se verifican en la vida y las enseñanzas de Jesús.

Conclusión
Jesús no es solo el Creador, sino también el que gobierna el mundo por medio de su providencia. Ha hecho abundante provisión para las necesidades de todas sus criaturas, al establecer las propiedades del ambiente físico y las relaciones ecológicas entre los organismos vivien-tes. Y aunque Adán cedió acceso a Satanás a este mundo, y este ahora procura destruir los sistemas que Dios estableció en la Creación y así producir sufrimiento y muerte, Jesús sigue manteniendo estos sistemas designados divinamente.
Además de las provisiones generales que Dios estableció en las leyes de la naturaleza que él determinó en la creación, Dios también, de tanto en tanto, actúa por medio de actos de la providencia especial a fin de llevar adelante sus planes redentores. Estos actos a menudo nos pare-cen coincidencias, y a veces milagros, con frecuencia en respuesta a la oración. Por medio de estos actos de providencia especial, Dios sigue cuidando de la creación y dirigiendo los eventos hacia la culminación predicha en la Escritura, cuando todas las cosas sean renovadas. Una correcta comprensión de la providencia revela al Creador como omni-potente, misericordioso y bueno, así como él pide que seamos sus se-guidores.
Referencias
1 Algunos microorganismos pueden sobrevivir sin algunas de estas características, pero todos los organismos sensibles los requieren.
2 Estos incluyen la fuerza nuclear fuerte y la fuerza nuclear débil, junto con la fuerza electromagnética.
3 Ver White, Elena G. de, “Las leyes de la naturaleza”, Testimonios para la iglesia, (2004), t. 8, pp. 270-272.
4 Richards, J., ed., God and Evolution (Seattle: Discovery Institute Press, 2010); Hunter, C. G., Darwin’s God (Grand Rapids, MI: Brazos Press, 2001); J. T. Baldwin, ed., Creation, Ca-tastrophe, and Calvary (Hagerstown, MD: Review and Herald®, 2000).
5 Bergman, J. “Darwinism and the Nazi Race Holocaust”, Creation Ex Nihilo Technical Journal 13/2, pp. 101-111 (1999); ver también Weikart, R. From Darwin to Hitler: Evolu-tionary Ethics, Eugenics and Racism in Germany (Nueva York: Palgrave Macmillan, 2006).
6 Ver también Ezequiel 18:4; Isaías 8:19, 20.

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