Libro Complementario Capítulo 12 “Las buenas noticias de la Creación” sabado 23 de marzo 2013

El pecado de Adán produjo separación de Dios. Pero hay bue-nas noticias: Dios ha provisto una manera en que seamos res-taurados al compañerismo con él. Dios envió a su Hijo al mundo para morir en nuestro lugar, a fin de que podamos compartir su vida. Este mensaje sencillo del evangelio es un hilo de oro que une todas las Escrituras en una promesa de esperanza y de restauración. La enseñan-za bíblica de la Creación está íntimamente relacionada con el evangelio.
El primer indicio del evangelio lo dio el Creador mismo, en el Edén, a las únicas dos personas que existían en ese tiempo. Adán y Eva, a sa-biendas y voluntariamente, habían desobedecido las claras instruccio-nes de su Creador, y habían comido del fruto prohibido. Dios los llamó a juicio, en el cual a regañadientes confesaron; luego, vendrían las sen-tencias. La serpiente, que había traído la tentación, fue sentenciada primero. Es sorprendente, pero Dios eligió dar el primer indicio de las buenas noticias en lo que dictaminara a la serpiente, incluso antes de que la pareja caída hubiera escuchado su castigo. Dios dijo: Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; és-ta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3:15).
Tres elementos en esta declaración la colman de esperanza. Primero, Dios pondrá enemistad (‘eybáh, odio) entre la serpiente y la mujer. Aunque la serpiente había engañado a la mujer y la había hecho que-brar su relación con su Creador, Dios la protegería de una dominación completa por el enemigo. Ella había caído en pecado, pero su libertad de elección no se había perdido: ella retendría la capacidad de elegir si seguiría a Dios o al engañador.
Segundo, la mujer tendría una “simiente” (zerá’); en otras palabras, un niño. Esto significaba que no moriría de inmediato. Aunque su muerte final era segura, ella tendría la oportunidad de criar una familia y de arrepentirse de su pecado. También, significaba que habría un conflicto continuo entre sus descendientes espirituales y los del enemi-go, que culminaría en el combate personal entre Satanás y la Simiente de la mujer, Jesús. 1
Tercero, su Descendiente heriría (shuf, también “aplastar”) la cabeza del enemigo-serpiente, aunque al precio de herir su propio talón. La serpiente finalmente será destruida, pero a un costo. Cuando Dios cu-brió a Adán y a Eva con vestiduras hechas de pieles de animales (Géne-sis 3:21), comenzaron a entender que el costo de la salvación sería muy alto. La historia de Adán y de Eva en el Jardín es una historia de gracia. La salvación es un regalo, y viene por iniciativa de Dios, no nuestra.
Los sacrificios contrastantes de Abel y de Caín indican que, por lo menos, algunos de los que vivían en ese tiempo entendían el profundo significado del sacrificio. Abel trajo un cordero de su rebaño, implican-do la aceptación de su necesidad de un salvador y su dependencia de Dios. Caín, en contraste, ignoró la provisión de Dios y trajo un sacrifi-cio que él había elegido, lo cual representó su intento de ganar la apro-bación de Dios por medio de sus propios esfuerzos. La ofrenda de Caín de su propio trabajo no podía reconciliarlo con Dios, ni tampoco lo ha-rá por nosotros. La aceptación de Dios es un asunto enteramente de gracia; y la tenemos o no la tenemos.

La Creación y el evangelio en la vida y la muerte de Jesús
La vida y el ministerio de Jesús revelan la relación entre la Creación y el evangelio de muchas maneras. Primera, Cristo es llamado el se-gundo Adán; una clara referencia al informe de la Creación en Génesis. Segunda, la victoria de Cristo sobre el diablo se menciona (o fue escrita) en términos derivados del Génesis. Tercera, la resurrección es un asun-to de creación comparable con la creación de Adán del polvo.
Cristo, el segundo Adán. La correspondencia entre Cristo y Adán es una afirmación importante de la Creación en la historia del evangelio. Adán fue el primer ser humano, cuyo pecado trajo la muerte sobre to-dos sus descendientes. Cristo vino como el segundo Adán (1 Corintios 15:45), para traer vida donde Adán había traído muerte. Jesús dijo: “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”
(Juan 10:10). Aunque algunos pueden cuestionar la realidad de Adán y de Eva, la vida y el sacrificio de Jesús dan validez a la historia del Gé-nesis acerca de estos progenitores de toda la raza humana. Fueron per-sonas reales, que realmente pecaron y que así trajeron la muerte física real al mundo.
Sin embargo, Pablo escribe respecto de la esperanza que trajo Cristo: “Mas ahora, Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entro por un hom-bre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados (1 Corintios 15:20-22). La Creación y el evangelio están vinculados en la correspondencia entre el primer Adán y Cristo, el segundo Adán.
La herida a la serpiente. El vínculo entre la Creación y el evangelio se ve también en ciertas referencias al conflicto entre Cristo y Satanás. Es-tas referencias tienen sus raíces en la historia del Génesis de la Creación y la Caída. Por ejemplo, Pablo se refiere a que Satanás sería “herido”, o “aplastado”: “Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vues-tros pies” (Romanos 16:20). Este es un eco de la promesa dada a Adán y a Eva de que la “Simiente” de la mujer derrotaría a la serpiente. En la cruz, la cabeza de la serpiente fue “herida”; fue derrotada y finalmente será destruida. 2 Sin embargo, el diablo está vivo ahora, y todavía es una fuerza que hay que tomar en cuenta.
Isaías se refiere a una herida, en este caso, la herida de la Simiente: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido [daká’] por nuestros pecados” (Isaías 53:5). La palabra hebrea para “herido”, aquí, es dife-rente de la palabra traducida para “herir” en Génesis 3, pero los signifi-cados son equivalentes. Cristo fue literalmente herido: fue golpeado repetidamente (Mateo 27:26-31; Lucas 22:63). Pero, aunque fue golpea-do y herido, no fue aplastado ni derrotado. Ganó la victoria por medio de sus sufrimientos; y él la ganó a nuestro favor, porque “por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).
Hebreos 2:14 y 15 nos provee de otro eslabón con Génesis 3:15. Pa-blo escribe que “por medio de la muerte” Jesús destruiría al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.
El pecado trajo la muerte (Génesis 3:19; Romanos 5:12 y siguientes), y el diablo trajo el pecado. La relación entre el diablo y Cristo, la “Si-miente” de la mujer, es de enemistad, u odio. Existe un conflicto conti-nuo entre ellos, que resulta en que ambos serán “heridos”. Pero Cristo es claramente el triunfador. Como resultado, tanto la muerte como el diablo serán destruidos (1 Corintios 15:26; Apocalipsis 20:7-10). Así, en el lugar del primer pecado, escuchamos la primera promesa del evan-gelio.
La resurrección. Un tercer enlace entre la Creación y el evangelio es el poder creador obvio en la resurrección. Jesús resucitó de los muertos por medio de su propio poder: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar” (Juan 10:17, 18).
La vida proviene de Jesús, quien es el Dios Creador. Jesús hizo va-rias declaraciones que indican que él es la Fuente de la vida. Tal vez, la más clara y más poderosa fue la que hizo frente a la tumba de Lázaro. “Yo soy la resurrección y la vida” (Juan 11:25). En otras ocasiones tam-bién dijo: “Yo soy el camino, la verdad, y la vida” (Juan 14:6); “Yo soy el pan de vida” (Juan 6:48); Y “yo he venido para que tengan vida” (Juan 10:10).
La resurrección corporal de Jesús fue un verdadero evento en la his-toria. Al Señor resucitado lo vieron centenares de personas (Juan 20:26- 28; 1 Corintios 15:6). La realidad de la resurrección dio poder y osadía a los apóstoles (Hechos 2:22-36). Jesús fue un ser humano real, con un cuerpo real, que realmente murió y resucitó corporalmente. Más que cualquier otro hecho único de la historia, la realidad de la resurrección es la que da vida a la religión cristiana.
La resurrección de los muertos es un acto de creación similar a los actos creadores que sucedieron durante la semana de la Creación; espe-cialmente, al de la creación de Adán. Dios formó a Adán del polvo y le dio vida por medio de su poder creador. De forma similar, mediante su propio poder, el Creador resucitó el cuerpo inerte de Lázaro en lo que fue un acto de creación. El mismo poder se ejercerá otra vez en la resu-rrección de los muertos al final del tiempo (1 Corintios 15:51, 52). 3 Así como Adán fue formado del polvo, los muertos volverán a ser forma-dos del polvo en la resurrección final. La creación de Adán del polvo nos da confianza de que el mismo Dios Creador puede recrear a otros que han muerto.
Las resurrecciones de Jesús y de Lázaro también nos brindan con-fianza de que las personas resucitadas al término del mundo serán las mismas personas que anteriormente vivieron y murieron. Las conexio-nes neuronales en el cerebro son destruidas por la muerte, pero Dios no las olvida. Los discípulos de Jesús lo reconocieron después de su resu-rrección (Juan 21:12); los amigos de Lázaro lo reconocieron después de su resurrección, y quienes nos conozcan nos reconocerán después de nuestra resurrección (Job 19:25-27; 1 Corintios 13:12). El Dios que creó la mente de Adán es capaz de recrear las mentes del resto de los muer-tos.

La Creación y el evangelio en el tiempo del fin
La relación entre la Creación y el evangelio es un tema importante en el libro del Apocalipsis. El punto más alto del libro puede ser los mensajes de los tres ángeles descritos en Apocalipsis 14:6 al 12. 4 De in-terés especial aquí es el mensaje del primer ángel: “Vi volar por en me-dio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo, di-ciendo a gran voz: Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas” (versículos 6, 7).
Note que el Apocalipsis menciona que este ángel tiene el evangelio. ¿Por qué, entonces, habla de juicio y de Creación? ¿Podría ser el evan-gelio el mensaje de juicio y de Creación? Exploraremos como estas ideas están vinculadas.
El mensaje del primer ángel vincula el evangelio con el juicio y la Creación en una especie de paralelismo:
A- Teme a Dios, por causa del juicio
A’- Adóralo, por causa de la Creación
Hay un paralelo claro entre temer a Dios y adorarlo. ¿Cuál es, en-tonces, la relación entre el juicio y el evangelio, y cómo se relacionan es-tos con la Creación?
El juicio y el evangelio. En la Escritura, el juicio es una parte integral de las buenas noticias del evangelio. El juicio resulta en la vindicación y la liberación del pueblo de Dios; también resulta en el castigo de los impíos. El evangelio incluye ambos aspectos del juicio.
Primero, vemos esta vinculación en el Jardín del Edén. Después de que Adán y Eva pecaron, Dios vino con juicio. El primer acto de juicio de Dios fue castigar a la serpiente. El segundo fue liberar del control de Satanás a aquellos que él había tomado cautivos. En el primer anuncio del evangelio, Génesis 3:15, las dos fases del juicio están unidas.
El gran diluvio nos da otro ejemplo del vínculo entre el juicio y la salvación. Dios envió una catástrofe masiva para destruir a los impíos y remodelar la superficie de la Tierra. Pero “Noé halló gracia ante los ojos de Jehová” (Génesis 6:8). Al final del diluvio, se pronunció una bendi-ción especial sobre Noé y su familia: “Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra” (Génesis 9:1). Esta bendición es similar a la que se les diera a Adán y a Eva enseguida después de que fueron creados (Génesis 1:28). Una vez que el mal ha-bía sido atendido, Noé recibió libertad y una bendición.
Un tercer ejemplo de combinación de castigo de los impíos y recom-pensa del pueblo de Dios se advierte en las profecías del tiempo del fin, de liberación del pueblo de Dios. Daniel escribió: “Y será tiempo de an-gustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro” (Daniel 12:1).
El Apocalipsis presenta el mismo tema. Primero, los culpables son castigados, esta vez en las siete últimas plagas (Apocalipsis 16-18); y luego los justos son rescatados (Apocalipsis 21,22). Y el juicio que trae castigo a los impíos también trae salvación al pueblo de Dios.
La enseñanza de Jesús seguía el mismo modelo: “Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra dejada […] Y respondiendo, le dijeron: ¿Dónde, Señor? Él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allí se juntarán también las águilas” (Lucas 17:34-37).
Primero, algunos son tomados para la destrucción; entonces, los que quedan serán reunidos en el Reino.
Esto está algo más explicado en la parábola de la cizaña: “Dejad cre-cer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero” (Mateo 13:30).
Estos ejemplos explican el vínculo entre el evangelio y el juicio como se ve en el mensaje del primer ángel.
La Creación, el juicio y el evangelio. El evangelio está estrechamente li-gado a la Creación. Solo alguien con poder absoluto sobre toda la crea-ción podría realizar ambos aspectos del juicio: vencer al diablo y traer liberación al pueblo de Dios.
Solo el Creador podría pronunciar una maldición sobre la serpiente en el Edén y extender las vidas de Adán y de Eva.
Solo el Creador podía producir un diluvio global, que hizo pedazos toda la corteza de la Tierra y destruyó a todos los animales terrestres que estaban fuera del arca, mientras protegió a Noé y a su familia y al arca durante esa terrible catástrofe.
Solo el Creador tiene el poder sobre la naturaleza que se ve en la vi-da y el ministerio de Jesucristo. Solo el Creador podía restaurar tejidos enfermos y crear nuevas conexiones en el cerebro, permitiendo que el cojo caminara y el ciego viera. Solo el Creador podía dejar su vida vo-luntariamente y tomarla de nuevo.
Solo el Creador tiene el poder de llevar la historia de la Tierra a una culminación, en medio de trastornos de la naturaleza.
Solo el Creador tiene el poder de crear un cielo nuevo y una tierra nueva.
Solo el Creador puede vencer los poderes del mal y traer salvación al pueblo de Dios.
Sin la Creación y el Creador, no puede haber evangelio.
El paralelo entre la Creación y el juicio en el mensaje del primer án-gel es claro. El poder y la bondad del Creador son la base de nuestra confianza en el poder del Juez, tanto para acabar con el pecado como para crear un nuevo mundo en justicia (2 Pedro 3:13).
La Creación establece una diferencia para el evangelio. La verdad de la historia bíblica de la Creación instituye la lógica del evangelio y ase-gura su éxito final. Alternativamente, las historias hechas por el hom-bre que niegan la Creación en seis días del Génesis no proporcionan apoyo ni para la lógica del evangelio ni brindan la seguridad de su cumplimiento.
La historia de la Creación es el fundamento lógico para el evangelio, porque las buenas noticias de la salvación por medio de Jesucristo es-tán lógicamente predicadas sobre el hecho de que los seres humanos fueron creados mejores de lo que son ahora. Hemos caído de nuestra condición original, no hemos surgido de las bestias. De otro modo, ¿por qué necesitaríamos ser salvados, y de qué?
La teoría evolucionista enseña que la muerte no es causada por el pecado, sino que es una parte esencial de la naturaleza. El evolucionis-mo no puede actuar sin muerte; por otro lado, la meta final del cristia-nismo -el evangelio- es la victoria sobre la muerte, de modo que poda-mos vivir con Dios para siempre. ¿Dónde está la base para el evangelio en el pensamiento evolucionista? No existe. Las historias bíblicas de la Creación y de la Caída explican la necesidad y el propósito del evangelio.
La historia de la Creación es, también, la base para la seguridad de la salvación. La salvación de la humanidad está basada en el estatus especial que Dios les dio en la Creación. El poder del Creador de trans-formar el polvo en una persona viva provee de un precedente para la transformación que tiene que ocurrir en la resurrección. El pensamiento evolucionista no proporciona esa confianza. ¿Dónde está la base para una resurrección sobrenatural, para una vida sin pecado ni muerte, si el único precedente que tenemos es el desarrollo gradual, a lo largo de eones de tiempo, vía la muerte de millones de formas intermedias? No existe. La historia bíblica de la Creación en seis días es la que nos otor-ga la seguridad de que Dios nos recreará a la perfección “en un mo-mento” (1 Corintios 15:52).

Conclusión
El evangelio de la salvación por medio de la vida, la muerte y la re-surrección de Jesucristo está íntima y lógicamente vinculado con la his-toria bíblica de la Creación en seis días literales. Los humanos gozan de una relación especial con Dios, porque solo ellos fueron creados a su imagen. La muerte es un enemigo tanto de Dios como de las personas; no es una parte esencial de la naturaleza. El resultado del evangelio es la restauración de los humanos a su estatus especial, con el que fueron originalmente creados. Ninguna otra teoría de los orígenes proporciona la base lógica para el evangelio, explica nuestra necesidad de salvación o nos da la seguridad de su éxito.

Referencias
1 Ver Ojewole, A. The Seed in Genesis 3:15: An Exegetical and Intertextual Study, ATS Monograph Series (Berrien Springs, MI: Adventist Theological Society Publications, 2011).
2 Malaquias 4:1 indica que los impíos serán destruidos; raíz (Satanás) y ramas (sus se-guidores); cf. Apocalipsis 20:9,10. En el versículo 10, la frase “por los siglos de los si-glos” no necesariamente significa duración infinita, sino una duración indefinida, ex-tendida.
3 Cf. 2 Tesalonicenses 4:16,17; Apocalipsis 20:4-6.
4 Paulien, J. Seven Keys: Unlocking the Secrets of Revelation (Nampa, ID: Pacific Press®, 2009).tumbimg250x150-lc

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