Lección Nro 07 – Por Espejo, Oscuramente – Para el 16 de febrero de 2013 – Leccion Adultos

 

Sábado 9 de febrero

rclaroLee Para el Estudio de esta Semana: Job 12:10; 1 Corintios 6:19, 20; Génesis 3:17; Juan 12:31; 1 Corintios 1:18-21.

 rojoPara Memorizar: “Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: El prende a los sabios en la astucia de ellos” (1 Cor. 3:19).

 

El teólogo William Paley escribió un libro en 1802 titulado Natural Theology [Teología natural], en el cual alegaba que podemos usar las observaciones de la naturaleza a fin de comprender el carácter de Dios. Escribió sobre las formas en que los animales muestran el cuidado y la habilidad del Creador. Sin embargo, Paley puede haber exagerado algunos rasgos, pues dejó de reconocer los efectos que el pecado y la Caída tuvieron sobre la naturaleza, pero su argumento general nunca ha sido refutado, ¡a pesar de numerosas y ruidosas pretensiones en contra!

Carlos Darwin, en contraste, alegaba que un Dios que diseñó cada rasgo de la naturaleza no sería bueno. Como evidencia, se refirió a los parásitos que se alimentan dentro de los organismos vivos de las orugas y la forma cruel en la que el gato juega con un ratón. Para él, estos ejemplos eran una evidencia contra la existencia de un Dios Creador amante.

Aunque Paley estaba más cerca de la verdad que Darwin, la lección de esta semana examinará lo que la Biblia dice con respecto a lo que la naturaleza revela, y qué no revela, acerca de Dios.

 

Domingo 10 de febrero:

La tierra es de Dios

Un científico una vez desafió la necesidad de un Dios Creador; alegando que podía crear la humanidad tan bien como cualquier dios podía hacerlo. Dios le dijo: “Muy bien, hazlo”. El científico comenzó a juntar algo de polvo, pero Dios le dijo: “¡Espera un momento! ¡Fabrica tu propio polvo!”

Aunque este incidente es solo una fábula, el punto es claro: Dios es el único que puede crear de la nada. Dios hizo todo el material del universo, incluyendo nuestro mundo, nuestras posesiones, y nuestros cuerpos. Él es el dueño legítimo de cada cosa.

¿Cuál es el mensaje básico para nosotros en los siguientes textos? Más importante, ¿qué nos dice este mensaje acerca de la forma en la que debemos relacionarnos con el mundo, los unos con los otros, y con Dios? Sal. 24:1, 2; Job 41:11; Sal. 50:10; Isa. 43:1, 2; 1 Cor. 6:19, 20.

Un himno cristiano favorito comienza con las palabras: “El mundo es de mi Dios”. Realmente el mundo es de nuestro Padre, porque él lo creó. No hay otro reclamo más legítimo a la propiedad que haberlo creado. Dios creó, y por lo tanto es el dueño del universo entero, los cielos y la tierra, y todo lo que en ellos hay.

No solo el mundo pertenece a Dios, él reclama la propiedad de toda criatura de la tierra. Ningún otro ser (por lo menos que conozcamos) tiene el poder de crear la vida. Dios es el único Creador y, como tal, el dueño final de toda criatura. Somos completamente dependientes de Dios para nuestra existencia. No podemos dar a Dios nada fuera de nuestra lealtad; todo lo demás sobre la tierra ya es de él.

Más aún, nosotros somos de Dios no solo por Creación sino, aún más importante, por Redención. La vida es un don maravilloso de Dios, aunque ha sido grandemente dañada por el pecado y terminará en la muerte; esta perspectiva le quita a la vida todo significado y propósito. La vida, como ahora existe para nosotros, no es tan grandiosa. Nuestra única esperanza es la maravillosa promesa de redención, la única cosa que puede hacernos “justos” otra vez. De este modo, somos de Cristo por Creación y por Redención.

 

Lunes 11 de febrero:

Un mundo caído

Una cosa es cierta: el mundo en el cual vivimos ahora es vastamente diferente del que salió de Dios al final de la semana de la Creación. Ciertamente, existen poderosas evidencias de belleza y de diseño casi por todas partes; sin embargo, somos seres dañados por el pecado y tratamos de comprender el mundo dañado por el pecado en el que vivimos. Aun antes del Diluvio, el mundo había sido impactado negativamente por el pecado. “En los días de Noé pesaba sobre la tierra una doble maldición, como consecuencia de la transgresión de Adán y del asesinato cometido por Caín” (CV 32).

¿Cómo fue “maldecido” el mundo, y cuáles fueron los resultados naturales de esas maldiciones? Gén. 3:17; 4:11, 12; 5:29.

La maldición del suelo por amor a Adán debe haber involucrado al reino de las plantas, porque sus resultados incluyeron la producción de espinas y cardos. La implicación es que toda la Creación quedó afectada por las maldiciones que resultaron del pecado. La cita de Elena G. de White más arriba, afirma muy claramente que la maldición sobre Caín no se limitó meramente a él, sino que afectó a todo el mundo.

Desafortunadamente, las maldiciones debidas al pecado no terminaron ahí, porque el mundo afrontó otra maldición, que lo dañó grandemente: el Diluvio universal. “Y percibió Jehová olor grato; y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente, como he hecho” (Gén. 8:21).

El diluvio arruinó el sistema de regado que Dios había establecido en la Creación, quitando el suelo de partes de la tierra y depositándolo en otras partes. Aun ahora, la lluvia continúa lavando el suelo, quitándole su fertilidad y reduciendo aún más las cosechas. Dios prometió por su gracia no maldecir otra vez la tierra, pero el suelo que hemos heredado está muy distante de ser el suelo rico y productivo que Dios originalmente creó.

Lee Romanos 8:19 al 22. Aunque estos son versículos difíciles, ¿cómo se relacionan con lo que hemos considerado hoy? ¿Qué esperanza inherente podemos derivar de ellos?

 

Martes 12 de febrero:

El gobernante de este mundo

“Y dijo Jehová a Satanás: ¿De dónde vienes? Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: De rodear la tierra y de andar por ella” (Job 1:7).

“Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Ped. 5:8).

Como hemos visto, el mundo pertenece a Dios, tanto por Creación como por Redención. Pero no debemos olvidar, tampoco, la realidad de Satanás, la realidad de la gran controversia, y la realidad de los intentos de Satanás de obtener el control sobre todo lo que pueda. Aun cuando, después de la Cruz, su derrota ha sido clara, él no se queda quieto ni tranquilo. Su ira y poder destructor, aunque limitado hasta cierto punto por Dios de maneras que no comprendemos ahora, nunca debe ser subestimado. Tampoco debemos olvidar que, por más a menudo que nos vengan problemas en diversos tonos de gris, la batalla final se reduce a solo dos fuerzas: Cristo y Satanás. No hay terreno neutral. Y como sabemos, mucho de este mundo cae bajo la bandera del lado equivocado. ¿Resulta, entonces, extraño que el mundo esté tan dañado?

Lee Juan 12:31; 14:30; 16:11; Efesios 2:2; 6:12. ¿Qué verdad importante acerca de la realidad y del poder del Maligno se encuentra en estos textos?

En el libro de Job se ha levantado algo del velo que esconde la realidad de la gran controversia, y podemos ver que Satanás tiene la capacidad de causar gran destrucción en el mundo natural. Sea lo que fuere que incluye la frase “príncipe de este mundo”, es claro que en este rol, Satanás ejercerá su influencia poderosa y destructiva sobre la tierra. Esta verdad nos da a todos más razón para darnos cuenta de que el mundo natural ha sido grandemente dañado, y que necesitamos ser muy cuidadosos acerca de las lecciones que obtenemos de él con respecto a Dios. Después de todo, miren cuán mal interpretó Darwin el estado del mundo.

¿De qué modos puedes ver, claramente, la influencia destructora de Satanás en tu propia vida? ¿Por qué tu esperanza es la Cruz y las promesas que se encuentran en ella?

 

Miércoles 13 de febrero:

La “sabiduría” del mundo

Como humanos, hemos obtenido una increíble cantidad de conocimientos e información, en estos últimos doscientos años. Sin embargo, el conocimiento y la información no son lo mismo que “sabiduría”. Tenemos una mucha mayor comprensión del mundo natural que nuestros antepasados, pero una “mayor comprensión” tampoco es lo mismo que sabiduría.

Lee 1 Corintios 1:18 al 21; 3:18 al 21. ¿Cómo ves que estas poderosas verdades se manifiestan en nuestro tiempo y contexto actual, casi dos mil años después que fueron escritas?

Hay mucho en el pensamiento humano que desafía la Palabra de Dios. Sea el problema la resurrección de Jesús, la Creación misma, o cualquier milagro, la “sabiduría” humana (aun cuando se afirme en los “hechos” de la ciencia) deben ser considerada “necedad” cuando contradice la Palabra de Dios.

Además, mucha ciencia actual, especialmente en el contexto de los orígenes del hombre, parte de una perspectiva puramente naturalista. Aun cuando muchos de los más grandes genios científicos de la historia –Newton, Kepler, Galileo– fueron creyentes en Dios y vieron su obra como ayudando a explicar la obra de Dios en la Creación (Kepler una vez escribió: “Oh, Dios, pienso tus pensamientos después de ti”), tales sentimientos hoy son ridiculizados por sectores de la comunidad científica.

Algunos hasta procuran explicar los milagros en la Biblia alegando que realmente fueron fenómenos ocurridos naturalmente, que los antiguos, que ignoraban las leyes de la naturaleza, mal interpretaron como acciones divinas. Hay, por ejemplo, toda clase de teorías naturalistas que procuran explicar la división del Mar Rojo como algo que no fue un milagro de Dios. Hace unos pocos años, un científico especuló que Moisés estaba drogado, y que ¡fue una alucinación la idea de que Dios le dio los Diez Mandamientos sobre tablas de piedra!

Por extrañas que suenen algunas de estas cosas, una vez que rechazas la idea de Dios y de lo sobrenatural, tienes que ofrecer alguna otra explicación para ellas; y esas son las “locuras” de las que Pablo escribió tan clara y proféticamente.

 

Jueves 14 de febrero:

Mediante los ojos de la fe

El Salmo 8 es uno de los salmos más amados. Para David, un creyente en Dios, la Creación hablaba de la majestad y el amor de Dios. ¿Qué lecciones específicas veía David en la Creación, según está registrado en el Salmo 8? Además, considerando lo que sabemos hoy acerca de la creación –la luna, las estrellas y demás– en contraste con lo que se sabía en ese entonces, ¿por qué las palabras de David parecen aún más notables?

Solo en los últimos cien años se ha llegado a comprender la vastedad del cosmos y, con ello, nuestra pequeñez, en comparación. No podemos ni imaginar a alguien como David, fuera de la revelación divina, que tuviera una idea de cuán grandes eran los “cielos”. Si estaba lleno de temor reverente en ese entonces, ¿cuánto más deberíamos estarlo nosotros, sabiendo que a pesar del tamaño del universo, Dios nos ama con un amor que no podemos ni comenzar a sondear?

Lee Salmos 19:1 al 4. ¿Qué ve David en los cielos?

Muchos han mirado las estrellas de noche y han reconocido la grandeza de Dios y la pequeñez de la humanidad, y alabaron a Dios por su cuidado. Otros se concentraron en el problema del mal en la naturaleza y le echaron la culpa a Dios por los problemas que en realidad son los resultados de sus propias elecciones, o de las actividades del diablo.

Para el creyente, la creación realmente habla del cuidado de Dios, aun en medio del mal introducido por Satanás. No obstante, aunque el testimonio que da el mundo creado sea poderoso, la revelación es incompleta, especialmente debido a los resultados de la Caída y de las maldiciones que trajo.

Lee Juan 14:9 y luego piensa acerca de Jesús en la cruz. ¿Por qué la Cruz siempre debe ser la revelación principal para nosotros de la naturaleza y el carácter de Dios?

 

Viernes 15 de febrero

Para Estudiar y Meditar:

“Se me ha advertido [1890] que de aquí en adelante tendremos una confrontación constante. La así llamada ciencia, y la religión, estarán en oposición porque el hombre finito no comprende el poder y la grandeza de Dios. Estas palabras de la Santa Escritura se me presentaron: ‘Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos’” (MM 127).

Preguntas para Dialogar:

  1. Piensa en la “triple maldición” (Elena G. de White, Spiritual Gifts, 3:88) sobre esta tierra (la maldición de la caída de Adán, del pecado de Caín, y del Diluvio). El efecto acumulado de ellas, complicado por miles de años, significa que nuestro mundo actual es muy diferente del que era cuando Dios primero lo creó. ¿Por qué debemos ser cuidadosos con las conclusiones que obtenemos del mundo actual acerca de cómo era al principio?
  2. Piensa en la obra de la ciencia, especialmente en el área de los orígenes. No hay etiquetas escritas para explicar lo que vemos. La ciencia es una empresa humana, y la mente humana está limitada en su alcance e inclinada a resistir la autoridad divina. Además, la influencia de Satanás se siente fuertemente en la naturaleza, tanto que lo que vemos es incompatible con la revelación de Dios en la Biblia. ¿Por qué es importante que pongamos más confianza en la Escritura que en la ciencia, especialmente cuando consideramos eventos singulares tales como la Creación de nuestro mundo?
  3. Hay aspectos de tensión entre la Escritura y la ciencia, pero Dios es mucho más sabio que nosotros, y reconocemos que hay mucho más en la creación de lo que la ciencia puede descubrir. ¿Por qué no debemos sorprendernos cuando encontramos tensión entre los eventos sobrenaturales registrados en la Biblia y el enfoque materialista de la ciencia?
  4. Considera la cita de Elena de White más arriba. ¿Cómo vemos que esto se cumple en nuestra propia iglesia? ¿Cómo podemos tratar estos desafíos peligrosos a nuestra misión y mensaje de manera que –sin comprometer nuestra posición sobre la Creación y la Palabra de Dios– todavía podamos mantener a la iglesia en un “lugar seguro” para quienes están luchando con estas preguntas difíciles?
  5. Lee Romanos 11:33 al 36, y Job 40:1, 2, 7, 8. ¿Cuán confiable es la sabiduría humana cuando intenta comprender los caminos de Dios? ¿Qué dificultades encontramos cuando tratamos de armonizar la ciencia y la Escritura?
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