EL SÁBADO ENSEÑARÉ…
RESEÑA
Texto clave: Hebreos 11:1.
Enfoque del estudio: Heb. 11; Gén. 15:6; Apoc. 14:6.
Se cuenta la historia de un rey que no era feliz, aunque tenía todo lo necesario para serlo. Por eso, decidió viajar por todo el mundo en busca de la felicidad. Cierto día, mientras caminaba desanimado por el bosque, oyó a un hombre cantar. Aquella música llenó de alegría su corazón y razonó que quien la estaba entonando sentía lo mismo. El rey se acercó silenciosamente al hombre que cantaba y se ocultó detrás de un arbusto para observarlo sin ser visto. Efectivamente, el hombre parecía feliz. El rey estaba intrigado por la felicidad de aquel hombre y se preguntaba a qué se debía. Decidió entonces acercarse y averiguarlo.
Le preguntó: “¿Qué te hace tan feliz? ¿Qué posees?”
El hombre respondió sorprendido: “¿Qué poseo? Solo mi camisa”.
El rey le propuso un trato: “Te haré rico a cambio de tu camisa”.
El hombre aceptó el trato, dio su camisa al rey a cambio de una bolsa de oro y se marchó.
El rey se puso la camisa y dio unos pasos, tocándola una y otra vez. Nada había cambiado. Seguía sin ser feliz. La moraleja de esta historia es que la felicidad no se basa en lo que tenemos ni en nada inherente a nosotros. Como aprendemos del pueblo de Dios en el pasado (Heb. 11) y en el tiempo del fin (Apoc. 14:12), la fe tampoco se basa en nada que haya dentro de nosotros.
COMENTARIO
¿En qué consiste la fe y cómo se desarrolla? Para responder a estos interrogantes consultaremos tres textos fundamentales acerca de ella. El primero de ellos constituye la única definición bíblica de la “fe” (Heb. 11:1), una definición que fue confirmada por los patriarcas y héroes de la fe del Antiguo Testamento (Heb. 11:4-40). El segundo texto explica cómo opera la fe a la luz del testimonio de Abraham, quien fue el padre de la justicia por la fe (Gén. 15:6). El tercer texto es el testimonio de la “fe” del pueblo de Dios (los “santos”) en el tiempo del fin (Apoc. 14:12).
La definición de la fe (Heb. 11:1)
Hebreos 11:1 es el único texto bíblico que define en qué consiste la fe (Heb. 11:1). Para Pablo, el autor de Hebreos, la fe está compuesta por dos elementos. El primero de ellos es “la certeza de lo que esperamos” (Heb. 11:1); es decir, el último acontecimiento de la historia humana, el “advenimiento” o la llegada del reino de Dios al final de los tiempos, el cual es también “la promesa” cuyo cumplimiento “no recibieron” los creyentes del Antiguo Testamento (Heb. 11:39). El segundo componente de la fe es “la convicción de lo que no vemos” (Heb. 11:1). Este aspecto se refiere al primer acontecimiento de la historia humana, la creación del mundo. Nota que la palabra “vemos” (griego blepomen?n) en Hebreos 11:1 está vinculada al mismo verbo “ver” (blepomenon) de Hebreos 11:3, que se refiere a la creación del mundo. En otras palabras, el fundamento de la fe se refiere a dos acontecimientos que están totalmente bajo el control divino: la creación del mundo por parte de Dios y la Segunda Venida. La fe nos llama a creer en el proceso no visible de la Creación y a esperar el acontecimiento aún no visible y aún no ocurrido de la segunda venida de Cristo. Por lo tanto, la comprensión fundamental de la fe se basa en estos dos acontecimientos: la Creación y la esperanza de la Segunda Venida. Ciertamente, no es casualidad que este patrón de acontecimientos sea claramente visible en la estructura canónica de las Escrituras mismas. La Biblia comienza con la Creación (Gén. 1:1-2:1) y termina con la venida del Señor (Apoc. 22:20). Las Escrituras del Antiguo Testamento dan testimonio de esta misma estructura canónica, que comienza con la Creación y termina con la llegada del Día del Señor (Mal. 4:5) o con la esperanza del regreso del exilio babilónico durante el año sabático (2 Crón. 36:21-23).
Cabe señalar que este patrón estructural se observa también en otros lugares de las Escrituras. Por ejemplo: (1) El libro de Génesis comienza con la Creación y termina con la perspectiva de la Tierra Prometida y, en última instancia, con la esperanza en la resurrección, como lo implica la petición de José de que sus huesos fueran sacados de Egipto en el momento de la liberación de Israel (Gén. 50:24-26). (2) Del mismo modo, el Pentateuco comienza con la Creación y termina con la misma perspectiva de la Tierra Prometida y la esperanza de la resurrección (Deut. 34:4-6). (3) El libro de Isaías comienza con el llamado de Dios a los Cielos y a la Tierra para que sean testigos de su queja contra su pueblo y termina con la creación de nuevos Cielos y una nueva Tierra, y con la perspectiva de la adoración eterna al Señor por parte de la humanidad redimida, de sábado en sábado (Isa. 66:22, 23). (4) El libro de Eclesiastés comienza con la Creación (Ecl. 1:1-11) y termina con el juicio escatológico (Ecl. 12:14). (5) El libro de Daniel comienza con la prueba de la comida, que alude a los principios alimentarios registrados en la Creación (Dan. 1:12; comparar con Gén. 1:29) y termina con la Segunda Venida y la resurrección “en los últimos días” (Dan. 12:13). (6) El Evangelio de Juan comienza con la Creación (Juan 1:1-10) y termina con la promesa de la Segunda Venida (Juan 21:22, 23).
La fe de Abram
Una visión mesiánica de Dios inspiró a Abram al permitirle vislumbrar por la fe su futuro. Tras contemplar las estrellas en el cielo como una ilustración de la promesa divina, Abram creyó. El verbo hebreo he’emin, traducido como “creer”, describe más que un proceso sentimental o intelectual. Al igual que en nuestro idioma, “creer” significa más que una mera aceptación de un credo o “creencia” religiosa. En hebreo, el verbo “creer” se refiere a algo histórico y relacional, como lo implica la raíz ‘aman (de la que proviene nuestra palabra “amén”), y que significa literalmente “firme” o “fiable”, especialmente en compañía de la preposición be (“en”, “sobre”), que señala el objeto de la acción de creer. Puesto que confió en Dios, Abram “creyó” que tendría descendientes. El Señor “contó” o consideró este tipo de creencia o fe como “justicia”. Dios es el sujeto del verbo “contó”, pues es su antecedente más inmediato. Esta lectura es confirmada por el uso de la forma pasiva (denominada “nifal” en hebreo) del mismo verbo yejasheb —traducido como “contó” o “imputó”— en la misma expresión idiomática utilizada en otro lugar (Lev. 7:18; comparar con Sal. 106:31) en el que Dios es el sujeto de la acción también. Este uso significa que Dios “contó” o consideró (Sal. 106:31) la fe de Abram como si tuviera la misma calidad que la justicia.
Esa fe es justicia. El esfuerzo y las obras humanas no producen justicia, sino que esta es un don de Dios. Génesis 15:6 tiene sentido en el contexto de las antiguas creencias egipcias prevalecientes en la época de Abram, de acuerdo con las cuales “contar” y “justicia” eran parte del vocabulario y la praxis judicial. Sin embargo, las dos perspectivas, la pagana y la bíblica, son fundamentalmente diferentes. En el antiguo Egipto, el peso de la justicia humana se evaluaba sobre la base del recuento de las obras humanas en comparación con el peso de Maat, la justicia divina. En este sistema se exigía a los humanos la justicia divina, y su posesión, o falta de ella, se contaba a favor o en contra del individuo juzgado. Por el contrario, la justicia de Abram es evaluada sobre la base de las obras divinas realizadas en su favor. Desde la perspectiva bíblica, la “justicia” (hebreo, tsedaqah) es una cualidad divina específica (Isa. 45:24; Dan. 9:7) y, como tal, solo puede ser un don de Dios otorgado a la humanidad (Deut. 6:25; 24:13; Isa. 45:24; Sal. 24:5). Lo que hizo justo a Abram no fue la suma de sus obras, sino su disposición a confiar en las obras de Dios en favor de él (Rom. 4:2-4).
La fe de los santos del tiempo del fin
La aplicación más inmediata de la integración canónica del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento es la asociación de “la ley y el evangelio”, que Elena de White utiliza para explicar el nombre de nuestra iglesia (Mensajes selectos, t. 2, p. 481). También es significativo que, sobre la base de esta asociación, se haya adoptado legalmente el nombre “Adventista del Séptimo Día” en ocasión de la fundación histórica de nuestra iglesia: “Nosotros, los abajo firmantes, nos asociamos mediante la presente como iglesia, adoptando el nombre de Adventistas del Séptimo Día, pactando guardar los mandamientos de Dios y la fe de Jesucristo” (“Doings of the Battle Creek Conference, Oct. 5 & 6, 1961”, Review and Herald, 8 de octubre de 1861, p. 4).
Esta confesión de fe también se encuentra en el texto del Apocalipsis, donde constituye una referencia profética a los testigos de la verdad bíblica en los últimos días (Apoc. 14:12). En este versículo, “los santos” son identificados como “los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús”. La Ley y “la fe de Jesús” significan más que la obediencia junto con una fe abstracta y espiritual. La sintaxis de la frase sugiere, de hecho, que ambas acciones son parte de una misma verdad con dos matices posibles de significado. En primer lugar, la obediencia a la Ley es la fe de Jesús, pues, como vimos anteriormente, de acuerdo con el pensamiento bíblico, la fe es considerada por Dios como justicia (ver Gén. 15:6). En segundo lugar, esta reconciliación entre “la ley de Moisés” y la fe en Jesús, y en su segunda venida, caracteriza el mensaje del Elías escatológico (Mal. 4:4-6) y constituye la misión de los dos testigos que representan el testimonio del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento (Apoc. 11:3-6).
APLICACIÓN A LA VIDA
Orientación para el maestro: A continuación, se presentan algunas estrategias para compartir con tus alumnos a fin de fortalecer su fe y fomentar su vida de oración. Pide a un voluntario que lea los textos bíblicos y los principios que aparecen a continuación. Analicen luego esos principios y las preguntas correspondientes.
El entrenamiento de la fe (lee Mat. 15:21-28)
* Ora y actúa como si Dios ya hubiera escuchado y respondido tu oración o con la certeza de que lo hará.
* Deja de preocuparte por el “estado” de tu fe o por tu situación actual. Simplemente, sigue adelante confiando en Dios.
* Aprende a caminar con Dios y a obedecer sus mandamientos, incluso y especialmente si eso te causa inconvenientes (problemas laborales, rechazo por parte de tus amigos, etc.).
Preguntas para dialogar
1. ¿Qué significa tener una fe genuina y humilde en Dios?
2. ¿En qué consiste esa fe humilde?




