EL SÁBADO ENSEÑARÉ…
RESEÑA
Textos clave: Isaías 55:11; Salmos 119:105.
Enfoque del estudio: Sal. 119.
En su oración, el salmista compara la Palabra de Dios con una lámpara que ilumina sus pasos (Sal. 119:105). El salmo comienza con bendiciones conferidas a los puros de corazón que eligen obedecer la Ley del Señor y guardan sus testimonios (Sal. 119:1-3). El salmo también termina con la imagen de un caminante que ha perdido el rumbo y ora para que Dios lo encuentre (Sal. 119:176). En esta lección, caminaremos con el salmista en su búsqueda de una comprensión más profunda de la Palabra de Dios. De ese modo, continuaremos nuestro estudio de la semana pasada, en el que vimos la importancia de estudiar las Escrituras. A medida que avancemos, reflexionaremos sobre los principios para abordar las Escrituras de manera más adecuada. La imagen de la lámpara que ilumina un camino oscuro durante la noche sugiere la conveniencia de avanzar de manera serena y cautelosa a fin de ver más allá del paso que estamos dando. Esa manera de avanzar lleva tiempo, ya que significa progresar paso a paso. Al mismo tiempo, es también una aventura, pues no sabemos exactamente dónde nos conducirá nuestro viaje ni a qué alturas nos puede elevar. Para obtener el máximo provecho de nuestro estudio, todo texto debe ser examinado con una mente abierta y el sincero deseo de ser instruidos, sin presuposiciones ni prejuicios, sino con fe y la decisión de ir adondequiera que el Espíritu nos conduzca como resultado de nuestro estudio. Una lectura sincera del texto bíblico nos ayudará a escuchar y obedecer la voz de Dios que nos habla por medio de su Palabra. De esta manera, las Escrituras resultarán significativas, inspiradoras, atrayentes y moralmente orientadoras para nosotros.
COMENTARIO
Introducción. En el siguiente comentario se sugieren seis principios para la lectura de las Escrituras. Los primeros tres se refieren a la atención que el lector debe prestar al texto. Los tres últimos tienen que ver con la respuesta del lector.
Atención al texto
1. Relevancia del texto.
A lo largo del Salmo 119, el salmista medita en la Palabra de Dios (Sal. 119:15, 48) “todo el día” (Sal. 119:97) y durante la noche (Sal. 119:148); es decir, continuamente, pues las Escrituras son su deleite (Sal. 119:44, 47). El amor por la Palabra de Dios es la motivación del estudio del salmista (Sal. 119:97, 113, 127). De hecho, las santas palabras de Dios son como una carta de amor que el salmista se siente motivado a leer y releer en busca de sus pensamientos e intenciones más profundas. El salmista está practicando el método que los estudiosos identifican como el enfoque de lectura atenta. Este método consiste en leer el texto cuidadosamente, palabra por palabra, con la suposición de que cada palabra, cada característica sintáctica y cada forma gramatical son significativas. En este enfoque, el texto es leído varias veces. Tal lectura es siempre significativa y agradable, como testifica el salmista (Sal. 119:14, 111). Este enfoque garantiza que siempre haya más riquezas por descubrir.
2. La belleza del texto.
La musicalidad y las imágenes literarias del texto bíblico suelen apreciarse antes de que la mente comprenda plenamente su significado. Por esta razón, el primer ejercicio del lector consiste en prestar cuidadosa atención a la expresión poética del texto. La estructura literaria que organiza todo el pasaje orientará al lector acerca de su significado y le permitirá captar la intención general del escritor bíblico. Los paralelismos y los ecos lingüísticos que relacionan palabras y frases entre sí ayudarán al lector a comprender mejor sus respectivos significados. El Salmo 119 tiene una estructura alfabética, ya que está compuesto por 22 estrofas (una por cada letra del alfabeto hebreo) que tienen 8 versículos cada una, lo que resulta en un total de 176 versículos. La intención de este recurso literario es instruirnos acerca de la perfección de la Palabra de Dios, a la que se hace referencia en todo el salmo. En la estrofa correspondiente a la letra nun (Sal. 119:105-112), cada versículo se refiere a la Ley de Dios con un término diferente: “Tu palabra” (Sal. 119:105, 107), “tus juicios” (Sal. 119:108), “tu ley” (Sal. 119:109), “tus mandamientos” (Sal. 119:110), “tus testimonios” (Sal. 119:111) y “tus estatutos” (Sal. 119:112). Esta característica literaria apunta a los diversos aspectos de la Ley de Dios, sugiriendo así su perfección.
3. El texto como Escritura.
Aquí nos centraremos únicamente en el contexto literario de la estrofa nun (Sal. 119:105-112), que está precedida por la estrofa mem (Sal. 119:97-104) y seguida por la estrofa samek (Sal. 119:113-120). El motivo principal de la estrofa mem es el amor a la Ley, el camino recto que Dios ha señalado (Sal. 119:102), en contraste con el odio al camino falso (Sal. 119:101, 104). La misma línea de pensamiento reaparece en la estrofa samek, que vuelve a conectarse con los mismos motivos que vimos en la estrofa mem (Sal. 119:113, 119). Por lo tanto, la estrofa nun debe ser analizada a la luz de este contexto. La consideración contextual de la estrofa nun también incluye el marco más amplio de las Escrituras (lo que se conoce como conexión intertextual), así como el contexto inmediato y restringido del Salmo 119 (conexión intratextual), en la medida en que sea posible establecer alusiones. Este es el enfoque del texto bíblico que promueve Elena de White cuando dice: “La Biblia es su propia expositora. Se ha de comparar un pasaje con otro. El alumno debe considerar la Palabra como un todo y ver la relación de sus partes” (Consejos para los maestros, pp. 424, 425). “Un pasaje [de las Escrituras] es la clave para otros pasajes” (El evangelismo, p. 582).
La respuesta del lector
4. El carácter inspirado del texto.
El texto bíblico es diferente de cualquier otra obra literaria, pues las Sagradas Escrituras son “inspiradas por Dios”. Por lo tanto, es imperativo utilizar un enfoque espiritual al acercarnos a ellas (1 Cor. 2:13, 14). Como estudiantes de las Escrituras, debemos abordar el texto bíblico con oración y una continua autoevaluación, para asegurarnos de que somos guiados objetivamente por Dios y no influidos subjetivamente por nuestras agendas y prejuicios personales. Puesto que no somos profetas, no debemos esperar que el significado del texto nos sea revelado por medio de un sueño o una visión. Por otra parte, se nos aconseja orar para obtener la comprensión proveniente del Dios que ha inspirado estos escritos. En respuesta a ello, Dios enviará su Espíritu para guiarnos en nuestro estudio del texto mientras buscamos diligente y sinceramente su significado. A menudo, la respuesta divina a nuestra petición de comprensión puede llegar de forma inesperada, de maneras que no anticipamos o que tal vez ni siquiera deseamos (ver la respuesta del profeta Jeremías al falso profeta Hananías en Jer. 28). Otra forma importante de cooperar con el Espíritu de Dios en nuestra búsqueda de la comprensión del texto bíblico es consultar con nuestros hermanos y hermanas en la fe. Esta lectura “colectiva” también pondrá a prueba nuestra humildad; el intercambio de ideas permitirá que el Espíritu de Dios “sople de donde quiera” (Juan 3:8), cultivando y ampliando así nuestras perspectivas.
5. La apelación personal del texto.
Mientras lees y estudias el texto bíblico, aplícalo a tu vida. Lee el texto bíblico como si te hablara de manera personal y directa, lo cual es un hecho. Además, reflexiona acerca de cómo puede la Palabra de Dios iluminar las diversas áreas de tu vida: tu trabajo, tus problemas y tus relaciones con tu familia, tus amigos y tus colegas. Comprométete a guardar los mandamientos de Dios (Sal. 119:106). Ora para que Dios te ayude a recibir y comprender sus enseñanzas (Sal. 119:108). Mantente fiel a las leyes de Dios (Sal. 119:109, 110) y deléitate en observar sus mandamientos, pero asegúrate de que tu obediencia brote de tu corazón (Sal. 119:111). Pon toda tu vida en contacto con la Eternidad al practicar y obedecer cada mandamiento (Sal. 119:112)
6. El carácter moral del texto.
La inspirada Palabra de Dios puede resultar explosiva en el sentido de que contiene enseñanzas capaces de provocar resistencia o respuestas negativas en el corazón humano, ya que exigen el sacrificio de nuestros ídolos y el abandono de errores largamente acariciados. Por lo tanto, debemos manejar estas verdades con cuidado, sabiduría y amor en nuestro trato con los demás. Lamentablemente, la Palabra bíblica ha sido utilizada a menudo por personas para brutalizar y maltratar, en lugar de redimir y elevar. La lista de estos abusos es larga y dolorosa. Se han cometido muchos crímenes en nombre de la Biblia, y eso es trágico. Las profecías también apuntan a que ocurrirán más hechos lamentables como esos (ver Apoc. 13, 14). En lugar de ser una palabra de consuelo y la buena nueva de la salvación, la Biblia ha sido utilizada como pretexto para juzgar, menospreciar y dañar a las personas. Por lo tanto, las Escrituras deben ser leídas con humildad y un corazón dispuesto a aprender a fin de no convertir las palabras divinas de vida en palabras de muerte. La percepción de la dimensión ética también debe estar presente según la estrofa nun del Salmo 119. La Palabra iluminadora proveniente de Dios (Sal. 119:105) debe restringir y moldear nuestras palabras y acciones en relación con los demás. La palabra “justo” (hebreo tsedeq; ver el vers. 137) es un término técnico que conlleva la noción de comportamiento ético. Como tal, todo el Salmo 119 podría ser entendido como un llamamiento a la sensibilidad moral y la responsabilidad, tanto en la vida como en nuestra lectura de las Sagradas Escrituras.
APLICACIÓN A LA VIDA
Orientación para el maestro:
Las siguientes actividades tienen el propósito de desarrollar las habilidades de los integrantes de la clase para el estudio de la Biblia y para incrementar el gozo resultante de su lectura. Las actividades 3 a 5 pueden ser realizadas fuera de clase. Asigna una o más de estas actividades a los miembros de la clase para la próxima semana y pídeles que vengan preparados para dialogar acerca de los resultados de su investigación.
1. Elige una estrofa del Salmo 119 (en clase):
* Aplica los seis principios vistos acerca de “cómo estudiar la Biblia” a la estrofa que elijas del Salmo 119 (excepto la nun, vers. 105-112, que acabamos de analizar). • Divide a tu clase en pequeños grupos. Invita a cada grupo a centrarse en una estrofa de su elección y a aplicarle los seis principios de estudio. • Después de diez minutos, pide a cada grupo que comparta sus conclusiones.
2. El desafío de estudiar la Biblia (en clase):
* Analiza con la clase la importancia, la relevancia y la dificultad del estudio de la Biblia. •¿Por qué debemos estudiar la Biblia? ¿Es realmente necesario hacerlo? Explica tu respuesta. • Aborda los argumentos que se oponen al estudio de la Biblia. • Busca textos bíblicos que promuevan el estudio de las Escrituras. • Busca en el Antiguo Testamento (ver los textos sapienciales) y en el Nuevo Testamento (ver el método de Jesús) material y orientaciones para estudiar la Biblia.
3. Adaptación:
* Pregunta a tus alumnos cómo adaptarían los principios del estudio bíblico de esta lección a un público distinto del de la clase. • ¿Cómo presentarías un estudio bíblico a intelectuales o académicos, a personas ateas y secularizadas, a musulmanes, a judíos, a personas pobres y ricas? • Aplica los seis principios vistos acerca de “cómo estudiar la Biblia” a la estrofa que elijas del Salmo 119 (excepto la nun, vers. 105-112, que acabamos de analizar). • Divide a tu clase en pequeños grupos. Invita a cada grupo a centrarse en una estrofa de su elección y a aplicarle los seis principios de estudio. • Después de diez minutos, pide a cada grupo que comparta sus conclusiones.
4. Historias:
* Anima a tus alumnos a buscar historias extrabíblicas que ayuden a ilustrar las lecciones y las enseñanzas del texto seleccionado para el estudio (por ejemplo: biografías, relatos humorísticos, experiencias personales, etc.).
5. Herramientas técnicas (solo para maestros):
* Busca herramientas adicionales y ayudas para el estudio de la Biblia. • Presenta a tu clase una lista de estos recursos para el estudio de la Biblia, como libros de texto y videos.




