Segundo trimestre (abril-junio) de 2019

“Cuando estamos solos”

Lección 4: – Para el 27 de abril de 2019

Sábado 20 de abril

Lee Para el Estudio de esta Semana: Eclesiastés 4:9-12; Filipenses 4:11- 13; 1 Corintios 7:25-34; Mateo 19:8; Génesis 37:34; Isaías 54:5.

Para Memorizar: “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él” (Gén. 2:18).

Hace años se divulgó una historia fascinante pero dolorosa en las noticias. Encontraron muerta a una joven en su departamento. Aunque la muerte en sí ya era una tragedia, lo que agravaba la historia era que falleció diez años antes de que la encontraran. ¡Diez años! En ese momento, la pregunta que la gente se planteaba, y con razón, era: ¿Cómo puede ser que en una gran ciudad como esta, con tanta gente y con tantos medios de comunicación, haya pasado tanto tiempo sin que  nadie  supiera  que  había una mujer muerta, y siendo que no era una persona de la calle?

Aunque es extrema, esta historia es un ejemplo de la realidad: muchas personas sufren de soledad. En 2016, The New York Times publicó un artículo titulado “Los investigadores afrontan una epidemia de soledad”. El problema es real.

Desde el comienzo, como seres humanos, no estábamos destinados a estar solos. Desde el Edén en adelante, debíamos vivir en comunión con otros seres humanos, en mayor o menor grado. Por supuesto, desde la entrada del pecado nada ha sido lo mismo. Esta semana analizaremos el tema del compañerismo y de la soledad en los diversos momentos de la vida; que quizá todos nosotros hemos afrontado en algún momento. Si no pasaste por esta experiencia, puedes considerarte afortunado.

 

Domingo 21 de abril:

El compañerismo

Lee Eclesiastés 4:9 al 12. ¿Cuál es la idea básica? ¿De qué principio de la vida se habla en general?

Muy pocos podemos salir adelante solos. Incluso si somos solitarios y nos gusta estar solos, tarde o temprano no solo anhelaremos un poco de compañía, sino incluso hasta la reclamaremos, especialmente en tiempos de necesidad. De hecho, fuimos creados para vivir en comunidad, en compañerismo. Qué afortunados son los que tienen familiares cercanos que pueden brindar consuelo y apoyo, especialmente en tiempos de dificultades. Lamentablemente, hay personas en nuestra iglesia, en nuestro trabajo, en las comunidades donde vivimos, que no tienen a quién recurrir, no solo en tiempos desafortunados sino incluso hasta para conversar al final del día. La sensación de soledad puede surgir en cualquier momento. “El día más difícil para mí es el domingo”, dijo un hombre soltero. “Durante la semana, estoy rodeado de gente en el trabajo. El sábado veo gente en la iglesia. Pero el domingo estoy solo”.

¿Qué principios podemos aprender de los siguientes pasajes, especial- mente cuando quizás estemos pasando por un período de soledad? Juan 16:32, 33; Filipenses 4:11-13.

Sí, como cristianos no solo contamos con la realidad de Dios, sino con la realidad de poder tener comunión con Dios. Y, de hecho, podemos hallar consuelo en la cercanía de Dios con nosotros. Pero la cercanía de Dios con Adán, en el Edén, no impidió que el Señor dijera: “No es bueno que el hombre esté solo” (Gén. 2:18). Por lo tanto, Dios sabía que Adán, aun cuando tenía comunión con Dios en un mundo no dañado por el pecado, necesitaba compañía humana. Cuánto más todos nosotros.

También debemos tener cuidado al suponer que solo porque hay mucha gente a su alrededor una persona no puede sentirse sola. Algunas de las personas más solitarias viven en las grandes ciudades, donde a menudo interactúan con los demás. El solo hecho de estar cerca de otras personas no significa que alguien no pueda sentirse solo, enajenado y necesitado de compañerismo.

No siempre es fácil saber quién se siente solo, alienado, rechazado, o simplemente dolido y con necesidad de alguien con quien hablar. ¿Cómo podrías ser proactivo y tratar de ser más sensible con esas personas?

 

Lunes 22 de abril:

La vida de soltero

Una joven hablaba de las ventajas de no estar casada: “Dos veces tuve la oportunidad de servir en el campo misionero, y respondí sin ninguna vacilación”. Una persona casada, con una familia, quizás hubiese necesitado más tiempo para tomar esa decisión, porque también están involucrados su cónyuge y sus hijos.

Según Pablo, ¿qué buenas razones hay para quedarse soltero? 1 Corintios 7:25-34.

La mayoría piensa que estar casados es la voluntad de Dios para ellos.

¿No dijo él: “no es bueno que el hombre esté solo”? Sin embargo, tenemos muchos ejemplos de personas solteras en la Biblia, incluido el mejor ejemplo de todos, Jesucristo.

A Jeremías se le dijo que no se casara (Jer. 16:1-3); era una sentencia sobre una situación histórica. No sabemos si alguna vez se eliminó esa restricción, pero es evidente que Jeremías fue un gran profeta siendo soltero.

Además, el estado civil de Ezequiel no parecía tener gran importancia, a pesar de que su esposa murió repentinamente. Ni siquiera se le permitió llorar, sino que continuó con el ministerio que el Señor le había asignado (Eze. 24:15-18). El profeta Oseas también experimentó un matrimonio destruido, pero pudo continuar en el ministerio. Si bien la historia nos parece extraña, Dios le indicó que se casara con una prostituta, que Dios sabía que dejaría a Oseas por otros hombres (Ose. 1-3). Mirando hacia atrás, podemos ver que Dios trató de ilustrar el amor unilateral que tiene por Israel y por nosotros, pero debió haber sido extremadamente difícil y doloroso para Oseas encarnar esta lección objetiva.

En cada uno de estos ejemplos, el estado civil no era un problema. Dios estaba interesado en la integridad, la obediencia y la capacidad de la persona para decir lo que Dios quería que dijera. Necesitamos estar seguros de que nuestro estado civil no defina nuestra vida. Muchas voces de hoy nos dirán que a menos que estemos casados no estamos completos. Pablo respondería: “No se amolden al mundo actual”: “que cada uno […] ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios” (Rom. 12:1, 2,NVI).

¿De qué formas prácticas puedes servir a los que no están casados, sean miembros de iglesia o no?

 

Martes 23 de abril:

Cuando el matrimonio se acaba

De todas las formas en que el pecado ha devastado a la humanidad, salvo el sufrimiento físico y la muerte, ¿qué otra cosa más que la familia ha enfrentado las consecuencias más devastadoras del pecado? Es casi como si la frase “familia disfuncional” fuera redundante. ¿Qué familia no es disfuncional, hasta cierto punto?

Aparte de la muerte, una de las cosas más difíciles que una familia puede enfrentar es un divorcio. Las personas que atraviesan esta terrible experiencia experimentan un abanico de emociones. Probablemente, el primero y más común sea el duelo, que según la persona puede durar varios meses o años, con diferente intensidad. Algunos pueden experimentar miedo; miedo a lo desconocido, ansiedades financieras, y miedo a no poder enfrentarlo. Algunos quizá transiten un período de depresión, enojo, y hasta de soledad.

¿Qué principios generales sobre el divorcio podemos recoger de los siguientes versículos? Malaquías 2:16; Mateo 5:31, 32; 19:8; 1 Corintios 7:11-13.

“La iglesia, como agencia redentora de Cristo, debe servir a sus miembros en todas sus necesidades y atender la formación de cada uno de ellos, de manera que todos puedan crecer hasta alcanzar una experiencia cristiana madura. Esto es particularmente cierto cuando los miembros enfrentan decisiones para toda la vida, como el matrimonio; y experiencias penosas, como la del divorcio. Cuando una pareja matrimonial está en peligro de deshacerse, los cónyuges, y aquellos que en la iglesia o en la familia los ayudan, deben hacer todos los esfuerzos posibles para lograr la reconciliación, en armonía con los principios divinos para la restauración de las relaciones dañadas (Ose. 3:1-3; 1 Cor. 7:10, 11; 13:4-7; Gál. 6:1).

“Existen materiales disponibles a través de la iglesia local y de otras organizaciones de la iglesia que pueden ayudar a los miembros a desarrollar un hogar cristiano sólido. Estos materiales incluyen: 1) programas de orientación para parejas en vías de contraer matrimonio, 2) programas de instrucción para parejas casadas, juntamente con su familia, y 3) programas de apoyo para familias destruidas y personas divorciadas”.–Manual de la iglesia, p. 156.

¿De qué forma práctica y sin prejuicios puedes ayudar a alguien que está atravesando un divorcio?

 

Miércoles 24 de abril:

La muerte y la soledad

Hace tiempo, alguien preguntó: ¿Qué diferencia hay entre los seres humanos y los pollos con respecto a la muerte? La respuesta es que, a diferencia de los pollos, que mueren, los seres humanos, quienes también morimos, sabemos que moriremos; los pollos, no. Y es este conocimiento de nuestra muerte inminente lo que impacta profundamente en cómo vivimos ahora. Como sabemos, todas las relaciones, incluso el matrimonio, tarde o temprano llegan a su fin con nuestro mayor enemigo: la muerte. No importa cuán estrecha sea la unión, cuán grande el amor, cuán profundo el compañerismo, cuánto tiempo pasamos juntos, como seres humanos (a diferencia de los pollos) sabemos que tarde o temprano llegará la muerte (a menos que Jesús vuelva antes) y que todas nuestras relaciones acabarán. Este ha sido nuestro destino desde el primer pecado y lo será hasta el regreso de Jesús. La Biblia no nos dice cuál de los dos murió primero, si Adán o Eva, pero debió haber sido particularmente doloroso para el otro, porque original- mente la muerte nunca fue parte de la vida. Como vimos en una lección anterior, si la muerte de una sola hoja o flor los hizo llorar, no podemos imaginar lo que habrán sufrido con la muerte del cónyuge.

El problema es que estamos tan acostumbrados a la muerte que simplemente la damos por sentada. Pero se suponía que los seres humanos nunca pasaríamos por algo así. Por ende, incluso hasta el día de hoy, luchamos por darle sentido, cuando muchas veces simplemente no se puede.

¿Qué nos enseñan los siguientes versículos sobre la muerte y cómo lucha la gente contra ella? Isaías 57:1; Apocalipsis 21:4; 1 Tesalonicenses 4:17, 18; Mateo 5:4; 2 Samuel 18:33; Génesis 37:34.

Es indudable: todos enfrentamos no solo la realidad de nuestra propia muerte, sino también la realidad de la muerte de los demás, de nuestros seres queridos, quizá de nuestro compañero más íntimo. Por lo tanto, tarde o temprano, muchos de nosotros enfrentaremos un tiempo –una etapa de soledad– provocado por la muerte de otra persona. Es difícil, duele, y en esos momentos solamente podemos y debemos reclamar las promesas de Dios. Al fin y al cabo, en este mundo de pecado, sufrimiento y muerte, ¿qué más tenemos?

Tu iglesia ¿cómo puede ayudar a quienes sabes que están sufriendo de soledad por la muerte de un ser querido?

 

Jueves  25 de abril:

Espiritualmente solo

Una joven llamada Natalie llevaba siete años de casada cuando, por invitación de una amiga, asistió a una serie de reuniones de evangelización en una Iglesia Adventista del Séptimo Día local. Convencida de lo que aprendió, entregó su corazón a Cristo, experimentó un nuevo nacimiento y, a pesar de las enérgicas objeciones de su esposo, padres, suegros, e incluso su vecino, Natalie se unió a la Iglesia Adventista del Séptimo Día. También modificó su estilo de vida en conformidad con su nueva fe en todos los niveles posibles. Como es de imaginar, enfrentó una gran cantidad de obstáculos, especialmente por parte de su esposo, quien adujo, y con razón: “Yo no firmé esto cuando nos casamos. Eres una persona completamente nueva, y quiero que vuelvas a ser la de antes”.

Ya hace años que viene luchando para llevar una vida de fe. Aunque está casada, podríamos decir que es “espiritualmente soltera”. ¿Qué palabras de aliento encontramos en los siguientes versículos para quienes quizá se sientan espiritualmente solteros? Isaías 54:5; Oseas 2:19, 20; Salmo 72:12.

En todo el mundo hay “Natalies” en nuestra iglesia. Estas personas, hombres o mujeres, están casados, pero asisten a la iglesia solos o solo con sus hijos. Es posible que se hayan casado con una persona de una fe diferente. O, tal vez, cuando se unieron a la iglesia su cónyuge no quiso hacerlo. O cuando se casaron, ambos eran miembros de la iglesia, pero uno abandonó por alguna razón y dejó de asistir; e incluso es posible que sea hostil a la fe. Estos hombres y mujeres concurren solos a la iglesia y al almuerzo después del culto de adoración, o van solos a hacer obra misionera o a las actividades sociales de la iglesia. Les entristece no poder contribuir financieramente tanto como quisieran con el ministerio eclesiástico, porque su cónyuge no acepta hacerlo. Aunque están casados, espiritualmente quizá se sientan viudos.

Probablemente en algún momento u otro todos hemos conocido a gente como esta en la iglesia, y ellos necesitan nuestro amor y apoyo.

¿Qué cosas prácticas podemos hacer, como familia de la iglesia, para ayudar a los espiritualmente solteros en nuestro medio?

 

Viernes 26 de abril

Para Estudiar y Meditar:

“En medio de una vida de labor activa, Enoc mantuvo constantemente su comunión con Dios. Cuanto mayores y más apremiantes eran sus labores, tanto más constantes y fervientes eran sus oraciones. Él seguía excluyéndose de toda sociedad en ciertos períodos. Después de permanecer por un tiempo entre la gente, trabajando para beneficiarla por su instrucción y ejemplo, se retiraba, para pasar un tiempo en la soledad, con hambre y sed de aquel conocimiento divino que solo Dios puede impartir.

Al comulgar así con Dios, Enoc llegó a reflejar más y más la imagen divina. Su rostro irradiaba una santa luz, la luz que brilla en el rostro de Jesús. Al terminar estos períodos de comunión divina, hasta los impíos contemplaban con reverente temor el sello que el cielo había puesto sobre su rostro” (OE 53). Aunque esta historia de Enoc es alentadora y tiene algo poderoso que decir sobre aquellos que eligen pasar tiempo en soledad, muchos se enfrentan a una soledad no deseada. No quieren estar solos. Si bien es cierto que siempre podemos tener una comunión gozosa con el Señor, quien está siempre presente, a veces anhelamos la compañía humana y la camaradería. Qué importante es que, como iglesia, estemos preparados para acercarnos a aquellos que podrían estar sentados junto a nosotros cada sábado pero que están pasando por un terrible período de soledad. Al mismo tiempo, si tú estás atravesando un momento así, busca a alguien de la iglesia (o en otro lugar) en quien sientas que puedes confiar y díselo. Muchas veces, las personas no se dan cuenta por lo que está atravesando una persona con solo verla. Al menos, a algunos les resulta fácil esconderse detrás de una máscara.

Preguntas para Dialogar:

  1. Tu iglesia ¿cómo puede aprender a ser más sensible hacia las necesidades de los que se sienten solos en su medio?
  2. “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación” (Fil. 4:11). Lee el contexto más amplio de estas palabras de Pablo. ¿Cómo podemos aprender a aplicar esto a nosotros mismos? Al mismo tiempo, ¿por qué debemos ser muy cuidadosos en cómo citamos este pasaje a alguien que realmente está sufriendo?
  3. En la clase, hablen de alguna ocasión en que hayan vivido una pro- funda soledad. ¿Qué los ayudó? ¿Qué los hirió? ¿Qué aprendiste en ese momento que podría ser de ayuda para los demás?

Lección 4 Edicion Alumnos: “Cuando estamos solos” Para el 27 de abril de 2019

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