Lección 3 Edición Maestros. 4° Trimestre – Profetas Del Antiguo Testamento – Sábado 17 de Octubre 2026

EL SÁBADO ENSEÑARÉ…

RESEÑA 

Texto clave: 2 Crónicas 20:20.

Enfoque del estudio: Sant. 5:17-18; 1 Rey. 19:1–16; 22:1–13; Éxo. 15:20; 2 Rey. 22:11–14; Jer. 14:1–15.

Introducción 

Mientras que la semana pasada trató sobre el llamado profético en sí, la lección de esta semana describe las características del don profético en el Antiguo Testamento como contexto para entender el ministerio profético de Elena de White. Los libros proféticos del Antiguo Testamento ocupan una parte de la Biblia aproximadamente equivalente a todo el Nuevo Testamento. Sus mensajes eran oportunos y significativos para sus diversos públicos. Hay mucho que podemos aprender de la experiencia de los profetas del Antiguo Testamento en sus ministerios y cómo estas experiencias pueden ayudarnos a comprender el ministerio profético de Elena de White.

 

COMENTARIO 

1. Aunque los profetas experimentaron un don extraordinario, seguían siendo humanos. La tradición profética en el Antiguo Testamento comienza con Moisés, la fuente de la profecía bíblica. Moisés actuó como portavoz directo de Dios, mediando en el pacto entre Dios e Israel, e intercediendo por el pueblo (Éxo. 33:11; Deut. 34:10). Su relación única con Dios, hablando «cara a cara», estableció el estándar para la autoridad profética. Tras Moisés, Samuel formalizó el cargo profético, uniendo la era de los jueces y la monarquía. Como juez y profeta, Samuel sirvió como portavoz de Dios ante los reyes, destacándose por haber ungido a Saúl y a David (1 Sam. 9:15–17; 16:1–13), y estableciendo el papel del profeta como una voz que guiaba y amonestaba a los gobernantes de Israel.

Elías introdujo el rol de «fiscal del pacto». A diferencia de Moisés, que a menudo intercedió por Israel, Elías confrontó directamente a la nación y a sus líderes, acusándolos de infidelidad al pacto con Dios. Su desafío en el monte Carmelo: «¿Hasta cuándo vacilarán entre dos opiniones? Si el Señor es Dios, síganlo; y si Baal, vayan en pos de él» (1 Rey. 18:21), ilustra su papel de «fiscal». Elías combinó mensajes de juicio con esperanza, llamando a Israel a arrepentirse y regresar al Señor. Así, introdujo una nueva era que preparó el terreno para todos los profetas posteriores a él que transmitieron el mensaje profético a reyes y al pueblo.

A pesar de su autoridad divina, era evidente que los profetas seguían siendo humanos. Moisés dudaba de su capacidad para hablar (Éxo. 4:10), Samuel lamentaba el fracaso de Saúl (1 Sam. 15:35), y Elías se desesperó, incluso deseando la muerte tras las amenazas de Jezabel (1 Rey. 19:4). Estas luchas muestran que los profetas, a pesar de su llamado, seguían siendo humanos que sentían miedo, dudas y agitación emocional. Esto nos recuerda la gracia de Dios al usar a personas comunes para transmitir mensajes extraordinarios.

2. Los profetas del Antiguo Testamento seguían un patrón específico. Deuteronomio 18:15–19 describe el rol de un profeta, enfatizando su función como mensajero elegido por Dios. Un verdadero profeta es llamado directamente por el Señor, no actúa por ambición personal. Este llamado divino es crucial, ya que el papel del profeta es pronunciar las palabras de Dios, no las suyas propias. Muchos profetas, como Moisés, Isaías, Jeremías y Amós, inicialmente resistieron su llamado, sintiéndose insuficientes o temiendo ser rechazados. Sin embargo, se vieron obligados a hablar, describiendo a menudo la palabra de Dios como una fuerza irresistible (Jer. 20:9).

Un verdadero profeta viene de dentro de la comunidad del pacto, «de en medio de los tuyos, de tus hermanos» (Deut. 18:15), asegurando una conexión con el pueblo de Dios. Aunque Dios puede utilizar cualquier medio para comunicarse, como ocurrió con el burro de Balaam (Núm. 22:28–30), normalmente levanta profetas dentro de su comunidad fiel. Los profetas actuaban como mensajeros, transmitiendo los mandamientos de Dios sin añadir opiniones personales. El término mensajero refleja mejor este papel, ya que los profetas entregaron la palabra autoritaria de Dios, esperando que fuera obedecida.

3. Cree en los verdaderos profetas y distínguelos de los falsos profetas. El Antiguo Testamento establece criterios claros para distinguir a los verdaderos profetas de los falsos. El mensaje de un verdadero profeta debe cumplirse (Deut. 18:21, 22) y alinearse con los mandamientos de Dios, promoviendo la adoración exclusiva de Dios (Deut. 13:1–5). Incluso si se cumple una señal o maravilla, un profeta es falso si lleva a las personas hacia la idolatría o a alejarse del pacto de Dios. Los verdaderos profetas nunca contradicen la Palabra establecida por Dios; sus vidas personales reflejan santidad e integridad. Los falsos profetas, en cambio, eran condenados por comportamiento inmoral (Jer. 23:14).

Los verdaderos profetas a menudo enfrentaban oposición y rechazo, ya que sus mensajes enfrentaban el pecado y advertían sobre el juicio, a diferencia de los falsos profetas, que ofrecían palabras consoladoras pero engañosas (Jer. 6:14). La autoridad de un verdadero profeta se confirma mediante profecías cumplidas, fidelidad a la ley de Dios, integridad moral, coherencia con la revelación previa y disposición a decir verdades duras, incluso cuando son impopulares.

4. Las mujeres desempeñaron un papel significativo en la manifestación del don profético en el Antiguo Testamento. Hulda ejemplifica el papel significativo que las mujeres desempeñaron en la profecía del Antiguo Testamento. Durante el reinado del rey Josías, cuando se descubrió el «libro de la ley» en el templo, Josías buscó guía divina. Consultó a Hulda, aunque Jeremías estaba activo en ese momento (2 Crón. 34:22). Esta decisión resalta la autoridad y el respeto de los que Hulda gozaba como verdadera profeta del Señor. Su mensaje, transmitido en dos oráculos, comunicaba juicio y esperanza. Confirmó que las maldiciones de Deuteronomio 28 caerían sobre Judá debido a la idolatría persistente (2 Crón. 34:24-25). Aun así, Hulda aseguró a Josías que su humildad y su arrepentimiento lo librarían de presenciar el desastre que se avecinaba (2 Crón. 34:26–28).

El papel de Hulda demuestra cómo las profetas femeninas recibieron mensajes autoritativos y divinos que guiaban a los líderes de la nación. Aunque su profecía no introdujo nuevas verdades doctrinales, aplicó las Escrituras existentes a la situación de sus días, reforzando los principios de la alianza de Dios sobre el juicio y la misericordia. El ejemplo de Hulda refleja el respetado papel que las mujeres podían desempeñar en la transmisión de la profecía del Antiguo Testamento, sirviendo como mensajeras vitales de la verdad de Dios.

5. La experiencia de Elena de White sobre el don profético tenía muchas similitudes con los profetas del Antiguo Testamento. En su segunda visión, en diciembre de 1844, Elena previó las pruebas y la oposición que enfrentaría y al principio resistió el llamado. Sin embargo, las palabras «Haz saber a otros lo que te he revelado» resonaban en su mente (Spiritual Gifts, t. 2, p. 36). Naturalmente tímida y reservada, Elena tenía miedo de compartir públicamente sus visiones. Buscaba oración y ánimo en sus amigos, al sentirse abrumada por la responsabilidad.

Durante una sesión de oración, relató una experiencia transformadora: «Mientras oraba, la densa oscuridad que me había envuelto se dispersó, una luz brillante, como una bola de fuego, se acercó a mí y, al caer sobre mí, me quitó la fuerza. Parecía estar en presencia de Jesús y de ángeles. De nuevo, se repitió: “Haz saber a los demás lo que te he revelado”» (Spiritual Gifts, t. 2, p. 37). Aunque esta experiencia la animó mucho, suplicó humildad, temiendo la autoexaltación, y le aseguraron que se enfermaría si surgía el orgullo. Este momento consolidó su compromiso con el llamado de Dios.

A lo largo de su extenso ministerio, Elena de White se describió a sí misma como una «mensajera», enfatizando su papel en la transmisión de los mensajes de Dios más que en ocupar un cargo específico. En 1903 escribió: «Desde el año 1844 hasta el momento actual, he recibido mensajes del Señor y los he dado a su pueblo. Esta es mi obra: darle al pueblo la luz que el Señor me da. He sido comisionada para recibir y comunicar sus mensajes. No he de aparecer delante de la gente con otro puesto que el de mensajera que tiene un mensaje» (Testimonios para la Iglesia, t. 8, p. 237).

A pesar de su extraordinario don, Elena de White seguía siendo profundamente consciente de su humanidad. Sus luchas reflejaban a los profetas bíblicos que enfrentaban miedo, dudas y sufrimiento en sus ministerios. Evitaba consistentemente la autoexaltación, centrándose en transmitir fielmente los mensajes de Dios, incluso cuando traían críticas o dificultades.

Tanto en el Antiguo Testamento como en la experiencia de Elena de White, el don profético fue una vocación profunda, a menudo acompañada por pruebas personales y profunda humildad. Aunque elegidos para una tarea extraordinaria, estos mensajeros permanecieron humanos, confiando en la fuerza de Dios para cumplir su misión divina.

 

APLICACIÓN A LA VIDA 

Las siguientes preguntas tienen el objetivo de enriquecer el debate en clase. Elige entre ellas, y entre las que figuran en la lección, las que mejor lleven a tu clase a reflexionar.

1. Los profetas llamaron a la gente a volver a ser fieles a Dios durante tiempos de declive espiritual. ¿Cuáles son algunas áreas hoy en día donde se necesitan voces proféticas?

2. ¿Cómo podemos cultivar un corazón que escuche y responda al mensaje de Dios, en lugar de resistirse a él, como hicieron muchos en Israel?

3. ¿Qué lecciones personales podemos extraer de la vida de los profetas, con respecto a la perseverancia, la fe y la obediencia al llamado de Dios?

4. Dios usó a personas imperfectas para cumplir su misión divina. ¿Cómo afecta esta verdad a la forma en que vemos nuestras debilidades y limitaciones al servir a Dios?

5. Muchos profetas inicialmente resistieron su llamamiento, pero Dios les obligó a hablar. ¿Alguna vez has sentido el llamado a hacer algo pero has dudado? ¿Qué te ayudó a seguir adelante?

6. Los falsos profetas en el Antiguo Testamento a menudo decían a la gente lo que querían oír en lugar de lo que necesitaban oír (Jer. 6:14). ¿Cómo podemos asegurarnos de buscar la verdad en lugar de solo mensajes reconfortantes?

7. ¿Cómo podemos, como hizo Hulda, aplicar la Palabra de Dios a nuestra situación actual y guiar a otros hacia la verdad?

8. Elena de White inicialmente resistió su llamado, al igual que Moisés y Jeremías. ¿Alguna vez has sentido que Dios te guía hacia algo fuera de tu zona de confort? ¿Cómo respondiste? 9. Elena de White se refería a sí misma como una mensajera más que como una profetisa, centrándose en transmitir los mensajes de Dios en lugar de reclamar un título para sí misma. ¿De qué maneras era ella una mensajera? ¿Qué podemos aprender de su actitud de humildad en el ministerio?

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