Sábado, Octubre 10
Profetas Del Antiguo Testamento
Lee para el estudio de esta semana
Santiago 5:17-18; 1 Reyes 19:1-16; 22:1-14; Éxodo 15:20; 2 Reyes 22:11-14; Jeremías 14:1-15.
Para memorizar
«Josafat se puso en pie y dijo: “Óiganme, Judá y habitantes de Jerusalén: crean al Señor su Dios y estarán seguros; crean a sus profetas y serán prosperados”» (2 Crón. 20:20).
El Sistema de Posicionamiento Global (GPS, por sus siglas en inglés) ayuda a los viajeros a saber dónde están, hacia dónde se dirigen, e incluso les advierte de los peligros durante el recorrido. Los viajeros espirituales que se dirigen al cielo también necesitan orientación de un «GPS» celestial para el presente y para el futuro. Una forma en que Dios orientó a su pueblo fue el ministerio de los profetas del Antiguo Testamento. En sus narraciones, consejos, profecías, poesía y expresiones de alabanza descubrimos mucho acerca de las docenas de profetas que presentaron los mensajes de Dios al pueblo.
La lección de esta semana explora las descripciones de los profetas mencionados en el Antiguo Testamento, descripciones que nos ayudan a comprender el don profético y cómo se manifestó en algunos de estos siervos de Dios.
Como veremos, eran personas como nosotros, seres humanos frágiles que sentían temor, ira y desánimo. La vida no era fácil para ellos, sino que estaba, como la nuestra, repleta de desafíos y dificultades.
En vista de ello, ¿qué podemos aprender al observar a algunos de estos siervos de Dios especialmente llamados al ministerio profético?
Estudia esta semana la lección para prepararte para el sábado, 17 de octubre.
Domingo, Octubre 11
La Humanidad De Los Profetas
Como vimos la semana pasada, el Señor utilizó al profeta Elías para realizar una grandiosa obra en Israel a pesar de la feroz oposición que debió enfrentar. Lo que el Señor había logrado por medio de él era increíble. Sin embargo, lo que sucedió después es difícil de creer.
Reflexiona acerca de cómo presenta Santiago al profeta Elías en Santiago 5:17-18. ¿Qué quiso decir al afirmar que Elías «era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras»?
Elías tuvo un éxito notable en el monte Carmelo (1 Rey. 18), donde Dios obró de manera poderosa por medio de él y ocurrió uno de los milagros más asombrosos de la historia del Antiguo Testamento: en respuesta al clamor de Elías, ¡el fuego descendió del cielo! (1 Rey. 18:38). Se podría pensar que este hombre de Dios se sintió sumamente feliz después de algo así.
Lee 1 Reyes 19:1-16. ¿Qué dice el texto acerca del estado emocional del profeta de Dios?
«Basta ya, Señor, quita mi vida, que no soy mejor que mis padres» (1 Rey. 19:4). ¿Cómo se explica ese aparente episodio de depresión? Lo que ocurrió en el monte Carmelo sería difícil de superar.
Quizá la clave del estado de ánimo de Elías se encuentre en sus palabras: «Sentí un vivo celo por el Señor Dios Todopoderoso, porque los israelitas han dejado tu pacto, han derribado tus altares y han matado a tus profetas. Solo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida» (1 Rey. 19:10). Sus palabras parecen un lamento por lo que percibía como el fracaso en su ministerio. Es decir, la apostasía seguía presente a pesar de sus mejores esfuerzos. Sea lo que fuere que le estaba ocurriendo, resulta evidente la humanidad y fragilidad de este hombre de Dios. En otras palabras, Elías era un hombre que tenía una naturaleza como la nuestra (Sant. 5:17).
¿Por qué sentimos a veces que hemos fracasado en la vida o que nuestros esfuerzos han sido en vano? ¿Qué promesas bíblicas pueden ayudarnos a superar el desánimo?
Lunes, Octubre 12
Identificando a Los Verdaderos Profetas
Hubo falsos profetas en la etapa temprana de la historia de Israel (Deut. 18:20), pero Dios no dejó a su pueblo sin orientación acerca de quiénes eran sus verdaderos profetas.
Como receptores de la revelación y la inspiración de Dios, los verdaderos profetas transmitían fiel, precisa y honestamente los mensajes divinos, aunque a veces eso los hiciera impopulares entre los poderosos.
Lee 1 Reyes 22:1-14. ¿Qué nos dice esto acerca de cómo actúan los profetas fieles?
Que un rey diga de un profeta: «Lo aborrezco, porque nunca me profetiza el bien sino solo el mal» (1 Rey. 22:8) dice mucho de ese monarca, pero más aún del profeta, quien obviamente no temía decir la verdad, ni siquiera al propio rey, lo cual no era la mejor manera de obtener el favor real.
Micaías se enfrentó solo a cuatrocientos falsos profetas al presentar la verdad que se le había revelado. Pese a la presión para que alterara los mensajes negativos del Señor a fin de apaciguar así al malvado rey Acab y a su impía esposa Jezabel (1 Rey. 22:13-14), Micaías presentó la verdad de Dios sin importarle cómo fuera recibida.
Lee 1 Samuel 9:3-14. ¿Qué nos dicen estos versículos acerca de cómo veían los demás a los profetas fieles de Dios?
La Biblia registra numerosos ejemplos del elevado concepto que las personas en general tenían de los profetas. En este caso, Saúl fue enviado por su padre, Cis, a buscar sus asnos perdidos. El siervo que viajaba con Saúl le sugirió que no abandonara la búsqueda, porque «en esta ciudad hay un hombre de Dios que es varón insigne» (1 Sam. 9:6). La descripción que se hace aquí del profeta Samuel refleja las cualidades que se esperan de los profetas de Dios. Los verdaderos profetas bíblicos eran reconocidos como «hombres de Dios», elegidos en parte para ejemplificar el carácter divino. Al mismo tiempo, el hecho de que algunos de los «hombres de Dios» fueran profetas no los convertía en seres humanos perfectos.
¿Has conocido algún verdadero «hombre de Dios» que sea perfecto?
Martes, Octubre 13
Funciones De Los Profetas
Lee 1 Samuel 8:4-22 y Levítico 8:10-13. ¿Cómo actuaban los profetas en relación con los reyes y los sacerdotes?
Los profetas interactuaban con los reyes tanto en situaciones agradables como desagradables. Cuando Israel exigió un monarca (1 Sam. 8:4-22), dijeron que querían «un rey que nos gobierne, como todas las naciones» (1 Sam. 8:5).
¡Cuán triste y poderoso ejemplo del peligro al que se ha enfrentado el pueblo de Dios en todas las épocas: el deseo de ser como quienes los rodean! En este caso, no tenían idea de lo que esta petición acarrearía, a pesar de que Dios les había advertido de ello (1 Sam. 8:11-18) por medio de su profeta. Basándose en esos deseos, y a pesar de su advertencia, Samuel pronto ungió a Saúl, el primer rey de Israel.
Los dos libros de Reyes y de Crónicas registran el tipo y la calidad del gobierno de los reyes de Israel y Judá. La historia sagrada muestra que los reyes que hicieron el mal superaron en número a los que hicieron el bien a los ojos de Dios. Una de las funciones principales de los profetas era ayudar a los reyes infieles a retornar a la obediencia de la ley de Dios. Como resultado, esos voceros del Señor se enfrentaron a amenazas, y algunos incluso fueron heridos y asesinados por reyes que alejaron de Dios a su pueblo (1 Rey. 18:4-19; 2 Crón. 24:20-22).
Los profetas también interactuaban con los sacerdotes. Moisés, profeta de Dios, ungió a Aarón y a sus hijos, los primeros sacerdotes israelitas (Lev. 8:10-13). Hubo ocasiones en que los sacerdotes recibieron palabras de reprensión de Dios por medio de los profetas (Ose. 6:9; Mal. 2:1-3). Un ejemplo llamativo de esto es toda la familia de Elí, que fue confrontada por sus prácticas corruptas (1 Sam. 2:27-36). Estas fueron reprimendas muy severas contra la corrupción rampante de quienes gozaban de privilegios especiales.
Además, los profetas eran maestros del pueblo (2 Crón. 34). Como tales, presentaban mensajes de Dios a los sacerdotes, a los reyes y a la nación (Jer. 5:31; Eze. 22:26). Los profetas también comunicaban a las naciones vecinas el plan de Dios para ellas, un tema que se repite varias veces en los mensajes proféticos del Antiguo Testamento (Isa. 60:1-3; 62:1-2). Se esperaba que los profetas no solo comunicaran fielmente los mensajes que Dios les confiaba, sino que a veces debían ponerlos por escrito y conservarlos (2 Crón. 13:22). Como se dijo anteriormente, por muy humanos e imperfectos que fueran, eran hombres y mujeres de oración, fieles a la Palabra, y servidores de Dios y de su pueblo (Jer. 42:4; 2 Rey. 22:15-17).
Miércoles, Octubre 14
Mujeres Profetas
Lee Éxodo 15:20; Jueces 4:4; 2 Reyes 22:14; y Nehemías 6:14. ¿Qué enseñan estos textos acerca del papel profético?
Hay abundante evidencia en las Escrituras de que Dios llamó a mujeres para que sirvieran como profetas (ver el uso de la palabra hebrea nevi’ah en Éxo. 15:20 y de la palabra griega profētis en Luc. 2:36). En Miqueas 6:4, María aparece junto a Moisés y Aarón como enviados por Dios al pueblo. María es presentada como una profetisa que entonó un canto de victoria cuando los israelitas cruzaron el Mar Rojo (Éxo. 15:20-21). Sin embargo, esta profetisa, al igual que sus colegas masculinos, no estaba exenta de culpa, como revela su vergonzosa actitud hacia Moisés y su esposa madianita, de tez más oscura, acciones por las que la profetisa fue debidamente disciplinada (ver Núm. 12:1-10).
Podemos ver la obra de otra profetisa en la historia de Débora, quien actuó como jueza en Israel (Juec. 4:1-4).
De hecho, hay pruebas claras de que Débora (Juec. 4:4) recibió una revelación de Dios (Juec. 4:4-9, 14-22). Su canto de victoria (Juec. 5:2-31) es un reconocimiento de la intervención de Dios y tuvo un profundo significado teológico para la nación en ese momento de la historia.
Lee 2 Reyes 22:11-14. ¿Por qué los hombres del rey Josías fueron a ver a Hulda? ¿Qué nos dice esto acerca de la importante función que cumplía en la nación?
Los principales consejeros del rey Josías consultaron a Hulda «la profetisa» (2 Rey. 22:14; 2 Crón. 34:22) después de leer al rey las palabras del «libro de la ley» (2 Rey. 22:8) (que se cree que es Deuteronomio), quien, en respuesta, «rasgó su vestido» (2 Rey. 22:11).
Obviamente, se trataba de un asunto muy importante, y el rey lo tomó como tal, por lo que sus hombres acudieron directamente a Hulda. Ella había recibido un mensaje de Dios acerca del inminente juicio de Judá. Las reformas de Josías fueron el resultado de los mensajes proféticos de Hulda y evitaron que el juicio de Dios fuera ejecutado sobre su pueblo.
Aunque llamados por Dios, los profetas y las profetisas también eran pecadores que necesitaban la gracia divina. ¿Qué esperanza puedes obtener de sus historias?
Jueves, Octubre 15
Falsos Profetas
Satanás falsifica todo lo que Dios hace. Eso incluye el ministerio profético. Israel tuvo ante sí a profetas verdaderos y falsos. La clave era saber distinguir entre unos y otros.
Lee Jeremías 14:1-15. ¿Qué sucedía según este texto y cómo consideraba el Señor a quienes hablaban en su nombre como «profetas» sin serlo?
En Jeremías 14, Dios encomendó a Jeremías un mensaje de juicio para Judá; es decir, una medida disciplinaria que se concretaría en forma de espada (guerra), hambruna y pestilencia. Los falsos profetas de la época contradecían el mensaje de Jeremías, quien los describe en términos muy claros: «Entonces el Señor me dijo: “Los profetas profetizan mentiras en mi nombre. No los envié, ni los mandé, ni les hablé. De su corazón les profetizan visión mentirosa, adivinación, vanidad y engaño”» (Jer. 14:14).
Los falsos profetas eran corruptos porque la fuente de sus afirmaciones proféticas eran a menudo los falsos «dioses» a los que adoraban (Jer. 23:13-14). Dios advierte: «No los envié, ni los mandé, ni les hablé» (Jer. 14:14). Son «profetas que profetizan mentira, que profetizan el engaño de su corazón» (Jer. 23:26). Ezequiel recibió la orden de profetizar contra «los profetas […] que profetizan lo que hay en sus propios corazones» (Eze. 13:2, RVA-2015). Los falsos profetas suelen seguir las opiniones populares. Este fue el caso en 1 Reyes 22, cuando un grupo de cuatrocientos «profetas» se reunió por orden del rey Acab (1 Rey. 22:6) y le aconsejaron al unísono que luchara contra Ramot de Galaad. Acab consultó con Josafat, rey de Judá, después de escuchar ese consejo de los profetas de Asera. Josafat instó a Acab a consultar al profeta Micaías para saber si debían ir a la batalla o no. «Entonces el mensajero que había ido a llamar a Micaías le habló, diciendo: “Las palabras de los profetas a una anuncian el bien al rey. Sea ahora tu palabra como la de ellos y anuncia el bien”» (1 Rey. 22:13).
La presión que Micaías experimentó para que mintiera fue probablemente la misma que sintieron los falsos profetas de Asera, pero el hombre de Dios no acompañó la opinión popular, sino que esperó que Dios lo instruyera acerca de qué debía decir (1 Rey. 22:14).
Tanto en el caso de los profetas como en el de las personas en general, siempre es fácil concordar con lo que es popular. En vista de cuán corrupta puede ser la cultura, ¿por qué no es sabio proceder de esa manera?
Viernes, Octubre 16
Imperfectos Pero Dispuestos
Como hemos visto, la experiencia de los profetas del Antiguo Testamento demuestra que nunca ha sido fácil ser un mensajero de Dios. Elena de White experimentó las mismas inquietudes que los profetas bíblicos. Como aprendimos el viernes pasado, era joven, tímida y no gozaba de buena salud cuando recibió el llamado de Dios. Aunque una segunda visión confirmó su llamado, Elena seguía preocupada por el llamado de Dios y escribió lo siguiente: «Aproximadamente una semana después, el Señor me concedió otra visión en la que me mostró las pruebas por las que debía pasar; que debía ir y contar a otros lo que él me había revelado; que encontraría gran oposición y sufriría angustia espiritual. […]
»Esta visión me turbó enormemente. Mi salud era muy delicada y solo tenía diecisiete años. […] Oré fervientemente para que esa carga recayera sobre otra persona. Pero la respuesta que obtuve fue: “Da a conocer a los demás lo que te he revelado”. No estaba dispuesta a ir al mundo. Por naturaleza, tenía poca confianza en mí misma. […] Deseé morir. La muerte me parecía preferible a las responsabilidades que tendría que asumir» (Spiritual Gifts, t. 2, pp. 35-36).
La joven Elena habría preferido morir antes que aceptar su misión como vocera de Dios. Tras mucha oración y ánimo de sus compañeros creyentes, accedió y dedicó el resto de su vida a obedecer «los mandatos de Dios» (Elena de White, Spiritual Gifts, t. 2, p. 38).
Como resultado de ello, llegaría a ser la voz más influyente de la futura Iglesia Adventista del Séptimo Día y para esta. Sin embargo, Elena era humana y tenía sus propios defectos, problemas de salud, desafíos familiares y conflictos interpersonales. Sin embargo, y a pesar de su humanidad, la gran lección que su caso nos enseña es que Dios elige a personas imperfectas dispuestas a servir.
Bajo la guía del Espíritu Santo, el ministerio profético de Elena de White animaría a los creyentes y los conectaría con las verdades bíblicas. En 1860, ella había desempeñado un papel destacado en el desarrollo de la entonces incipiente confesión adventista del séptimo día y su misión de proclamar los mensajes de los tres ángeles al mundo. Dios orientó a estos creyentes para organizar la Iglesia Adventista del Séptimo Día en 1863. En décadas posteriores, la voz profética de Elena de White fue determinante en el establecimiento de los sistemas adventistas de salud y educación a nivel mundial. Sin embargo, la contribución más importante de su ministerio son las aproximadamente cien mil páginas de sus escritos inspirados, que continúan comunicando la instrucción divina en todo el mundo.
Para conocer más acerca de este tema, lee Elena de White, Mensajes selectos, t. 3, pp. 46-54; y Jiří Moskala, «La voz profética en el Antiguo Testamento», en El don de profecía en las Escrituras y en la historia, ed. por Dwain N. Esmond y Alberto R. Timm (Miami, FL: APIA, 2016), pp. 1-42.




