Lección 3 Edición Maestros. 3er Trimestre – Unidad en Cristo – Sábado 18 de Julio 2026

EL SÁBADO ENSEÑARÉ…

RESEÑA 

Texto clave: 1 Corintios 1:10.

Enfoque del estudio: 1 Corintios 1:10-17; 3:18-23; Filipenses 2:1-8.

 

Introducción 

En un pequeño pueblo, un grupo de voluntarios se reunió para reconstruir un centro comunitario tras una tormenta. Los cimientos eran sólidos y los materiales eran buenos. Tenían todo lo necesario: ladrillos, mezcla y herramientas.

Pero cuando comenzaron las obras, surgieron desacuerdos. Un equipo insistía: «Los ladrillos deben ser apilados así». Otro equipo argumentaba: «¡No, siempre lo hemos hecho de esta otra manera!». Algunos trabajadores se negaron a seguir las instrucciones de los demás: «Solo seguimos las órdenes de nuestro jefe de equipo». Algunos incluso abandonaron la obra diciendo: «Si ese grupo participa, no queremos formar parte del proyecto».

Al final del día, lo que debería haber sido un muro sólido era un desastre: algunos ladrillos estaban desnivelados, otros faltaban y toda la estructura era inestable. Un ligero empujón podría haberlo derribado. Un viejo albañil pasó por allí, sacudió la cabeza y dijo: «Un ladrillo es apenas una piedra, pero los ladrillos juntos, unidos con cemento y colocados en el lugar correcto, son un muro firme».

Al igual que esos ladrillos, la iglesia de Corinto —y la de hoy— solo puede mantenerse firme cuando está unida en Cristo, el fundamento. La división debilita el cuerpo, pero cuando dejamos de lado el orgullo y seguimos el modelo de servicio de Cristo, nos convertimos en algo inquebrantable.

 

Temas de la lección 

Una de las mayores amenazas para la unidad de la iglesia primitiva no era la persecución, sino el orgullo.

Los pasajes de esta semana se refieren a dos temas relacionados con esta cuestión que pueden resumirse de la siguiente manera:

El peligro del culto a la personalidad. En 1 Corintios, Pablo se refiere a las divisiones existentes entre los creyentes como resultado de su lealtad a diferentes líderes: Pablo, Apolos y Cefas. Estas facciones convirtieron el liderazgo en una fuente de división que distrajo a la iglesia de su verdadero fundamento: Cristo.
El poder del servicio cristiano. Por el contrario, Filipenses 2:1-8 ofrece el antídoto: la humildad cristiana. Pablo exhorta a los creyentes a dejar de lado la ambición egoísta y a no procurar satisfacer sus propios intereses, sino los de los demás. Señala a Jesús, quien, aunque era igual al Padre, asumió la condición de un siervo, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte. Ese es el verdadero modelo de unidad: el amor abnegado.

En conjunto, estos pasajes llaman a la iglesia a rechazar el orgullo y las luchas por el poder, y a procurar la unidad mediante la humildad, siguiendo el ejemplo de Cristo.

 

COMENTARIO 

Trasfondo 

La esclavitud era una realidad desafortunada en el mundo del Nuevo Testamento. La terminología griega utilizada en este no distingue claramente entre «sirviente» (por ejemplo, un empleado que realiza tareas específicas bajo las órdenes de un superior y recibe una remuneración por ello) y «esclavo». En tal sentido, la traducción correcta del término griego doulos podría ser «sirviente» o «esclavo» según el contexto. Los historiadores estiman que hasta doce millones de personas fueron esclavizadas en el Imperio Romano durante el siglo I d. C.; es decir, entre el 16 % y el 20 % de la población total de al menos sesenta millones.

Los esclavos solían ser miembros valiosos de las familias importantes y a veces ocupaban puestos de responsabilidad en el hogar. A diferencia de la esclavitud en el Nuevo Mundo, ni el color de la piel ni el origen étnico o racial indicaban la condición de esclavo en el Imperio Romano. La ley romana regulaba cuidadosamente el trato a los esclavos, y muchos de ellos podían esperar que sus propietarios los liberaran después de cierto tiempo. No obstante, la esclavitud no era una institución benévola.

 

Muchos esclavos sufrían terriblemente bajo amos crueles y padecían todo tipo de abusos.

El hecho de que varios pasajes del Nuevo Testamento utilicen terminología e imágenes asociadas con la esclavitud sugiere la importancia de esta para quienes procuran comprender el contexto cultural de ese documento: «Tres palabras clave en el vocabulario de Pablo —“redención”, “justificación” y “reconciliación”— se basan directamente en el proceso y los resultados de la manumisión de la esclavitud», señala Bartchy («Slaves and Slavery in the Roman World», en The world of the New Testament, eds. Joel B. Green y Lee Martin McDonald [Grand Rapids, MI: Baker Academic, 2013], p. 176). Esa terminología y esos conceptos ayudaban a los lectores originales del Nuevo Testamento a comprender importantes conceptos teológicos; entre ellos, el que describe la liberación del creyente de la esclavitud del pecado y del alejamiento de Dios.

 

El culto a la personalidad como amenaza para la unidad 

Las amenazas a la unidad se presentan de diversas maneras, y Pablo aborda algunas de ellas al principio de su carta. Mucho antes de la época de quienes influyen en las redes sociales, de las superestrellas del deporte, los pastores de iglesias multitudinarias, los multimillonarios o los carismáticos dirigentes mundiales, las personas ya seguían a algunos líderes espirituales de su predilección. Seguir a diferentes líderes espirituales en el contexto de una comunidad eclesiástica puede originar conflictos entre grupos antagónicos. Parece que en la iglesia de Corinto había varios grupos que apoyaban a diferentes líderes.

Primera a los Corintios 1:12 menciona a varios de ellos. Algunos se decían seguidores de Apolos, un cristiano converso del judaísmo, originario de Alejandría, «varón elocuente, poderoso en las Escrituras» (Hech. 18:24). Era un buen orador que impresionaba a su audiencia con su retórica y su entusiasmo por predicar a Jesús (Hech. 18:25). Apolos había ayudado a fundar la iglesia de Corinto mientras Pablo estaba en Éfeso (Hech. 19:1-2). Sin embargo, parece que no había oído hablar del bautismo del Espíritu (Hech. 18:25).

Otros afirmaban su lealtad a Cefas, la forma aramea del nombre Pedro. Este fue el primero de los apóstoles en ministrar a los no judíos (Hech. 10). Además, muchos parecían considerarlo el dirigente principal o figura emblemática del movimiento cristiano por su destacado liderazgo entre los apóstoles. Otros se decían seguidores de Pablo. Aunque parecían tener diferentes enfoques acerca de la misión, es interesante observar que estos líderes se esforzaban por apoyarse mutuamente y no criticaban el trabajo de los demás (ver, por ejemplo, el apoyo de Pedro a Pablo en 2 Ped. 3:15 y el respaldo de Pablo al trabajo de Apolos en 1 Cor. 3:4-7).

Sin embargo, también debemos señalar que estaban dispuestos a confrontar sus ideas si una cuestión concreta lo requería. El enfrentamiento de Pablo con Pedro acerca del importante tema de la comunión con los creyentes gentiles, de la relevancia de las leyes rituales y de la justicia por la fe (ver Gál 2:11-21) es un buen ejemplo de ello. A pesar de los fuertes lazos que unían a los líderes de la iglesia primitiva, algunos creyentes crearon divisiones en base a las enseñanzas de estos líderes.

La solución sugerida por Pablo se encuentra en 1 Corintios 3:18-23, donde él destaca el peligro de que sus lectores se engañaran a sí mismos. Se consideraban «sabios» y no comprendían que la sabiduría divina parece una locura para las mentes no convertidas. Cita dos textos del Antiguo Testamento (Job 5:13; Sal. 94:11) para reforzar su argumento, y luego se refiere a las diversas facciones. En lugar de sumarse al debate acerca de quién era más sólido teológicamente o quién tenía más influencia, Pablo destacó la necesidad de que cada miembro mantuviera a Cristo en el centro de su vida espiritual y no permitiera que ningún líder, por elocuente o bueno que fuera, ocupara el lugar que solo pertenece a Cristo. «Nadie debe sentirse orgulloso de lo que es propio de los hombres» (1 Cor. 3:21, DHH), sugiere, porque «ustedes [son] de Cristo; y Cristo, de Dios» (1 Cor. 3:23). El hecho de encontrar nuestra identidad y nuestro refugio en Cristo nos ayuda a evitar divisiones.

 

El servicio cristiano

La mayoría de nosotros no entiende adecuadamente el término «siervo» tal y como es utilizado en el Nuevo Testamento. Filipenses 2:1-8 ofrece un modelo útil de servicio en el contexto de la unidad, cuya importancia es destacada por Pablo. Las cuatro cláusulas introducidas por la partícula «si» en Filipenses 2:1 deberían entenderse «como exhortaciones basadas en la certeza (“puesto que hay”) de las realidades espirituales (2:1) que comporta la vida cristiana» (Comentario bíblico Andrews [Florida: ACES, 2024], p. 635). Pablo comparte entonces su gozosa esperanza de que los creyentes «tengan el mismo sentir, el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa» (Fil. 2:2), lo que en última instancia significa que sus lectores no busquen sus propios intereses, sino que se enfoquen en los de los demás (Fil. 2:4).

La siguiente sección utiliza el ejemplo de Jesús como modelo para la iglesia, cuyos miembros deben imitar la entrega total de Jesús en sus relaciones mutuas. Los teólogos se refieren a este texto para describir a Cristo antes de su encarnación (vers. 6-7), durante su vida terrenal (vers. 7-8) y al ser exaltado tras su resurrección (vers. 9-11). Jesús se convirtió en un doulos, un siervo o esclavo. Él «se despojó de sí mismo» (vers. 7) o «renunció a lo que era suyo» (DHH). Decidió voluntariamente no usar su poder y sus atributos divinos para ser el «siervo de Dios» y salvar este planeta rebelde. «Haya en ustedes el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús» (vers. 5) es la exhortación de Pablo para que nosotros también imitemos el amor de Jesús —a pesar de nuestra imperfección como seres humanos frágiles y pecadores— en nuestra relación con nuestra comunidad de fe.

 

APLICACIÓN A LA VIDA 

La unidad (o la falta de ella) fue un tema importante en la iglesia de Corinto y está siempre presente en el adventismo del séptimo día. Algunos de nosotros seguimos a nuestro orador favorito en las redes sociales o pasamos mucho tiempo viendo vídeos de nuestro ministerio preferido.

A menudo, nuestros conflictos tienen que ver con diferencias en nuestra comprensión de la verdad bíblica o con conflictos de personalidad entre los líderes. El mensaje de Pablo a los corintios nos recuerda que esto no es algo nuevo. El liderazgo basado en el servicio es un concepto que se escucha a menudo; sin embargo, nos cuesta aplicar sus principios a nosotros mismos y a la forma en que nos relacionamos con los demás.

1. ¿Cómo podemos evitar la trampa de la desunión resultante de las facciones dentro de la iglesia?

2. ¿Qué estrategias podemos encontrar en las Escrituras que nos ayuden a hacer de Jesús el centro de nuestra fe y de nuestra comunidad eclesiástica?

3. La raíz de muchos conflictos es nuestra diferente comprensión de la verdad bíblica. Puesto que decimos amar la verdad y estar comprometidos con ella, ¿cómo podemos relacionarnos con otras personas cuya comprensión de las Escrituras es distinta a la nuestra? ¿Qué podemos aprender de Aquel que afirmó ser «el camino, la verdad y la vida»?

4. ¿Por qué resulta tan difícil seguir el ejemplo de servicio perfecto de Cristo?

5. ¿Cuáles serían las estrategias bíblicas y los pasos prácticos para favorecer la unidad en nuestras iglesias?

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